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Carlos Marrodán

Carlos Marrodán es un referente indiscutido de nuestra música popular. Formó parte del Grupo Vocal Argentino, Los Arroyeños y Los Nombradores. Además, realizó trabajos conjuntos con Raúl Carnota y Eduardo Spinassi, entre otros.

Actualmente, se encuentra radicado definitivamente en Santiago del Estero dedicando gran parte de su tiempo a su otra pasión, la cirugía infantil, y ocupando el cargo de director del Hospital de Niños Eva Perón de dicha provincia.

Sus composiciones fueron grabadas por importantes artistas de nuestro país. Junto a algunos de ellos, editó recientemente un trabajo discográfico titulado “Salitral”.

En una entrevista realizada en su casa, en exclusiva para Argentina Folclore, Carlos hace un poco de historia, debate, opina y cuenta todo acerca de sus más recientes proyectos.

- ¿Cómo surge su vocación musical?
- Los comienzos en la música son en la casa, siempre se escuchó música de todo tipo. Era muy libre, el repertorio muy variado, no había límites. Se escuchaba mucho jazz, folclore que viene un poco de la familia de mi mamá que es gente venida del interior a la ciudad. Empecé a escuchar de todo un poco en Buenos Aires. En el folclore, los primeros pasos que di fue tocando gatos y chacareras en el piano y de ahí, de andar mucho por el interior, por el NOA que es la zona más rica en expresiones musicales; mas intensa, mas variada y llevadera.

- ¿Cuáles fueron sus primeros pasos a nivel profesional?
- Yo andaba entreverado en la peña de los Farías Gómez que se llamaba “La Tribu”, en esa época y un día me enteré que se iba Hugo García de Grupo Vocal Argentino por el año 67 y me fui al ensayo. Me abre la puerta Batalle y me dice: ¿que quieres pibe? y yo le dije “vengo a cantar en el Grupo Vocal Argentino”. Estaban probando cantores de semejante talla y aparece un tipito de 17 años diciendo que quería cantar con ellos. El Chango me hizo entrar y me probó, me decía: “vos sabés este tema”, “si”, y ¿este otro?, sí, y ¿qué voces hacés?, “todas”, ¿cómo todas? los había escuchado tanto que me sabía todas las voces de los cinco que cantaban en ese momento. Se mataba de risa porque yo era un nene y Chango utilizó su palabra más frecuente “fenómeno, vamos a tomar un café”, y allí me dijo “sos muy chico” y yo le dije “no importa, yo estoy estudiando medicina, estoy en el curso pre medico.
En ese momento el Grupo Vocal Argentino duró muy poco porque comenzaba la apertura por razones de filosofía, no se sabía que hacer, si folclore o música internacional, Batalle venía del jazz, quería hacer otro tipo de música…bueno…se desarmó. Un tiempo después apareció Eduardo Curetti, D’ Agostini y otra gente más que tenía un grupo y me dijeron si quería hacer los arreglos; se los hice, estaba muy influenciado por el Chango, si uno más o menos conoce como es la música nuestra: como armoniza, como utiliza los contrapuntos, como utiliza las onomatopeyas; no hay otro que las utilice como él para sacar una chacarera. Muchos grupos vocales trataron de hacerlo, pero no sale. Yo les muestro los dos arreglos y me dicen que le pongamos Grupo Vocal Argentino, “te doy el nombre”, dijo el Chango. Seguimos trabajando, hicimos casi veinte temas; el Chango participó en algunas cosas, arreglando algunos desarreglos míos (risas) y justo sale cuando el Chango se va de Argentina por razones políticas, como muchos de nosotros no estaban ideológicamente de acuerdo con lo que estaba pasando. En el año ´75, previo al genocidio, Piero ya había sido amenazado y el Chango decide irse porque había recibido algunos avisos y me dejó el grupo y seguimos un tiempo más, bastante largo, en ese momento era un octeto vocal.
Después el grupo sufre un período de depresión en el ´78 porque no nos dejaban cantar, nunca supimos por qué, quizás caímos dentro de un grupo de músico que no eran bienvenidos; no nos pasaban por las radios, no nos llamaban a tocar en lugares oficiales o festivales, nos cortaron todo. Además teníamos un representante fuerte que también era el de Los Chalchaleros, o sea que era un tipo que nos ponía bien y un día ese muchacho no nos pudo poner en ningún lado. Pensamos en cambiar el nombre, pero no, para nosotros era como llamarnos Einstein, eran muchos años de trabajo y era lo que nos definía, era un grupo vocal argentino y no cambiamos el nombre.
Luego surgió en el ´82 porque volvió el Chango de Europa, participó y participa esporádicamente del grupo. Él encaró “Changos y sus amigos”, donde estuvimos trabajando unos cuantos; después de ahí salió “MPA”, luego “La Manija” y el Chango sigue haciendo sus cosas utilizando su capacidad vocal, instrumental y todo. Chango es el Piazzolla del folclore argentino, siempre marca el rumbo, siempre está un poquito mas adelante.
Antes de eso yo había cantado con “Los Arroyeños”, fue una experiencia muy linda porque eran buena gente, canté un tiempo en “Los Nombradores” cuando tenía 16 años; estuvimos con ellos en Cosquín, yo tenia una cara de susto. También fue una experiencia muy linda porque eran muy buenos músicos. Pero Los Arroyeños eran amigos y era una cosa muy abierta porque son muy familieros, son gente muy cálida e interesante. Lo que pasa es que la experiencia con Chango es alucinante, el Chango es un genio, es un maestro. Y ahora les mando los arreglos por Internet o por ahí me hago una corrida a Buenos Aires y les tiro un par de arreglos. Y aquí con los changos hacemos un par de cosas, grabamos, tocamos, nos sacamos el gusto de seguir haciendo la música.

- ¿Cómo continúa la historia luego del Grupo Vocal Argentino?
- Yo compuse algunas cosas interesantes, con los que mejor trabajo es con dos tucumanos, uno es Poli Soria que para mí es el mejor poeta del NOA en este momento, después de Castilla creo que la posta la tomó él. Es brillante, descarnado, la palabra para mí es “un romántico descarnado”. Y con Rubén Cruz que es un amigo, que es un tipo muy prolífico: hace poesía, música y con él hicimos cosas lindas. Después, algunas cosas hice solo; otras con Raúl Carnota, con el que tocamos en un trío un tiempo, que sonaba muy lindo con Eduardo Spinassi. Me acuerdo que hacíamos un ciclo en La Trastienda y primero venía el Mono Villegas, que tocaba un rato y después tocábamos nosotros. Y a él le gustaba, entonces se daba el derecho de presentarnos, decía “bueno, vamos a presentar a este trío, tocan fenómeno los muchachos; está Espinardi (siempre le erraba), Marrodein baterista de raza negra” (risas); yo tocaba la percusión y a veces la guitarra. Siempre nos presentaba mal, espantoso. La pasábamos bien, en realidad, siempre la pasé bien con los músicos.
También alternando con la cirugía infantil, que es casi mi razón de vivir y ahora ya definitivamente aquí en Santiago, armando cosas con los amigos, yendo mucho al interior a cantar vidalas y escuchando cantar, aprendiendo todo eso como para darle sentido. Volviendo a empezar, pero tomando desde otro lado la cosa, no desde la música sino desde las cosas que le dan origen a esa música, porque hay cosas que uno comprende si se va a Barrancas, Salavina o Chilca Juliana. Hay que estar allí un rato y comprender por que las cosas son como son; esa comprensión llega sola, no llega por las vías por la que uno está acostumbrado, a uno le llegan las cosas por otro lado y creo que uno las interpreta mejor.

- Hablemos un poco de su estilo, sobre lo que dijo fuera de micrófono ¿para qué compone Carlos Marrodán?
- Son las vivencias de uno. Yo compongo poquito, pero en general compongo sobre cosas que he vivido. Los compositores mas altos inventan las cosas, yo simplemente interpreto lo que me pasó, puede ser el salitral, Carolina (su esposa) o algo que me pasó y nada mas. La música tiene, aunque parezca mentira, a veces al escuchar influencias de Santiago y del NOA en general, las cadencias.
Lo que pasa es que yo tengo mucho jazz metido en la cabeza desde chico y no puedo evitar eso, me voy para ese lado. Creo que uno tiene que tener la libertad de hacer lo que le parece con la única condición de querer las cosas que uno hace y querer a la gente que representa eso. Si uno lo hace con amor y con verdadero compromiso, yo creo que esta bien lo que hace. Y por más que suene mejor o más convocante, no está tan bien los que lo hacen con otros objetivos o razones: dinero, fama y mujeres. Yo tengo un montón de mujeres, Carolina me dio un montón de mujeres, con el dinero que gano me alcanza y famoso ya no voy a ser, lo que me gustaría ser es tristemente célebre (risas). Así que me dedico a componer simplemente, cuando compongo o hago música, cuando hago o arreglo, simplemente por el placer que me da poner las cosas en música. Ahora empezamos a trabajar con Raúl Dargoltz, que es un personaje del teatro de Santiago en “Ollantay”, que es una obra de teatro de Ricardo Rojas, muy antigua e interesante que plantea un conflicto con la tierra, pero ambientada en nuestro continente. Estamos empezando a trabajar en la música de la obra, es muy fuerte. Ya trabaje con Dargoltz en “Hacha y Quebracho” y fue una buena experiencia.
Lo que a mí me preocupa es la palabrita que siempre se mete en el medio de nuestra música que es la palabrita “popular”, que yo creo que es el justificativo para que mucha gente haga música fácil y si popular es sinónimo de representar, de alguna manera, con todas las dificultades que significa hacerlo seriamente, algunas de las experiencias del lugar donde vivo entonces me gusta la palabra. Pero si es buscar el éxito fácil, vender muchos discos y fama, dinero y mujeres, ya no me gusta la palabra popular porque no tiene el significado que yo le doy. Sería más fácil por ahí sacarla, decir que uno hace música, es más simple. A lo mejor sería eso, pero es un conflicto que siempre tuve porque yo digo “caramba, si yo siempre hice música popular ¿por qué la escucha tan poca gente?” (risas).

- ¿Quiénes son los músicos dentro de este marco que le gustan? ¿Cuál es su concepto de “popular”?
- Los músicos que en teoría hacen música popular y a mi me gustan, pueden ser Juan Quintero, Roberto Calvo, Raúl Carnota y otros tantos que andan por ahí. Yo te nombré estos porque dicen que son populares. Y ¿qué es lo popular? para nosotros dicen que hacen música popular porque representan a la gente que uno quiere, al pueblo. La música por encargo u objetivos materiales se divorcia del arte y termina siendo un rejunte de notas fáciles y repetidas, con una letra fácil de recordar. A eso lo mueven las palmas, generalmente mal hechas que tiene el problema de alegrar las cadencias de ritmos tan interesantes como los nuestros en los que se mezclan tantas razas y tantas visiones cosmogónicas de todas esas razas. Entonces uno no sabe si la chacarera se escribe en 2 o en 3, porque yo puedo escribir una chacarera en 2/4, en 2/8 o en 6/4 quizás como la vio el español o como la vio el indio; porque el indio vivió de día y de noche, con la vida y la muerte, el indio era binario porque veía las cosas de a dos y el español que venia de un Barroco en el cual lo natural se había empezado a modificar quizás tenia una música de tres y el indio vivió tres de dos, y si decimos tres de dos, te sale la chacarera, o la vidala, o una zamba, o un vals peruano, con las cadencias de cada lugar. Pero para mí es eso, el original de la tierra, binario por excelencia; y el complejo hombre de Europa que venia terciario por invento y resultó en estos ritmos tan raros que cuando uno los toca la gente se alucina y no sabe si escucha un binario o un terciario. Pero bueno, son pensamientos míos, no sé como llegué hasta ahí…

- ¿Qué nos puede contar acerca de su trabajo discográfico?
- Nunca grabé un disco mío y los amigos empezaron a decir que lo hagamos, me empujaron a grabar. Se grabó entre amigos, con mucho calor y entusiasmo, es una mezcla de temas míos y de gente muy importante como es el Chivo Valladares o Atahualpa Yupanqui. Tiene muy distintos colores, desde una voz con un piano hasta una composición de tipo sinfónica con coros, cuerdas, flautas y percusiones complejas. Tiene la característica de que todo el disco no tiene guitarras, no sé por que no pusimos guitarras… hay mucho piano que toca Don Pedro Barbieri, que es un brillante músico santiagueño; el bajo lo toca Daniel Sorroche y la percusión Marcelo Fernández. También participó Rodrigo Crámaro tocando el violín, estuvimos todos cantando unos coros fantasmagóricos espantosos pero fue muy lindo; y se acoplaron amigos que ya tienen su camino hecho y sus méritos como Liliana Herrero, que cantó un pedazo de “Salitral”; Raúl Carnota que cantó “Por seguir”; Rubén Cruz que cantó conmigo; el “Cabezón” Paz que es una institución santiagueña, que cantó una vidala histórica de los Hermanos Agüero. Todos compartieron este trabajo, Juan y Ramón Antuz fueron los que le dieron forma definitiva a la cosa y un color profesional.
¿Quien va a distribuir esto? quien sabe… ¿y a quien le va a interesar? no sabemos…al que le interese lo va a disfrutar y al que no, no le va a dar bola. Ojala alguien nos ayude a distribuir los diez discos que pensamos vender (risas). No fue hecho pensando que va a ser disco de oro o de platino, fue hecho porque era una necesidad de expresarse y de quienes participaron de compartir, todos quisieron compartir la necesidad de expresarme que yo tenía y documentar las cosas como uno las ve. Yo creo que hay que tener el coraje de mostrar las cosas como uno las ve y no como otros quieren que las vea.

- Carlos Marrodán y la chacarera.
- Yo a la chacarera la amo realmente, es un invento increíble del santiagueño. Pero yo la hago como la veo yo, no como la ven Los Manseros; me encantan Los Manseros, pero me parece que la chacarera como la ven Los Manseros la tienen que hacer Los Manseros; porque si yo hago una chacarera como Los Manseros, mejor que la hagan ellos. Y no es por diferenciar, es simplemente porque soy diferente, todos somos diferentes. A lo mejor Onofre Paz y yo la vemos iguales a la chacarera, pero Paz la hace de una forma y yo de otra. El cariño, el compromiso, la comprensión del que canta y hace la chacarera puede ser la misma, la expresión no. Yo la expreso a la chacarera como la siento, como la veo y yo la veo así. A lo mejor, yo soy un idiota o un astigmático. Bueno, serán chacareras astigmáticas, lo que yo creo es que no hay que encorsetar nada, porque lo que no evoluciona se muere; mirá lo que les pasó a los dinosaurios por no evolucionar…entonces, para evitar que la chacarera sea un mamut hay que dejarla libre, que retoce, que ande, quererla mucho, hacer las cosas por la chacarera no por lo que la chacarera te puede dar. Mirá Peteco Carabajal, la deja ir a la chacarera, la hace fenomenal y a todos nos gusta; sin embargo, es muy personal su visión y a lo mejor gracias a Peteco la chacarera no se va a morir y quizás gracias a unos que metieron un corsé e hicieron que las cosas sigan repitiéndose igual, algunas cosas se murieron, no sé, quizás. No soy filósofo pero me parece que por ahí va la cosa, querer mucho lo que se hace y dejarlo libre, como a los hijos.

Mono Izarrualde

El Mono Izarrualde es uno de los músicos referentes en nuestro país. Con una amplia trayectoria, fue parte fundamental de numerosos proyectos y recorrió gran parte del mundo llevando su talento.
Nos encontramos con él en un lugar mítico de Capital Federal, el Bar Tuñón. Allí compartimos una extensa y profunda charla, en la que además de relatarnos las experiencias acumuladas a lo largo de estos años, el Mono se mostró reflexivo en lo que respecta a la actualidad de la música de nuestro país.

- ¿Qué momento vive el Mono Izarrualde?
- El Mono está viviendo un momento muy feliz, soy papá de dos criaturas, una ya crecida de 23, un tipo hermoso, músico, baterista, Gerónimo Izarrualde y una mujer de 4 años, Azul Morena, eso es parte de la felicidad de mi vida que tiene que ver también con la música porque ellos nacieron siempre en medio de toda esta cosa musical que uno hace.
Entonces eso me está sucediendo ahora, es lo que me está pasando musicalmente ahora y por ende en la vida soy muy feliz porque estoy haciendo algo que me gusta, que me encanta. Yo soy una persona que guardo mucho mis amores, los protejo, no significa que esté todo el tiempo con ellos, pero los llevo en mi corazón, en el espíritu, porque tiene que haber una forma en la que uno pueda convivir con eso. Yo vivo con esos fantasmas hermosos que todo el tiempo te están jodiendo, como el ekeko. Son todos estos ekekos que uno lleva encima de toda esta vida de músico.
Yo ya tengo 53 años y hace muchos años que estoy con la música, entonces tengo muchos compañeros que me están rondando todo el tiempo, eso hace a mi alegría y eso hace al humor. Yo soy una persona de humor, me gusta ser optimista, soy optimista por naturaleza y además hago para ser optimista porque “¡soy músico!” y no tengo otra posibilidad, si fuera banquero tendría que estar sentado en algún sillón jerárquico o contando dinero y no me veo en esa historia, yo me veo creando constantemente. Yo no soy un compositor pero soy un creativo con mis compañeros, por eso siempre trabajo en grupo, no soy solista. Siempre me han querido tratar como solista: “El Mono Izarrualde y tal, El Mono Izarrualde y tal” y yo siempre me he negado a eso porque creo que uno crece más en conjunto, en grupo; el día que la sociedad entienda un poco eso, un poco más de lo que lo entendemos nos vamos a dar cuenta que así crecemos enormemente, lo que nos cuesta treinta años los hacemos en dos. Pero bueno, es una cuestión del ser humano. Yo estoy acostumbrado a trabajar en un grupo y eso significa la familia, los amigos músicos y no músicos pero que aman la música, esos son unos grandes escuchas, por ahí no tocan ni dos notas y no saben absolutamente nada pero si dicen “che, estas equivocado, ¿que te pasó?” pero tienen la oreja atenta, eso tiene que ver con el amor. Así que mi momento es muy lindo.

- ¿Y en lo musical?
- En lo musical llevando adelante un proyecto muy bonito que tiene que ver con Cuarto elemento. Me encontré en un día determinado, la vida me puso con unos nuevos compañeros en la ruta, uno de ellos es Matías Gonzáles, un tremendo bajista argentino que tocaba conmigo en “Alfombra Mágica”, con el que hemos compartido muchas cosas. El otro es Horacio López, músico de Dino Saluzzi y un hijo de santiagueños que es Néstor Gómez. Los diálogos musicales, esas cosas que cuando vos te sentás, te ponés a charlar y es como que te conoces de toda la vida, esas cosas se dan y cuando ello ocurre es lo más lindo que te puede pasar, no hay nada más lindo, porque tiene que ver con el amor, es ese amor puro, pasional, que no tiene límites, que no sabés para donde va, no tenés ni idea. Y es fuego todo el tiempo.

- Me gustaría que hagamos un repaso de tu carrera, empezando por Rubén Rualde.
(Risas) - La única parte de mi vida solista fue la de Rubén Rualde. Yo empecé a cantar siendo muy chico, siempre me gustó cantar por supuesto. Arranqué como a los 6 o 7 años, mi madre cantaba tango y yo también desde chiquito, afinaba y ahí arranqué. Fui cantor de una orquesta típica siendo muy chiquito y tenía un trío de guitarras, me divertía mucho y tengo mi padrino musical el pianista de la orquesta y Ramón el contrabajista que fueron mis dos ekekos, cariñosamente. El Cuchi Leguizamón es mi otro ekeko, estoy haciendo una cosa y lo veo al Cuchi haciéndome un chiste (risas).
Después de esa parte solista yo estudié en el Conservatorio porque quería saber que era lo que decían las partituras, yo ya leía los libros, las letras de las canciones pero no sabía que decían y que era la música, entonces me puse a estudiar para comprender de que se trataba. Cuando empiezo a estudiar música comienzo a descubrir la otra faceta que tiene que ver con lo instrumental, yo elegí un instrumento solista que tiene que ver con el principio de Rubén Rualde y después el Mono flautista. Elegí un instrumento para los locos, que tenía que estudiar muchas horas por día y solo. Después compartí cuando se hace la orquesta de cámara pero estudié solo, absolutamente; horas, horas y horas en soledad con el instrumento y ahí el celo de mis mujeres porque no me separé nunca, ni me voy a separar, todo esto lo digo cariñosamente, no para que la mujer se sienta despechada. Pero es la verdad lo que digo, es la compañera de mi vida, cuando yo me fui a Europa, siempre…Estamos haciendo una nota y yo tengo el instrumento en la mochila. Entonces eso significó después que yo integrara varios grupos; el primero, allá por el ´62 o ´63 armé un grupo con unos amigos que se llamó “Transición” justamente porque nosotros estábamos en transición: por las edades, yo tenía 12 años, unos mayores otros menores, pero además el país, el mundo y la música estaban en transición en ese momento; nos llegaba la música en inglés, el rock, el jazz y nosotros teníamos el tango, el folclor, la música afro antillana, la música cubana, brasileña de este lado, pero nosotros el rock lo cantábamos mucho en inglés, inclusive las baladas o el folk. Con este grupo empezamos hacer canciones en castellano que ya se hacían acá. Después un segundo grupo fue “Sol de Papel” que fue como una mirada bastante “Naif” de la cuestión, era la época de los hippies y eran todos los colores pasteles, muy de arco iris, muy linda y hasta un poco frágil; fue porque nos sentíamos un poco de ese modo, hacíamos música gringa traída un poco más para acá, ya hacíamos canciones pero tenía mas que ver un poco con el folk, con el soul, ni siquiera nos habíamos metido con el blues.

- ¿Cuál fue tu primer contacto con nuestra música?
- Yo hago práctica de orquesta a los dieciseis en el Teatro Argentino, en la orquesta sinfónica de la provincia de Buenos Aires ya ahí empecé a tomar contacto con la música popular, por un lado lo más estrictamente clásico pero a su vez recuerdo que fue Mercedes Sosa a dar aquel famoso concierto de “Mujeres Argentinas” que fue un disco excepcional, con música de Ariel Ramírez, con la voz maravillosa de la negra que fue increíble lo que hizo con ese disco. Yo me acuerdo de Rosarito Vera que era una canción bellísima. A mi me tocó ser flautista de eso y fue el primer acercamiento serio que tuve con la música popular, a la música nuestra, criolla, folklórica, étnica. Ahi me empezó a picar el bichito por lo nuestro, no lo puedo explicar bien porque yo estudiaba 12 o 14 horas por día métodos de flauta y música clásica, era otra cosa. Pero empecé a entender un poco mas a Bach con los cuatrillos y después esto en la chacarera…empecé a jugar con eso. A los 17 años empecé a trabajar en Buenos Aires en los cabarets con los músicos de acá, porque los de allá me echaban, me decían “Andá a vivir a Buenos Aires” y empecé a conocer músicos, yo era un neófito total porque yo era un músico escolástico y que improvisaba un poco porque con los grupos de folk iba de oído. Después tuve la suerte de conocer a Hugo Díaz, en el cabarute donde yo tocaba, despuçes que terminaba toda la ronda aparecía ahi, aparecía Carlos Carabajal, toda la banda. Entonces yo escuchaba lo que ellos hacían y me metía donde podía, pero mas que nada escuchaba porque yo quería aprender eso que me parecía fascinante. Me llama un día Rodolfo Mederos para integrar el quinteto de él y después me vino un llamado de Piazzolla para hacer un viaje a Europa, a Francia. Yo estaba complicado porque tenía muchos horarios ocupados, yo era el “Mono Tremendo” (risas) como dice Spinetta, y no llegaba; entonces el viejo un día me dijo “bueno, usted toca muy bien pero a mi no me sirve”. Pero se ve que tenía que ser de alguna manera, me llama Julio Pardo, un amigo flautista que ahora vive en Francia y me dice “Mirá, yo me voy a Europa, te llamo porque yo estoy en Anacrusa y te quiero dejar de cambio”, yo le digo “no, vos tocás clarinete, clarón, yo soy flautista, nada más” y me dijo que no quería dejar a otra persona que no sea. Él me propuso como flautista pero yo tenía que dar un examen y ahí hice el contacto con la música latinoamericana, ese fue mi primer contacto directo. Ojo, no hacer la chacarera como yo la siento ahora, nada que ver, eran músicos más clásicos. Ese fue el contacto donde yo realmente comencé a aprender y ayudado por Susana Lagos, una cantante excepcional, de las mejores con las que yo he trabajado, ella había sido compañera de Leda Valladares y tenía una forma de expresión muy particular, parecido a lo que sería ahora Liliana Herrero, pero atrás en el tiempo. Una voz espectacular y una forma de decir, entonces yo iba siguiéndola mientras ella iba cantando y cuando me tocaba el solo. Una de mis discusiones con Castiñeira de Dios fue siempre que él escribía los solos y yo no le respetaba eso, el tipo se encabronaba al principio, despues no porque entendía que yo era así. Era bastante rebelde y lo sigo siendo, sino estaría acompañando a cantantes famosos. Entonces de algún modo con la música lo sigo siendo, me gusta hacer lo que me gusta, no lo que quieren que yo haga. Lo que me gusta hacer me gusta hacerlo bien y no así nomás, ponerme una pilchita y salir y hacer un par de pasitos. La música es una cosa muy seria, hay que tomarla bien.
Ese fue el siguiente paso con la música popular. Despues yo me fui a Europa, también toqué con Agustín Pereyra Lucena haciendo música brasilera, hicimos un disco que fue espectacular. Estuve en Europa con los chicos unos meses, me quedé y formé con unos brasileros un proyecto que se llamaba “Memoria en la aguas”, que era una cosa muy bonita: nueve percusionistas, vocales, yo flautista y una cantante francesa; una cosa espectacular.

- ¿Cómo comienza tu relación musical con el Chango Farías Gómez?
- Regreso a Buenos Aires en el año ´81 y el Chango había llegado a finales de los ´80. Nos encontramos un día que fuimos los dos a verlo al Negro Rada, yo empecé a trabajar con Piero lo que fue “Piero con Prema” y mientras que yo hacia eso, empezamos a juntarnos con el Cjango para hacer la MPA. Nació como el Chango, Verónica y yo, esa fue la primera juntada. Empezamos los tres a probar cosas y ya sonaba. Un día el Chango me dijo que lo había invitado a Peteco y Peteco vino con Jacinto. No nos separamos más, esa historia fue así hasta que la vida nos separó, las cosas hicieron su trabajo y algunos seres humanos, yo creo en esas cosas, que los hay los hay. Es así y yo lo aprendí con la vida. El que nace en una ciudad como yo, en principio no cree en esas cosas, pero cuando te empezás a juntar con gente del interior como dicen, que para mi es el centro de la cosa (risas), para mí es el pulmón, el corazón de la historia y no todo pasa por Buenos Aires, entonces el porteño se empieza a dar cuenta de esas cosas y que el ekeko existe, porque sino no te enterás nunca, nunca lo ves. Y es un error porque como que es el principio de la cosa.

- Además realizaste un trabajo con el Cuchi Leguizamón.
- Sí, en el ´83 u ´84, el Chango me llama para hacer “El memorial de los cielos” con el Cuchi Leguizamón, imaginate lo que fue para mí tocar con el Cuchi, poder conocerlo, compartir. Yo ya venía compartiendo con el Chango que era una cosa fantástica y lo que nombraba antes, con Hugo Díaz. Todo lo que yo hago con la flauta tiene que ver con el getón (Díaz), ponelo como quieras: que se lo copié, lo afané, me lo tragué, ponele el mote que quieras, pero tiene que ver con eso.
Lo loco del trabajo con el Cuchi es que no se lo grabó, vos viste que acá los productores…que disparate…y graban cada estupidez che…Hoy en día no se puede creer. Me apena porque nuestra memoria colectiva queda truncada, vos decís “¿cómo?”; hay cosas que no es que la tienen que saber mil personas, las tiene que saber el país. Mas allá de que algún pescado pagaría una fortuna por tener la torta esa, yo digo la cosa de la gente. Nosotros seguimos mostrando cosas del Cuchi y la gente se sigue sorprendiendo, si eso se hubiese dado a conocer antes, nos sorprenderíamos desde otro ángulo, no como que es la primera vez que lo estamos escuchando. Ese es un poco el problema de nuestros queridos productores, por eso los independientes siempre estamos buceando y dándole una vuelta de tuerca como dice el Chango a toda esta cosa.

- ¿Cómo siguió tu carrera después de la separación de MPA?
- En el ´88 cuando se separó MPA, yo creo que todos quedamos muy dolidos, unos un poco más y otros un poco menos. Yo por lo menos quedé muy triste, tremendamente triste, no hallaba consuelo, pero además porque como le he dicho una vez a Jacinto hubo alguien que cortó el amor, que lo hizo polvo y eso después no se lo puede volver a reconstruir, es jodido. O sea, Jacinto siempre viaja en mi corazón y siempre va a viajar, siempre. Cada uno de los chicos. Pero esas cosas que teníamos, esos momentos, esas risas, esa conjunción de espíritus…Qué lastima, que pena…
Viste cuando vos dices ¿y ahora que hago?, ¿y mañana? ¿Y pasado?, es muy loco. Yo recuerdo que me iba de mi casa, Gerónimo era muy chiquito y yo me iba para llorar en la calle. Me iba a caminar o iba a una plaza y me quedaba mucho tiempo, a veces hasta anochecía y lloraba por eso. Lo que se me ocurrió fue viajar, me separé de mi mujer, de mi hijo, fue una locura muy grande, una cosa muy fuerte que creo que a todos nos pasó en diferentes momentos. A mi me pasó en ese momento, esto se acabó acá. Y al Chango creo que también le pasó en ese momento. Y a los chicos no, justo fue lo de Los Santiagueños que era muy lindo, pero era casi el mismo laburo de a tres, digamos.

- ¿Cómo siguió tu carrera?
- Me fui a México de mochilero, primero me fui a Salta y estuve en la casa del Cuchi como una semana, de ahi me fui a Chile, pasé a Perú, Ecuador, Colombia, Guatemala, México. Yo no sé como llegué a México una mañana al DF sin conocer a nadie, sin saber nada, con veinte dólares en el bolsillo pero con mis instrumentos, eso si. Averigüé en los periódicos donde había peñas y fui a recorrer un par, toqué, me acordé siempre de Jacinto y “Te voy a contar un sueño” y lo hacía a ese tema solo, entre el llanto y una cosa que era muy mía, que no se si a la gente le gusta o no, ni me importa, va mas allá pero siempre pasa por ahi. Yo lo homenajeo al “Indio” que sigue estando en mi corazón.
Hice trabajos muy lindos, integré un grupo con el que había sido pianista y arreglador de Manzanero, Don Luis Gonzáles Pérez, un viejito encantador y pianista maravilloso. Con ese mismo grupo acompañé a un cantante muy famoso de México que se llamaba Melón que hacia música tropical, que los gringos le llaman salsa. Pasó todo ese tiempo, como 4 años y me volví. Porque yo extraño mucho y mis afectos están acá, mis amores están acá, mis amigos, la música, aunque viva debajo de una baldosa, pero es una baldosa de acá. México es un país hermoso y tengo muchos amigotes entrañables que me vienen a visitar: periodistas, músicos, literatos. Cuando regreso me vuelvo a encontrar con el Chango (risas) que es una persona de esas de la que no te puedes separar; podemos no vernos durante un año o dos, pero estamos siempre juntos, esa sensación, ese hilo conductor pasa por ahi, pero es así. Y ahí empezamos a proyectar La Manija por el año 93 y creo que hicimos un producto espectacular, tan grande o igual que MPA, con otro discurso, otra historia y otros músicos, pero era perfecto. Una idea, y como dice el Chango “lo importante son las ideas” y es verdad y despues poder llevarla a cabo.

- ¿Cuál fue tu experiencia como integrante de La Manija?
- Hicimos eso y aquí nos dieron pelea, mirá que eso podría haber dado vueltas por el mundo porque el Chango logró con esa formación el diálogo entre España y Argentina, es un dialogo real, no político de palabras y chácharas. Un diálogo sincero y honesto, ¡mirá que loco!, simplemente y nada mas y nada menos que con la música. Yo me pregunto como Cancillería no nos permitió viajar, aquí hay muy buenos músicos que tienen que salir. Esa formación era de once personas, para este país era una locura. Bueno, pero Diego Torres no se cuantos músicos tiene y Los Nocheros tienen sus músicos atrás y el Chaqueño Palavecino no se cuantos músicos tiene, pasa por otro lado. Inclusive a veces uno piensa que pasa hasta por los celos, uno llega a pensarlo, no puede no pensarlo porque es sentirse muy ego, pero también es válido pensarlo. Porque uno dice “Che loco nos presentamos en un lado, en otro”, tanto les cuesta darse cuesta que esto es bueno y representativo, es como abrir la cabeza y decir esto es representativo. Es como la MPA, es por este lado. Es desde acá para adelante, es dar ese paso. Y yo digo ¿cual es la mirada?

- ¿Como vives la actual admiración de la juventud por MPA?
- Es un poco difícil porque para mí es una cosa truncada. La imaginación de uno es tan frondosa que vos te vas para adentro y decís “¿qué pasó?”. Uno siente una mezcla porque uno trabaja con el dolor y va tratando de limpiarlo, ponerle una compresa, pero es un dolor. Es un gran amor, despues uno se vuelve a enamorar, pero…
Yo recibo esto de la mejor de las maneras. Me da felicidad que la gente haya tomado esa posta, a mí me enorgullece. Yo soy este tipo y no me como nada de esto de la fama y sigo creyendo tanto en el amor y la pasión, por eso hago lo que hago.
Me alegra saber que nos sigan los chicos. Yo sé que somos referentes y de algún modo me transmite un sentimiento muy lindo y profundo de que la gente se haya dado cuenta, aunque haya pasado el tiempo, porque eso no se vuelve atrás porque ya el Indio (Jacinto Piedra) nos dejó. Lo que yo le decía a Jacinto y le digo a Peteco, a Luis Salinas y a la gente que quiero “Vos ya sos, ya naciste siendo, y no tenés la necesidad de salir a buscar qué, porque vos ya sos. No busques afuera lo que ya está adentro”. Yo creo que Jacinto era…es; y yo creo que Peteco es. Y Verónica y cada uno de nosotros. Y que la gente tome esa posta hace más sólido lo que nosotros hicimos en ese tiempo, pero sólida de verdad como la música misma.
Un guitarrista peruano me dice “¿Que tal MPA?”, no me dice Mono y nosotros vivimos cosas muy fuertes, y esas voces particulares: el color de Jacinto, el color de Peteco, el de Verónica, esa cosa ronca del Chango, dejaban una estela fuerte y más que por la coloratura tenía que ver con cómo se lo decía, que era lo fuerte de la cosa y como encarábamos esa cuestión. Yo tengo unos recuerdos increíbles.

- ¿Alguna anécdota inolvidable que hayas vivido con MPA?
- Una vez en Perú fuimos invitados a tocar en un festival de música y danzas en el Perú, tan lindo y colorido. Llegamos como invitados, la mosca verde al escenario, estaba toda gente de pueblo, miles de personas en una plaza. Cuando armábamos la batería, la gente se empezó a ir porque los instrumentos no tenían nada que ver y yo le digo al Chango “se está yendo la gente, no vamos a tocar para nadie” y entonces arrancamos con la historia por abajo, “arrancamos con la Mazamorra” dijo el Chango, y el viejo es sabio… Tengo la imagen de la gente yéndose y regresando, pero no eran diez, miles. ¡Una cosa! Y eso nos sucedió a nosotros, no a otros.
Por eso digo, vos ya sos. Eso nos pasó a nosotros, yo he vivido cosas fuertes en mi vida pero no sé si alguna como esa, la gente se iba a mares y volvía a mares.
Yo soy una agradecido a la vida y a los seres humanos.

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Peteco Carabajal

Comenzó su carrera artística en 1974. Fue integrante de MPA y Los Santiagueños, agrupaciones emblemáticas para las nuevas generaciones. Como solista, es uno de los artistas más convocantes y que mayor cantidad de discos vendió en el país. Posee una voz y un estilo particular, además de un discurso musical propio, colmado de matices. Es autor y compositor de numerosas canciones entre las que se encuentran “Perfume de carnaval”, “Camino al amor”, “El bailarín de los montes” y “Canción del brujito”, las cuales son piezas fundamentales del cancionero popular de las últimas décadas. En una de sus visitas a Córdoba, mantuvo una charla exclusiva con Argentina Folclore en la cual repasó su vida dentro de la música y nos dio su visión sobre la actualidad de la música popular en Argentina.

- Empecemos hablando sobre sus comienzos.
- He nacido en La Banda, Santiago del Estero, el 25 de mayo de 1956 dentro de una familia que cultivaba la música a partir de mi abuelo. Después esa condición mi abuelo se la ha transmitido a sus 12 hijos, entre ellos mi papá. Mi papá Carlos y su hermano Agustín, son dentro de la familia los que llevan eso aprendido cotidianamente en la casa, lo subliman y lo llevan a otros lugares fuera del ámbito del patio y se profesionalizan. Así que esta profesión de músico ya estaba en mi familia cuando yo nazco. Tocar la guitarra fue algo natural para mí ya que siempre había una guitarra en mi casa. Mi viejo tocaba todos los días y estaba en plena actividad. Yo he aprendido mirando, casi sin darme cuenta. Toco la guitarra desde los seis años y se eso se va manifestando en mí, primero en las fiestas del colegio, después en fiestas familiares, y así he ido creciendo. Recién a los dieciocho años, de un día para otro, me encuentro en la profesión. Yo trabajaba de otras cosas y ya vivía en Buenos Aires. Un día salimos a bailar con un amigo y mi primo Roberto, que actualmente canta con Cuti, y caímos a la madrugada a una peña que había en Ramos Mejía. Nos encontramos con que se escuchaban guitarras y bombos al fondo del local, entramos atraídos por ese sonido y al rato ya estábamos cantando en una mesa, en una guitarreada. El dueño, creyendo que ya éramos un grupo constituído nos ofrece trabajo en ese lugar. Yo le dije que nosotros no cantábamos profesionalmente. El tipo nos ha insistido tanto que hemos empezado a trabajar a la semana siguiente a dúo con Roberto. Al poco tiempo conocemos a un muchacho santiagueño, Shalo Leguizamón y armamos “Santiago Trío” que ha sido el primer grupo que integro y con el que llegamos a grabar un disco. A los dos años con Roberto entramos a Los Carabajal que había sido fundado por mi viejo, junto con Agustín, Cali y Cuti. Nosotros ingresamos en el año ´76. Después vino “MPA” (Músicos Populares Argentinos) con los que también grabamos dos discos; una formación que tuvo poco tiempo. Después en el año ´88 formamos Los Santiagueños con Jacinto Piedra y Juan Saavedra, grabamos “Transmisión Huaucke” y en el año 90 somos consagrados en Cosquín. Un año después Jacinto tuvo un accidente donde pierde la vida y a partir de ahí me he encontrado solo y de alguna forma he comenzado esta etapa como solista. Me ha servido mucho que en ese momento empezaron al lado mío, siendo chicos Roxana, Demi, Walter y Graciela, ellos me han ayudado a apuntalar ese comienzo mío como solista.

- ¿Qué nos podría contar sobre sus vivencias dentro de la música en todos estos años?
- La música popular, por más de que esté ajustada a las cosas de la industria, siempre tiene una conexión con la marcha del pueblo, con lo que le va aconteciendo. Entonces va cambiando de acuerdo también a esas cosas. Voy a remontarme un poquito a los años cuarenta cuando ha sido la gran llegada de los provincianos, sobre todo muchos norteños: santiagueños, salteños y correntinos que vinieron en gran cantidad a la capital. En ese tiempo llegaba el provinciano con sus ganas de conseguir trabajo, de mejorar, porque no tenían trabajo en su provincia y dentro de todo eso venían lo que también cantaban, los músicos y traían como herramienta lo que conocían de su lugar: los santiagueños sus chacareras, gatos, escondidos, vidalas; el correntino el chamamé y así en Buenos Aires se empiezan a forjar los grupos, se empieza a encontrar la gente, a conocerse y viene la primera explosión, se puede decir. Todo eso explota y empieza a ser consumido por la gente que hasta el día de hoy le llaman el “boom” (risas). Siempre se explica con esa palabra a ese acontecimiento que ha sido cultural y que para Buenos Aires ha sido el “boom del folclore” en los sesenta con Los Chalchaleros, Los Fronterizos, Los Quilla Huasi. Santiago venía medio atrás con Los Manseros, pero era Salta la que en ese momento se había capitalizado, por supuesto que con valores. Entonces todo eso después no es muy bien comprendido, como que Los Chalchaleros son la medida de lo folclórico para el ciudadano. Después vienen los militares y empiezan a coartar todas las actividades creativas. Mucha gente se va, muchos se callan, otros siguen, o sea, la línea esta de folcloristas ha seguido a pesar de los militares porque no influía mucho, pero nuevas corrientes y muchos jóvenes han tenido que callarse y no había representatividad. Entonces ese tiempo de los militares han sido años donde se ha mantenido y conservado lo de los años sesenta y no hubo nuevas propuestas nuevas. Otros ya habían agarrado por el lado de lo romántico dentro de la música folclórica. En la época de los militares los jóvenes dejan de escuchar folclore porque no tenían quien represente su sentimiento. Entonces cuando llega la democracia en el año ´83 empieza de a poco el joven a buscar sus referencias, por eso es que son años del “rock nacional” que tiene tanta fuerza y aceptación por parte de toda una juventud que buscaba quien represente su sentir.
De a poco, en el ´85 surge MPA que es una forma nueva y una alternativa, que hasta el día de hoy sigue siendo considerada como clave. Todo lo que se ha hecho en esa época fue capitalizado por algunos en forma medio liviana. Los nuevos se han ido detrás de espejos de colores, para mí macanas, porque no es el verdadero sentir de un pueblo cantar cuestiones que tienen que ver solamente con una relación sentimental, están faltando un montón de otras cosas en ese mensaje. Soledad ha sido un espejo, Los Nocheros, Luciano Pereyra, el Chaqueño también es un poco un espejo de una forma que está considerada dentro de lo folclórico, pero que de folclore y de esencia tienen muy poco y, sin embargo, es lo que tenemos. Y hay otros que vienen de antes, a lo mejor con esa vieja idea de respeto y amor por la tierra que siguen teniendo vigencia, como Los Manseros Santiagueños, Horacio Banegas y Alfredo Ábalos. Santiago para mí es una de las regiones donde más surge gente con autenticidad, con cosas serias.

- ¿Qué momento está viviendo Peteco Carabajal?
- Hoy en día tengo 51 años (risas) y son prácticamente más de la mitad de la vida que uno cree que puede llegar a vivir. Cuando uno tiene esta edad valora cada acto y cada instante tiene otro peso. No es como cuando uno tenía veinte años y no tenía la necesidad de ponerme a pensar en profundo sobre el futuro, sobre lo que hago y dejo de hacer. A la vez, en lo artístico, es un tiempo que desde hace algunos años voy recogiendo frutos de lo sembrado, aunque mi estado de ánimo es como si estuviese recién por comenzar. Pongo todo lo que puedo a cada cosa y siempre estoy mirando a ver dónde puede estar la nueva veta de creación. Pero es ideal, porque a la vez recojo frutos de cariño y respeto en cada lugar a donde voy, sobre todo de los músicos. Siempre hay alguien que se acerca y que me hace saber que yo soy su referencia. Eso me pone bien porque me ayuda de alguna forma a pasar este tiempo. Cuando uno anda en esta edad las cosas empiezan a tener un dramatismo especial, porque uno empieza a ver más seguido despedidas de gente querida. Entonces eso te da una idea de la vida y también te hace pensar en vos mismo; estamos más cerca del adiós que de la llegada (risas).

- ¿Cree que le queda algo más por hacer?
- No, porque nunca he ambicionado hacer grandes historias musicales, sino ir creciendo de a poco. Yo he sido muy tranquilo en ese sentido. Me gusta valorar lo poco o mucho que puedo llegar a hacer. Nunca he renegado de mis discos, al contrario, soy el primer entusiasmado cuando termino de grabar, nunca me arrepiento de lo que hago, porque lo hago con total entrega y convencido de que era así como lo tenía que hacer y no me quedan cosas pendientes. A lo mejor, como deseo, me gustaría alguna vez tocar con una orquesta o que mis temas los tome un arreglador orquestal para escucharlos desde otro lugar.

- Hagamos un repaso por su discografía.
- Tengo que comenzar con “Encuentro” que ha sido el primero como solista y a la vez el mejor de todos por lo que me dice la gente, aunque para mí no es así. Para mí todos los discos tienen su valor especial. Este material ha pegado muchísimo por el sonido, la onda que se proponía, evidentemente hasta ese momento no había aparecido algo así y ese disco lo tiene. Después viene “Memoria de amor”, que es un disco bastante denso en cuanto a los temas. Por ejemplo, hay un homenaje a Atahualpa que había muerto hace poco, a mi abuela y a Eva Perón. Sin ser un disco triste es un poco más denso que los anteriores, no tiene casi chacareras, solamente tiene “De fiesta en fiesta”, pero hasta eso lo he hecho a propósito porque son cosas que se me ocurrían a mí. El tercer disco ha sido “Borrando fronteras”, lo valoro muchísimo porque ha tenido una gran producción. Allí me ha quedado el testimonio de Antonio Agri, Rodolfo Mederos, León Gieco, Mercedes Sosa, el Chango Farías Gómez, integrantes de Los Tucu Tucu, Los Trovadores, Opus 4, Claudia Puyó, Julia Zenko y Guillermo Vadalá el bajista que toca con Fito Páez. Es una gran producción y considero que hasta ese disco hubo como una experimentación en los temas, han salido temas totalmente nuevos en sus formas como “Artista universal” o como “Danza de la locura”. A partir de ahí le he hecho un poco más de caso a los productores, porque ya existían tres discos donde yo había mandado todo lo que quería.

- ¿Y cómo siguió?
- El próximo fue “Historias Populares”, grabado en vivo, donde se puede decir que están éxitos ya establecidos como “Perfume de carnaval”, “Las manos de mi madre”, “Puente carretero”, “Añoranzas”, “Entre a mi pago sin golpear”. Como que le he dado el gusto a todos los que querían escuchar la cosa como más fácil para que me consuman más; igual no me han consumido (risas). El próximo trabajo ha sido “Andando”. Cada disco ha tenido una característica especial. Este tiene el sonido del bandoneón de Juan Carlos Marín como característica, porque ha sido la primera vez que yo trabajaba con bandoneón y él ha tenido mucha participación, es casi la estrella del disco.
Después ha venido “Arde la vida”, donde el sonido se ha basado en el vientista riojano Víctor Carrión. Él tocaba flauta, saxo, quena, zamponia. Entonces todo el disco está bañado con esos sonidos de viento, cosa que en ningún otro disco aparece. Le sigue “El baile”, grabado en vivo, que ha sido casi una lucha heroica contra ese momento de bajón para la Argentina que fue en el 2001 y 2002, del corralito y todo eso, que no teníamos trabajo y la cosa no marchaba. Yo me he animado más que a hacer el disco, a hacer el ciclo, de hacer un baile donde la gente los días jueves durante dos meses salía rebozante de felicidad y de escuchar buena música. Bailábamos, nos divertíamos y ahí ha quedado el testimonio grabado en el disco.

- ¿Qué nos podría decir sobre su último trabajo?
- “Ckayna Cunan” es un trabajo que prácticamente se ha hecho en Santiago y ha sido muy importante, porque en el año 2004 yo vuelvo a Santiago a trabajar en la intervención y el disco se ha gestado ahí. Muchos temas como “Los Santiagueños” han sido producto de ese momento que estábamos viviendo y de lo que yo estaba viviendo personalmente. “Ckayna Cunan” era en un principio un proyecto que nosotros habíamos presentado para preservar un lugar a orillas del río y de paso darle una temática, era como un parque temático con toda una ambientación precolombina para mostrar las cosas que aun siguen estando desde antes de la llegada de la conquista y que hoy en día tienen vigencia.

- ¿Cuál es la principal satisfacción que le ha dejado esta elección por la música?
- La principal satisfacción es poder andar toda mi vida con la herramienta de la música. En este caso he tenido esa posibilidad y esa cualidad de poder tocar instrumentos. Entonces me defiendo con la guitarra, con el violín, con algún instrumento de viento, canto, y soy autor y compositor de melodías. Me forje una vida con la música y he podido comprar una casa en Buenos Aires, (en Santiago no tengo una casa propia, salvo la de mi vieja). Agradezco eso, sentir que esas paredes las compré con mi trabajo.. por cantar y andar.

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Liliana Herrero

Conoció al Cuchi Leguizamón, cantó con Hermeto Pascoal, encontró hermanos musicales en el camino como Fito Páez (su padrino artístico) y Juan Falú, y hasta Mercedes Sosa la nombró su sucesora. Oriunda de Villaguay (Entre Ríos), Liliana Herrero es, sin duda, una de las grandes intérpretes populares de nuestro país. Con su voz aguardentosa, como un grito de piedra, creo un estilo muy particular, donde pensamiento y música se funden en un discurso estético original y de ruptura. Es profesora de filosofía y vivió muchos años en Rosario lo que la vinculó con otras experiencias musicales. A lo largo de veinte años de trayectoria se dedicó a revalorizar y desenterrar gemas olvidadas del folklore argentino, clásicos del repertorio de América Latina y hasta himnos del rock como “Mañana en el Abasto” de Sumo. Hace dos años realizó un disco doble dedicado a su región llamado “Litoral”, donde convocó a músicos de Argentina, Brasil y Uruguay. Nos encontramos con ella en Buenos Aires, donde hicimos un recorrido por su carrera, sus pensamientos y vivencias, en una charla exclusiva para Argentina Folclore.

- Comencemos haciendo un repaso de su carrera

-Yo comencé a cantar profesionalmente, digamos, no hace mucho tiempo. Este año van a ser veinte años que grabé mi primer disco, en realidad, mi primer disco llamado “Liliana Herrero” se editó en julio del año ochenta y siete, o sea, que ahora se hacen veinte años de eso. Tal vez yo empecé cantando un poquito antes, año ochenta y cinco, por ahí, con la normalización democrática del país. Cantar, canté siempre. Profesionalmente, diría que es el momento de iniciación pero, de todas maneras, canté mucho en mi pueblo; cuando era chica estudiaba y tocaba el piano en Villaguay (Entre Ríos) y también en los años sesenta y setenta en Rosario, que no eran años de profesionalización, sino más bien de la música entendida como un combate.

- ¿Qué momento cree que atraviesa nuestra música popular?

- La música popular siempre está en un buen momento. Hay momentos de mayor creatividad que otros, o por lo menos que se difunden ciertas cosas más que en otros momentos. Si yo pienso en duplas como Falú-Dávalos, Leguizamón-Castilla, si pienso en Oscar Matus, pienso en un nuevo cancionero, en fin, no estoy hablando exclusivamente de folklore en este caso, porque por música popular no entiendo solamente el folklore. Yo creo que basta con ir alerta y atento hacia el interior y hacia la misma ciudad de Buenos Aires y el interior de la provincia de Buenos Aires. Uno se encuentra con un conjunto de músicos de distintos géneros muy interesantes. Y después los que a mí me parecen y me seguirán pareciendo interesantes siempre: Lilian Saba sigue tocando, Juan Quinteros, Coqui Ortiz en el Chaco, para poner solamente algunos nombres, Los Copla, Raly. Son músicos por los que yo siento una profunda admiración. Digamos, mas allá de que me guste la música que cada uno hace, son músicos que insisten con una estética y con una conducta ética que yo me saco el sombrero ante ellos, yo ante eso no tengo nada que decir. Al contrario, es un espejo en el cual a mí me gusta mirarme, porque mi vida también ha sido eso.

- ¿Y que está viviendo usted como artista?

-Edité el último disco en octubre de 2005, para mí uno de los discos más importantes que hice, una obra muy conceptual, muy concreta, muy pensada. Trabajé durante dos años con ese disco doble que fue “Litoral”. Uno se llama “Paraná” y el otro “Uruguay”, pensando en ese largo abrazo de agua que nombra a esta tierra. Incorporé músicos del sur de Brasil, Uruguay, entonces no hice un MERCOSUR sino un Merco Son, como dice Hermeto Pascoal, que era lo que me interesaba a mí. Luego de esa obra yo quedé yerma, casi sin ideas. Porque fue una obra muy poderosa. Recién hace un año y medio que ese disco salió. Es un disco doble, o sea que es como si hubiese hecho dos discos. Recién ahora estoy comenzando a hacer pequeños demos, maquetas, empezando a pensar un nuevo disco. Seguramente lo grabaré a fin de año y estará saliendo a principios del año que viene. Es muy raro que yo edite un disco en verano. El verano es un patrimonio casi exclusivo de los festivales y del mercado. Quiero decir que no es un buen momento para sacar discos de la índole que yo hago, no porque necesariamente el verano sea así, pero el verano está capturado muy fuertemente por los festivales. Entonces yo quedo afuera un poco de ese circuito, absolutamente afuera.

- ¿Tiene alguna cuenta pendiente con la música?

- Yo no tengo cuentas pendientes con la música, pero no porque no las haya, sino porque como sigo buscando y buscando…. “Maldita santa felicidad”, como me dice Fito (Páez) en una canción a mí, que me dedicó y me regaló cuando cumplí cincuenta años. La búsqueda te impide pensar que hay algo que quisieras hacer y que no. Porque yo sé que mi búsqueda cesará cuando cese mi vida. No cesará jamás como deseo de hacer algo, seguramente seguiré haciendo aquellas cosas que se me ocurran, algunas cosas las logro y otras no. He tenido sueños muy divertidos y muy lindos que los he concretado: cantar con Hermeto Pascoal, que es divertidísimo y con quien he disfrutado mucho cantando; con tantos otros brasileros; con Fito, que estamos siempre juntos; y con músicos del folklore que adoro. También me gustaría cantar con otros músicos, pero estoy segura que si yo me lo propongo lo voy a hacer. De hecho, en algún momento haremos un concierto con el Raly (Barrionuevo), es un músico que hace una música totalmente coherente con su pensamiento y tal vez sería muy diferente a lo que yo hago. Sin embargo, a mí me encantaría subirme al escenario con él, porque son experiencias musicales muy distintas y ese tipo de encuentros siempre dan sus frutos y aparece una cosa nueva muy interesante para todos los que participan.

- ¿Qué siente cuando la prensa la considera una referente para los jóvenes?

- Me da un poco de impresión (risas). Me parece una responsabilidad muy grande porque yo soy una mujer llena de dudas, de angustias; no tengo la bola de cristal. La música es apasionamiento y es angustia, esos son dos sentimientos que nunca se me van a ir. Por ahí, se entiende que ser un referente para los jóvenes es alguien que está clarísimo en lo que está haciendo. Yo siempre tengo dudas, siempre me atemorizo, me angustio y al mismo tiempo me río y disfruto y me lanzo a un concierto sin ningún ensayo, por ejemplo. Y eso para mí es maravilloso. Eso es contradictorio con tener miedo, sin embargo lo hago. Yo creo que los conciertos más lindos que he hecho en mi vida son los que compartí con Juan Falú que es mi querido hermano y compañero.

-¿Qué nos podría contar sobre sus vivencias con Juan Falú?

-Tocar con Juan Falú para mí fue una experiencia maravillosa, por muchos motivos. Primero, porque aprendo un vagón con semejante guitarrista y con semejante músico y compositor. Segundo, porque es un hermano. Es como Fito, con alguien con quien yo estoy muy feliz, me siento acompañada y siento que me puedo juntar a tomar un vino y conversar largo y tendido sobre nuestras vidas. Somos de la misma generación, los dos vamos a cumplir sesenta años el año que viene. Y la experiencia de tocar con Juan es tan bonita porque nosotros armamos los discos, los grabamos y después hicimos los conciertos, pero nunca más nos juntamos para ensayar. Entonces, ese vértigo que te da ni siquiera recordar como es el tema cuando lo grabaste es muy lindo. La verdad que con Juan deberían haberse grabado cada uno de los conciertos que hicimos porque cada versión fue distinta. Y también es lindo por el hecho que, muchas veces, nosotros hacemos conciertos pero con guitarreada después. Ahí nos juntamos con amigos, tomamos vino y seguimos cantando.

-¿Como fue su experiencia de interpretar la música del Cuchi?

-La música para mí es un mundo de angustia, apasionamiento y entrega absoluta. En un concierto de una hora y media uno tiene esos diez minutos de olvido de todo y de entrega absoluta y eso es como encontrarse con el cielo. Y uno está siempre entre el cielo y el infierno; así es la vida de las personas y así es la música. Yo siempre tenía esa sensación cuando lo escuchaba al Cuchi (Leguizamón). Con el Cuchi hemos sido grandes amigos. Él iba a mi casa, en Rosario, cocinaba y tocaba el piano y yo sentía siempre que estar con él era eso. Era como tocar el cielo con las manos y al mismo tiempo él era un diablo, y esa carcajada que siempre sostenía, esa ironía sobre el mundo me hicieron aprender muchas cosas.

- ¿Que sintió cuando Mercedes Sosa la nombró como su sucesora?

- Mercedes Sosa vive declarando que yo soy su heredera, pero para mí es al revés. Yo diría que ella me estará siempre esperando en el futuro con su voz, esté presente físicamente o no, para que yo siga abrevando en ese color, ese fraseo y ese modo de cantar maravilloso. Eso me da mucha responsabilidad porque ella es “la voz argentina”. Si se pudiera hacer una historia de la voz de la música popular argentina, habría que hacer una historia desde Gardel hasta Mercedes Sosa. Me parece que ahí hay un arco maravilloso de voces: Margarita Palacios, Suma Paz, tantas que fueron y que son mujeres maravillosas. Hombres y mujeres que cantaron y nos enseñaron mucho. Particularmente, Mercedes Sosa fue un referente para mí. Yo la imité durante mucho tiempo, sin duda. Uno siempre imita a quien admira, un tiempo hasta que va amasando en el correr del tiempo un estilo propio, que a su vez siempre se renueva. La vida es eso, es un vaso de vino que se termina y se llena de nuevo y así una vez y otra, hasta que cesa la vida.

- ¿Qué mensaje transmitiría desde su experiencia a los nuevos artistas?

- A mi me cuesta dar mensajes, porque lo único que sé es que la música es una búsqueda incesante, que hay que reír y llorar con ella, fracasar y triunfar, tomando muy entre comillas los dos conceptos, porque el concepto de triunfo que yo uso no es el concepto de la televisión. A mí, el concepto de lo popular que tiene la televisión al que adhieren muchos festivales, no me interesa. No adhiero a ese concepto de lo popular, para nada. El concepto de lo popular que a mí me interesa es el de la memoria de lucha que tienen los pueblos, de los combates dormidos, de los actos creativos colectivos, la inventiva, la imaginación, ese es el concepto de popular que a mí me interesa. Siento que la música es un conjunto de experiencias con las que uno retrocede, avanza dos pasos, vuelve a retroceder, rebobina, vuelve al grado cero, intenta de nuevo, eso es la música. No hay muchas fórmulas más.

- ¿Cuál sería la fórmula?

-Me parece que hay que estudiar, que la espontaneidad tiene un techo y para estudiar hay que escuchar y leer a los grandes poetas argentinos y del mundo. Hay que escuchar las músicas del mundo, de este continente y de este país. Yo pienso como el Cuchi y una vez conversando con él pensábamos: ¿Cómo se puede hacer música sin haber escuchado alguna vez a Schuman? Se puede hacer música sin haberlo escuchado a Schumann, pero si se lo ha escuchado, mejor. Y yo pienso: ¿Cómo se puede hacer música sin haber escuchado alguna vez al Cuchi? Nosotros que estamos en la periferia del mundo, tenemos esa ventaja, conocemos a Schumann y al Cuchi Leguizamón. Los europeos, solo conocen a Schumann y no conocen al Cuchi Leguizamón. Así que, saquémosle una ventaja al hecho de ser países pobres, periféricos y tercermundistas, como se dice habitualmente, aunque esa categoría ya este un poco vieja.

- ¿ Piensa que Buenos Aires es el centro de las posibilidades?

- Creerse que Buenos Aires, esa capital tremenda, expresa lo que ocurre en el país es una mirada muy precaria y muy triste de la Argentina. Si bien, acá se desarrollan grandes acontecimientos culturales, también en algún lugar alejado se puede escuchar buena música y leer grandes libros, que hace mucha falta para poder pensar algo sobre el arte. Porque pensar la música y pensar el arte es pensar el país también. Yo lo daría como un consejo porque a mi me ha servido mucho. Uno no puede creer que hace música porque sí: para entretener, para encantar, para seducir a alguien, transmitirle algo a alguien, tal vez menos para enseñar. Pero uno hace música también porque, de algún modo, uno encarna un pensamiento sobre el país. La voz, cuando canta piensa un territorio, una cultura, una geografía. Entonces no se puede cantar como si uno no perteneciera a ningún lugar, por eso a mí, el concepto de la World Music no me interesa para nada. Porque las memorias de los pueblos son muy peculiares, son particulares, muy propias. Están en continuo diálogo con la cultura universal; pero hay un territorio, hay fronteras. Hay que poner en diálogo esas fronteras, pero no hay una idea de destrucción de las fronteras, como si la hay en la World Music, que es una música que intenta ser étnica, pero no se sabe de donde es. Yo quiero que una música me cuente las memorias que trae consigo ese pueblo y muchas veces eso no tiene la presencia que yo muchas veces necesito que la música tenga. El concepto World Music no me gusta porque es un concepto globalizador, muy de moda, sin duda y sobre todo en los noventa. No me ayuda a pensar lo que somos, quiénes somos, qué queremos decir cuando decimos Argentina. Yo no tengo la respuesta, pero hago música para poder contestar esa respuesta, para poder ir pensando cada vez que me subo a un escenario ¿Qué quiere decir Argentina?

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Chango Farías Gómez

Revolucionario por naturaleza, desde muy joven convulsionó con sus creaciones al público y la crítica especializada, como arreglador, compositor e intérprete. Los Huanca - Huá, el Grupo Vocal Argentino, Los amigos de Chango, M.P.A. (Músicos Populares Argentinos) y La Manija, llevan su sello personal y vanguardista, lo cual produjo grandes cambios en la música popular argentina y sirvió de referencia para las nuevas generaciones.
Estos últimos años, su otra pasión, la política, lo alejó por un tiempo de la música. Pero en este mes, el Chango vuelve con más fuerza a los escenarios con un ciclo llamado “Hablando de brujos”, que se presenta en Buenos Aires todos los martes de agosto y septiembre, a las 21, en “Velma Café” (Gorriti 5572), y además visitará Córdoba el día 17 para tocar los temas de su último disco “Chango sin arreglo” en el Teatro Libertador San Martín.
Argentina Folklore se encontró con él en su despacho de la Legislatura Porteña. Allí, realizó un repaso por su fecunda historia, se emocionó recordando a sus amigos y reveló sus proyectos.

- ¿Qué momento está viviendo?
- Un momento para mí complicado. Yo hace cincuenta años que estoy con la música,  empecé teniendo quince o dieciséis años reemplazando a un amigo que cantaba en un trío junto a Mario Arnedo Gallo y Hamlet Lima Quintana, se llamaba Los Musiqueros.
Desde ahí hasta hace tres años atrás yo trabajé sólo en el arte de la música. Salvo un tiempo que ocupé desde julio del ´89 hasta marzo del ´91, cuando fui Director Nnacional de Música y tuve a mi cargo organismos complejos e importantes como la Orquesta Sinfónica Nacional. Pero la Legislatura Porteña me integró al terreno de lo que es lo político. Estoy aprendiendo fantásticamente a los sopapos o como fuere. Me recuerda cosas, me doy cuenta que yo siempre he sido un hombre político, porque históricamente algunas cosas no las hice por hacer nomás; las hice con una convicción profunda de que el ser humano es en principio algo trascendente, y para ser algo trascendente, no lo podés tomar muy a la ligera ni superficialmente, hay que tomarlo muy en serio.
Me siento muy contento por todo lo que hice, me siento orgulloso de haber logrado algunas metas y estoy esperando lo que falta, porque todavía no sé exactamente que es lo que falta porque la vida es como un misterio.

- Hagamos un recuento de su paso por la música.
- Es larga…yo actualmente tengo 69 años y estoy por cumplir 70. He hecho de todo. Yo me acuerdo haberme enojado en algún momento de lo que era la cosa artística porque yo durante un año y medio compraba y vendía papel como los cartoneros.
El Tata (su padre) era el único en Santiago del Estero que tenía un piano en el obraje de su padre; aprendió a tocar toda esta música: chacareras y zambas y otras cosas. Él tocaba en Santiago cuando llegaban las reuniones, cuando la moda era tocar tango. Y pareciera que eso que le ocurrió a mi papá lo heredo yo. Apenas aprendí a caminar ya sabía zapatear. Me enseñaron a tocar el bombo en esos canastos de guardar la ropa sucia. Después me perfeccioné escuchando a Adolfo, a Vitillo Ábalos y a Mario Arnedo Gallo. Y por eso aprendí a tocar el bombo con una mezcla de todo eso, y aprendí a amar la cultura santiagueña porque de chico tomé la comunión en la capilla hecha por los nativos de esta tierra, de San Francisco.
Mi vida siempre ha sido la música esencialmente y lo artístico también, porque me gusta dirigir teatro y todas estas cosas y lo hago de forma empírica a todo esto.

- ¿Qué importancia tuvieron los Huanca Huá y el Grupo Vocal Argentino en su historia?
Yo creo que todo el mundo sabe del significado que tuvieron los Huanca Huá, pero hubo una gran controversia en ese momento cuando aparecieron. Dijeron que eso no era folclore y yo decía bueno, folclore no es lo que hace ninguno porque eso ya está hecho. Seremos todos meros intérpretes y yo interpreto de esa manera. Estaba como ajustado a  derecho, porque de acuerdo a la definición de folclore yo lo cumplía a rajatabla. Lo que si estaba, sin darme cuenta, era plantando los cimientos para que la actividad coral de hoy se integre en el repertorio como cosa natural en la música popular y proponiendo hacer arreglos. Estos eran dos elementos importantes que después se fueron desarrollando con el tiempo, aparecieron otros grupos vocales, por eso la actividad coral hoy interpreta música popular como cualquier cosa natural.
Yo me fui en marzo del ´66 de los Huanca y en el ´69 armo el Grupo Vocal Argentino. Y en el Grupo Vocal Argentino sí fui buscando que cada uno de sus integrantes tuviera la tesitura correspondiente, y realmente para mí fue el mejor grupo vocal que yo pude lograr. Algunos dicen que fue el mejor grupo vocal de todos los tiempos. Hace muy poco llegó un grupo vocal de México y hablaban de la importancia que había tenido yo en el desarrollo de esto. Yo agradezco porque como pibe hice lo que a mí me parecía que tenía que hacer sin pensar que iba a pasar todo esto.
Después, a medida que va pasando la vida, me doy cuenta que el artista tiene una responsabilidad muy grande, que no es solo tocar, es una responsabilidad porque de alguna manera él sublima en arte los dolores, las alegrías de un pueblo y lo manifiesta mejor o peor.

- ¿Qué buscaba con otras formaciones que armó posteriormente?
La importancia de haber ido a Estados Unidos, tocando en el Lincoln Center de Nueva York junto con Astor Piazzolla representando a la Argentina, me abrió los ojos y me hizo pensar que la labor como artista tenía que ajustarla más. Entonces mi gestión como artista fue siempre denunciar. Armamos un grupo que se llamó Cancionero de la Liberación, con ellos hicimos cosas muy locas, inventar giras y tramitar con Torrijos por un avión presidencial. Entonces con inmunidad diplomática pudimos sacar gente de acá y salir… hicimos muchas cosas.
Alternativa Musical Argentina surgió por el interés que teníamos los músicos de que nos vean por algún lado. Músicos Populares Argentinos (M.P.A) lo formé con la idea de discutir con aquellos que se dicen folclorólogos y que dicen que esto se hace así o de otra manera, que tienen una idea que esto es estático, que está en el pasado y que no se puede mover porque la misma palabra lo quita de la ley de la evolución.

Qué feo que la imagen de un músico sea solo para los asados, es una manera bastante nefasta de verlo, creer que el músico es un vago, esto es un atropello. Un músico es alguien importante para un pueblo, rebajarlo y menospreciarlo es un acto realmente aberrante. Los músicos son generadores de bienes culturales, tendrían que ser cuidados con mucho amor por todos los beneficios que nos aportan.

- ¿Qué opina sobre la realidad de los músicos independientes?
- No hay un proyecto nacional que los involucre. Al no haber un proyecto nacional, no hay una buena ley de radiodifusión que contemple el fenómeno por el que pasan los artistas en el mundo de hoy, y los que determinan y dictan como son las cosas son las industrias que se dedican a la explotación de eso.

- ¿Una cuenta pendiente?
- Crear con mi hijo una escuela de formación de músicos o un instituto que enseñe, por ahí, a tocar. Y la vía tiene que ser por otro lado: cuáles son tus derechos, para qué sirve lo que estás haciendo, cómo poder producir, cómo insertarte en el conjunto de todas las cosas haciendo lo que estás haciendo. Eso es lo que sería bueno. Yo soy un gran maestro a pesar de haber llegado solo a cuarto año nacional, no tengo título ninguno. Siempre toqué de oído y todo lo que hice -Los Huanca Huá, el Grupo Vocal Argentino, incluyendo la MPA- fue siempre de oído. Si aprendí a leer música lo he hecho por respeto solo a aquellos que saben leer, escribir y no saben hacer música de otra manera. Y, por ahí, uno lo necesita para que agregue un color a lo que uno está haciendo.

- ¿Cual es su mayor satisfacción como músico?
- El cariño de la gente.

icon for podpress  Entrevista a Chango Farías Gómez [12:37m]: Download

Raúl Carnota

Raúl Carnota es uno de los máximos referentes de lo que se denomina música popular de raíz folclórica. Cantante, autor, compositor, guitarrista, percusionista e intérprete; posee una extensa y fecunda trayectoria forjada hace mucho años en los que editó once discos y recibió múltiples galardones.
Argentina Folklore viajó a Buenos Aires para encontrarse con él en su presentación en el marco de la Feria del Libro. Amable y con criterios muy claros, hizo un repaso de su historia, rememoró sus experiencias y nos dió su opinión acerca del momento que atraviesa la música folklórica en la actualidad.

icon for podpress  Entrevista a Raúl Carnota [15:06m]: Download

Juan Saavedra

Juan Saavedra, más conocido como “el bailarín de los montes” es el máximo referente de la danza de proyección en Santiago del Estero.
Como percusionista y bailarín, formó parte de “Los Santiagueños” junto a Peteco Carabajal y el inolvidable Jacinto Piedra; grupo musical considerado como uno de los revolucionarios del folklore a mediados de la década del ´70 y del 80. Vivió en Francia y bailó en los principales escenarios de Europa.
Junto a Sandra Farías, su compañera de danza y de la vida, y una agrupación de jóvenes y virtuosos discípulos santiagueños, recorre el país dictando seminarios de danzas y participando en los festivales más importantes de Argentina.
Humilde como todos los grandes, se encontró con nosotros una noche de verano en Santiago del Estero, luego de un ensayo. Mantuvimos una extensa conversación e hicimos un paso por su historia, sus viajes y sus principales anécdotas. Además, opinó sobre la realidad por la que atraviesan los músicos independientes y los trabajos que realiza en conjunto con todos ellos.

icon for podpress  Entrevista a Juan Saavedra 1ra Parte [19:17m]: Download
icon for podpress  Entrevista a Juan Saavedra 2da Parte [0:59m]: Download

Gerardo Nuñez

Junto a su hermano Pepe fueron los talentosos hacedores de la “Chacarera del 55″. Nació en Salta, pero desde hace muchos años vive en Tucumán, donde hoy es uno de los grandes referentes de la música popular de la provincia y de todo el norte argentino.
Compartió numerosos momentos con otros grandes de nuestra música como Ariel Petrocelli, Gustavo “Cuchi” Leguizamón y Rolando “Chivo” Valladares, entre otros.
Actualmente conforma el trío “Trealilo” junto a Café Valdez y Ariel Alberto, dos jóvenes y prestigiosos músicos de esa provincia.
Nos encontramos con él en Tucumán. Nos recibió cálidamente en su estudio de arquitectura. Allí nos contó su historia, su llegada a Tucumán, sus vivencias, sus experiencias más importantes y sus nuevos proyectos musicales.

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Alfredo Ábalos

Una calurosa tarde de diciembre, en el tradicional barrio “8 de abril”, nos reunimos con Alfredo Ábalos en su casa.
El reconocido intérprete y percusionista, nacido en Buenos Aires, reside en Santiago del Estero, provincia a la que eligió hace ya más de treinta años.Llevó su música a todo el país y el mundo; es dueño y merecedor de numerosos galardones.
Frontal y directo, como muchos lo caracterizan, reveló sus opiniones acerca de la realidad de la música independiente y de nuestro país. También rememoró importantes momentos de su historia junto a Argentina Folclore.

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Con sus 91 años de vida, Sixto Palavecino continúa siendo un icono del folklore nacional. Nacido en Barrancas, Salavina, es uno de los fundadores del “Alero Quichua Santiagueño” una institución cultural que nace para rescatar, conservar y difundir la lengua quichua originaria del Perú y radicada en Santiago del Estero, República Argentina y que se ha conservado en catorce departamentos por más de quinientos años.
Ya pasaron 84 años de aquel día en el que construyó su primer violín, ese instrumento que lo llevó por lugares del mundo que jamás imaginó y que lo convirtieron en un referente de la música popular.
Nos encontramos con él una mañana en su casa del Barrio Almirante Brown de la ciudad capital de Santiago del Estero. Cálido, afectivo, humilde y auténtico, mantuvo una extensa charla con Argentina Folklore en la que hizo un repaso de su vida y de su carrera.

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