Este fin de semana tuvimos el hermoso regalo de poder compartir un seminario de danza con Juan Saavedra en Córdoba.
Cuantas gracias doy a estos brujos de la vida, seres que no titubean ni un segundo a la hora de hablar del espíritu y el corazón, de la magia y el misterio, de la vida y la hermandad, personitas despiertas como él que te invitan al deleite de la vida, que te ayudan a reafirmar eso que late y late (…y es cierto) dentro de uno, pero que ¡cuántas veces! La ciudad, la corrida cotidiana y el mundo actual tapan de tierra y esconden…
Con mucha simpleza nos decía: ¡busquen proyectos de vida alegres!, búsquenlo y opten por ese camino…
Pienso que las palabras solo cobran vida cuando se llenan de contenido, cuando se nutren de sentimiento, sentido y acción… y él, desde sus sesenta y pico de años nos invita a esa Juventud que no se detiene, transformada en danza, en danza como la vida misma, en vida como la plenitud misma, en abrazo, en sonrisas, en llantos.
No hace falta entender el significado de la palabra hermano, si cuando sale de sus labios vibra el amor por el aire, no hace falta explicar quienes son los ancestros ni donde habitan, si cuando gira su cuerpo se eleva, sus ojos se vuelven incandescentes, y sus brazos miden mucho mas que la extensión de sus dedos…
¡Gracias Juan! Por transmitir el mensaje de la tierra, por ayudarnos a seguir despiertos, a no perder la capacidad de maravillarnos, a seguir sorprendidos por el milagro de la existencia.

