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Tomás Lipán

El valle jujeño pasa delante de los ojos. La tarde se recuesta sobre los cerros de colores minerales esculpidos por siglos de viento. La voz profunda de Tomás Lipán rompe el silencio y canta: “La casa ya es otra casa, el árbol ya no es aquel, han volteao hasta el recuerdo, entonces a que volver….Mi perro ahí arriba inmóvil, viendo la tarde crecer, y este vacío de ahora entonces a que volver… Mi puente, mi viejo puente, que río veras correr, si lo han llevao de Tilcara, entonces a que volver…La magia ya se ha perdido, quien la pudiera encender, ni la tierra ya es de tierra, entonces a que volver…”. La zamba cobra vida delante de los ojos. Incluída en su último disco “Ramo de luna”, que editó a través de su propio sello Ukía, la canción se hace más vivencial que nunca.
“Parece que los padres de la autora de “A que volver” tenían una casa en Tilcara y allí ella se ha enamorado de un hombre. Pero se ve que al tiempo ella ha vuelto y los padres han vendido el lugar. Entonces ya no se encontró con nada y tampoco con su amor”, relata con un tono quedo y cierta nostalgia.
La música de Tomás llegó lejos de su pequeña comarca. Grabó siete discos, pasó por el grupo de Jaime Torres y encandiló al público en las últimas ediciones de Cosquín, con sus zambas y carnavalitos, que le dio una popularidad impensada a los cincuenta años de edad. En Buenos Aires, actuará durante todo noviembre en el Teatro Carlos Carella (Bartolomé Mitre 970) con su nuevo espectáculo “Retumbos”, a tres cuadras del Obelisco. Pero ahora está llenándose los ojos con ese paisaje de cerros, donde los recuerdos vuelven a la memoria. “Yo andaba por ahí arriba con mis cabras”, cuenta Lipán. Los caseríos se pierden cielo arriba y la urbe se va expandiendo a lo largo de la ruta. Su viejo Renault 18 se desliza por esa cinta serpenteante hacia su Purmamarca natal. El cantor es uno de los más representativos de su región, desde que salió con aquellos primeros cassettes que pintaban como nadie la música de las fiestas populares, personajes locales como Barbarita Cruz y los distintos momentos de la vida de los quebradeños.
El auto devora kilómetros y Tomás no puede hacer otra cosa que cantar el estribillo de la zamba “Que seas vos”, popularizada por Jorge Cafrune en los sesenta.

-¿De dónde salen las canciones de tus discos?
-Muchas son canciones que escuchaba en la radio de chico o que aprendía de escucharlas en las fiestas populares del pueblo. Me gusta recuperar aquellos temas de la zona que se fueron perdiendo, otros que fueron populares en la zona en los años cincuenta y cantarle a autores como el Coyita Mercado, que es uno de los que más le escribió a este paisaje.

-Una característica tuya es que te gusta averiguar como nacieron esas canciones
-Necesito conocer las historias y vivirlas para poder cantarlas. Yo cuando canto voy narrando una historia y la canción misma te va llevando. Es como que se va formando un cuadro dentro tuyo y cuando todo eso se completa con el paisaje y las vivencias propias que llevás adentro, después surge la interpretación. Por eso yo no canto los temas de memoria. Nunca se que va a venir, la misma canción me va llevando.
El paisaje le trae otras historias, que regresan a su memoria. Lipán canta otro pedacito de la zamba “La Cerrillana”. Entonces cuenta: “La Cerrillana, que la grabé hace poco, es una vieja deuda que tenía con su autor al que conocí hace muchos años en una peña. Yo no lo conocía personalmente y un día cantándola se me acerca un hombre, me abraza y me dice: “¡Por fin me la cantaron entera!”. El tema era muy popular en su momento y me acuerdo que todo el mundo la cantaba pero como la habían grabado los Chalchaleros. Ellos le habían sacado cuatro estrofas para que entre el bandoneón de Saluzzi y se ve que todo el mundo la aprendió así. A mí me la enseñó mi hermano Dominguito que se sabía la versión entera”, cuenta el cantor que sorprendió a la prensa capitalina con el álbum “Amor y albahaca”, una obra cumbre de su discografía.
El auto devora kilómetros. En la ruta a su Purmamarca natal rememora sus primeros pasos. “Con mi hermano Dominguito tocábamos en las fiestas de pueblo. Allí aprendimos el oficio de cantar y hacer bailar a la gente. Yo tocaba la guitarra y el bandoneón, que había aprendido de mi tío un musiquero del pueblo. Pero no cobrábamos, lo hacíamos por gusto nomás. Recién en los setenta nos fuimos a Salta con mi hermano y empezamos a trabajar lo que se dice profesionalmente. El tenía un grupo que se llamaba Sones de América con el que llegamos a ir a Chile. No había muchos grupos que hicieran música de andina y ahí yo tocaba los sikus pero no cantaba”

-¿Desde cuando te sentís un cantante?
-Yo cantaba de niño. En la cuesta cuando pastoreaba las cabras cantaba mis coplitas, también tocaba la quena en los pesebres y estaba en la banda de sikuris para las fiestas patronales. Con el tiempo aprendí a tocar de oído el bandoneón para el carnaval. Eso era lindo carajo. Noches enteras tocando. Nosotros aprendimos de mi tío que era el músico del pueblo. Por ahí, estábamos comiendo choclo con queso debajo de un árbol y ahí nomás el sacaba su bandoneón y enseguida se armaba el baile. No había amplificación, escenario, ni nada. Nunca cobraba y tocaba noches y días enteros para alegrar al pueblo. De ahí uno se va haciendo en el oficio de cantor y, además, lo fundamental es que uno canta y toca para que a la gente le guste. Es como cuando era chico. Disfrutar de lo que uno hace y que la gente lo disfrute. Uno sigue siendo eso un músico de pueblo.

-¿Por eso grabaste un disco entero dedicado a las bandas de sikuris?
-Siempre tuve esa idea porque mi padre era el que sostenía esa banda que salía para nuestra patrona de Santa Rosa de Lima. Ahí tocábamos con Dominguito y había una forma devocional de tocar dianas y marchas, que quería que no se perdiera. Ser sikurero es un orgullo en nuestro pueblo y en todos los pueblos de la Quebrada. Es uno de los pocos artes comunitarios y no se puede tocar solo. Además es algo sencillo pero muy profundo soplar los sikus. Quise grabar este disco homenaje y lo primero que pensé era presentarlo para la fecha de Santa Rosa de Lima, nuestra patrona, en la iglesia del pueblo.
Tomás Lipán es una celebridad en Purmamarca y otros poblados de la quebrada. Le hacen parar el auto para sacarse una foto o pedirle un autógrafo. El músico, que debe su nombre a la Cuesta de Lipán camino a Salinas Grandes, regresa al pago con alegría y nostalgia. El auto dobla en el codo de un cerro y aparece su vieja casa de la infancia derrumbada por el paso del tiempo. En la banda de enfrente, otra casa le trae lindos recuerdos. Vuelve a cantar: “Y la cantaban los ríos que llegaban de Chalala y el manantial bajo el sauce, donde el cantor se amanece. Chalaleña, molinera, salamanquera es la zamba, Doña María la baila y Don Leopoldo la canta…”. Entonces como si estuviera en un baile arremete: “Se va la primerita pa’ Doña María y Leopoldo”. Toca bocina, para un segundo el auto para ver si salen, y señala: “La casa de ellos estaba en esa quebrada. El hombre tenía una despensa. Ahí íbamos a comer y tomar unos vinitos los muchachos de la zona. Tenía unas hijas lindas, entonces todos los muchachos íbamos a verlas, cantarles serenatas y nos gastábamos nuestros pesitos. Ey que lindo era”, recuerda el cantor.
La banda de sikuris y la imagen de Santa Rosa de Lima se topan de frente. Los hombres suris bailan alrededor de la imagen patrona de Purmamarca. El viaje con Tomás Lipán va terminando. Hace un año que tiene el compromiso marcado en su agenda y no lo cambia por ninguna fecha en Buenos Aires. El cantor se envuelve en un poncho de vicuña. En medio del frío, sale a cantar y ponerle calor a los corazones y la gente de su pueblo. La voz rebota en los cerros. Cuando Tomás Lipán canta, el paisaje ancestral de su tierra se dibuja en su voz.

Chato Gonzáles

José “Chato” González nació en Humahuaca. Podría haber terminado como muchos de sus amigos, que emigraron a Buenos Aires para trabajar en otro oficio, pero siguió el camino de la música de su tierra. Su habilidad natural para aprender a tocar rápidamente los instrumentos de viento lo llevó a estudiar a los 17 años. Dos años después ganó un concurso como instrumentista y eso le permitió viajar a Europa. A su vuelta, todavía impactado por la experiencia de haber convivido con músicos de Asia, conoció al maestro Ricardo Vilca. Juntos le dieron forma al grupo Ricardo Vilca y sus Amigos, que ahora es parte de la historia humahuaqueña.
Con ese cuarteto instrumental grabaron cinco discos, con himnos como “Guanuqueando”; tocaron ante miles de personas en estadios multitudinarios y generaron un fenómeno de popularidad pocas veces visto en su región gracias a la originalidad de sus composiciones, que recreaban el pulso sosegado de la puna, el canto de los teros, la soledad de las salinas y la música de los misa chicos y las danzas ancestrales, con un sonido de cámara.
Tras la muerte del guitarrista y compositor, el “Chato” González se puso a terminar su primer disco solista, cajoneado durante años, llamado “No se acabe el carnaval”. En la línea del refinado trabajo instrumental que llevó adelante con Ricardo Vilca, el aerofonista logra un auspicioso álbum debut, como arreglador, compositor e intérprete de quince temas, donde se anima a cantar y desandar ritmos tradicionales como cuecas, zambas, taquiraris y bailecitos.

Chato Gonzáles

-¿Por qué tardaste tanto en sacar tu primer disco?
-Es un disco que me hubiera gustado editar hace diez años pero recién me animé a sacar algo solo. Todo este tiempo me dediqué a acompañar a Ricardo Vilca y dejé postergada esta parte. Son todas canciones que tenía acumuladitas hace un par de años y me decidí hacerlo porque esa era una parte de la idea cuando salimos con el grupo de Vilca y sus Amigos. La idea al principio era darle un empuje a Ricardo y después al resto de los integrantes. Este disco significa mucho porque lo hice solo y todos los temas tienen como en Vilca un origen y un motivo.

-¿Cuál es la temática del disco?-
Este es un disco basado en el amor y que yo lo traduje al tiempo de carnaval porque yo lo comparo con el diario vivir. La gente utiliza esa fecha para desahogarse, entonces por ahí uno esta sonriente para el otro porque lleva una mascara puesta y en el fondo está herido por un amor o la realidad. Y, también, el disco es un llamado a que no se acabe el antiguo carnaval, el originario, que coincide con la fecha de la abundancia de la alegría y la cosecha. No está grabado en un estudio profesional pero esta hecho con sentimiento. Por eso, me animo a cantar. Canto feo pero sentido (risas).

-¿La mayoría son ritmos tradicionales de la región?
-Es que quería aumentar el caudal de temas alegres porque no hay muchas composiciones nuevas en ese sentido. Por ahí se están tocando muchos temas de Bolivia, pero también creo que cada pueblo tiene identidad, tiene experiencias y tiene músicas para aportar y, por eso, quería hacer un aporte con la mirada local. También quería darle nuevo material a los grupos que tocan temas alegres en carnaval y, por suerte, ya hay muchos grupos que están haciendo mis takiraris, cuecas y bailecitos.

-Todos los temas son de tu autoría. ¿Esa idea de hacer tu aporte como compositor viene de esa experiencia en el grupo con Ricardo?
-Cuando empezamos con Ricardo esa era la idea. El había grabado un disco anterior pero no tenía mucho empuje. Yo como soy temperamental le decía: “Llueva o caiga piedra tu música tiene que surgir”. Estuvimos 18 años en la lucha para que se difunda su obra y eso por suerte ya está. Ahora me toca mostrar mi aporte como músico.

-¿De tocar en las fiestas a subir a los escenarios, cuando sentís que te convertiste en artista?
-Yo te digo la verdad, no me siento artista. Me considero un humahuaqueño que aprendí a tocar el instrumento y a través de ello expresarme. Y fijate que con Vilca nunca aspiramos a ser famosos en ningún sentido o vivir de la música plenamente. La profesión estuvo siempre en un segundo lugar, porque como bohemios tocábamos en todos lados. Para ser artista hay muchas cosas que dejás de lado y nosotros siempre fuimos músicos de pueblo, que nos llegó a escuchar gente de todos los géneros, desde los clásicos hasta los roqueros. Nosotros siempre hicimos música por amor a la cultura, al arte, por amor a uno mismo.

-¿En la quebrada tocar música forma parte de la vida cotidiana?
-Acá se toca todo el tiempo. En carnaval tocás, en Navidad tocás, en la quebrada no hace falta un escenario para tocar. Muchísimos como yo lo hacen.

-Ese espíritu se transmitía en Vilca y sus amigos.-
Esa era la base que había en el grupo. Cuando armamos los dos vientos, charango y la guitarra, era ese el pensamiento. Llegar a la gente de forma directa y olvidándote de otro intereses. Con Vilca hemos estado noches y noches tocando para dos personas o para cuatro y eso ha ido sumando, entonces la gente te conoce como persona, no en el escenario. Con Vilca no hemos estado aspirando a ser famosos. Me acuerdo que un momento venían a buscarlo de Buenos Aires y parece que algún productor se decepcionaba cuando lo veía, porque era medio cabizbajo y él les pedía que le invitaran un vinito (risas).

-¿Cómo fue el encuentro con Vilca?
-Yo recién volvía de Europa después de ganar el concurso. Ese regalo de la vida me llevo a conocer música de China, India y África, además de la música clásica. Venía con todas las pilas y con la mente abierta. Cuando voy a visitar a mi hermana Mecha en La Banda conozco a Ricardo. Compartimos un par de bifes, unos tintillos y me fue mostrando sus temitas. El decía que se sentía medio solo en la música y yo estaba entusiasmado con sus temas. Compartimos experiencias, nos quedábamos charlando, tocando algo hasta las tres de la mañana, o salíamos a mirar la luna con unos catalejos que él tenía. Entre música y experiencia empezamos a compartir y eso fue armando como una amistad. Música y amistad, ahí estaba toda la clave del grupo. Yo venia con la búsqueda de algo nuevo, mucha energía y el estaba como esperando alguien que tenga esa idea. En seis meses de machaditos dijimos: ¡“Hagamos un teatro” y se llenó! Así conquistamos Jujuy, de la noche a la mañana.

-De tocar para cuatro personas a estar frente a un estadio lleno ¿Como vivieron esa popularidad?
-Todo fue pasando con el tiempo. Me acuerdo que la primera vez que tocamos en Buenos Aires en el Teatro Santa María había unas 200 personas y para nosotros era un logro gigante. Fue muy emotivo estar ahí porque ese era un sueño muy distante para nosotros, porque en nuestro propio lugar nos decían que hacíamos música para muertos. Pero nosotros sabíamos que siembre en nuestros conciertos teníamos dos o tres personas llorando cuando terminaban los temas y eso te hace sentir muy bien. El tiempo, después fue armando las cosas como un árbol, fue creciendo, creciendo y creciendo.

-También pasó que Ricardo se transformó en una suerte de gurú musical
-Cuando uno va creciendo el entorno va cambiando. El mucho alabarte te hace daño y es una manera de envenenarte, entonces caes en el alcohol o en la droga… en algo caes. Lo que pasó con Ricardo es que le decían “Vos sos un Dios”, entonces se lo llevaban a chupar y no lo cuidaban. Entonces el físico se denigra y ahí esta la historia. A Vilca eso lo llevó a enfermarse.

-¿Pensás que su música fue reconocida?
-Creo que nadie es profeta en su tierra. Humahuaca estaba de pie el día que murió. Pero creo que la vida sigue y si alguien como Vilca murió físicamente espiritualmente hay que mantenerlo, es como una religión, como un pensamiento distinto. Ahora no se escucha casi nada de su música por acá, volvió a ser como antes.

-¿A pesar de eso cuál fue su importancia en la Quebrada?
-Creo que Vilca llevó la imagen del humahuaqueño y el jujeño, a un lugar muy alto. Antes éramos los coyitas que hacen música pero cuando aparece Vilca y sus Amigos sonando en serio a muchos les ha causado una impresión grande. Sus composiciones sonaban en el Teatro Colón, fue reconocido por la UNESCO, tocó en Madagascar y todo eso le dio un estatus a la música de acá. Eso compromete y ayuda a tomar en serio la música de la quebrada.

-¿Querés seguir haciendo la música de Vilca?
-Esa es la idea sino pasaba esta tragedia. Yo paralelamente estaba haciendo lo mío. Ahora al irse Vilca, cambian muchas cosas. La idea mía es hacer su música pero con coherencia. Su sonido es muy tranquilo y pacífico, basado en sentimientos profundos y uno tiene que actuar parecido a lo que toca. Cosa que nos cuesta porque los músicos que quedamos tenemos temperamentos distintos, otras cosas internas y va a costar encontrar la gente justa para seguir con este proyecto de Vilca. Con él había que compartir algo más que la música. La música es sólo un momento de la vida. Todo es un círculo. La música, la amistad y la vida tienen que entrejugarse.

-¿Qué nos dejó su música?
-En su caso el verbo escuchar era más que eso, había que practicarlo. Era un tipo que decía una palabra como un disparador. Entonces vos en tu mente si sabías captar la idea musical o la palabra podías tomar un vuelo increíble, pero sino por ahí te podía sonar algo vacío. El por ahí te decía: “llamita, llamita, llamita”… y si vos estabas muy perceptivo se te venía a la mente un paisaje de una llama y como vivía la gente en ese paisaje, como sufre el frío y, por ahí, con esa sola palabra vos internalizabas toda una idea y salían esas melodías de la puna. Pero si sos sordo, vas y vuelves como si nada. Para mucha gente era difícil entender ese mensaje musical, porque a través de escucharlo podías actuar para bien de otra gente. Era un compromiso difícil pero él te ayudaba a ver las cosas en serio.

-¿Como era?
-Era un hombre de palabras cortas, muy callado como en su música, donde cada toquecito te decía algo. El por ahí me decía: “No tiene que ser esa nota. En vez de una octava alta en la quena tenemos que hacer una nota más baja para que de una sensación de tranquilidad o si es más de euforia tenemos que golpear los instrumentos y hacer rasguidos más fuertes”. Buscábamos recursos dentro de la música para llegar al mensaje exacto.

-¿Como surgió el arreglo de “El último tren” que se transformó en un caballito de batalla del grupo?
- Por un lado Vilca tenía esa historia que su papá había sido ferroviario. Entonces todo eso era como se le va haciendo una pelota adentro que el después sacar a relucir en una música. Para mí era fácil. Si hablas del tren hay que empezar así y ya esta. El tema estaba casi listo pero faltaba ese sonidito que puse en el momento adecuado y gusta mucho, es como una fantasía musical. Una vez entre músicos se jugaron apuestas de cómo respiraba. A mi me causaba gracia. Es algo simple. Yo me imagine el tren e imite eso, esa es toda la ciencia.

-¿Y cuál era el secreto de la música de Vilca?
-Su música tenía mucho misterio. Era como con los catadores de vino, en una sola gotita podés detectar un montón de cosas. En él con tres notas ya podías sentir lo que quería transmitir. Siempre había un acorde simple, no buscaba enredar la música o hacer algo que impresionara. En realidad lo que te llega al alma es lo más simple. Es a la inversa de lo que piensan muchos músicos que buscan algo sofisticado y se hace tan complejo que no se expresa. Vilca era al revés, hacia lo más simple y con dos notas apenitas que ni sonaban sentías que la oreja se te estiraba un montón. Ahí estaba el secreto de su música.

Gustavo Patiño

Un guiso de cordero humeante. Risas alrededor con tonada jujeña. Un vaso de vino. En Tilcara, el músico Gustavo Patiño se siente otra vez en su casa. Después de siete años de residencia en España el artista volvió a la quebrada para concretar el sueño de una sala de conciertos llamada Kuntur, ubicada a pocas cuadras de la plaza principal del pueblo.
En ese rincón de la quebrada Patiño desarrolló una carrera notable como instrumentista y se proyectó a todo el país con un repertorio de composiciones de su cosecha. La versatilidad para tocar instrumentos de vientos relacionados con la región andina, que en algunos casos, el mismo fabrica, lo ubicó en un lugar destacado en la región.
Patiño lleva editados ocho discos, sus temas fueron grabados por artistas como Mercedes Sosa y el Dúo Coplanacu, y participó del álbum “Servicio de Lavandería” de la estrella colombiana Shakira.
Nació en el pueblo de Lima, en la provincia de Buenos Aires, pero eligió a Tilcara como su lugar en el mundo. En su música conviven los ritmos ancestrales que suenan en las fiestas devocionales y otras influencias, pero en sus temas siempre está presente el paisaje interior del hombre quebradeño y la puna.
Patiño disfruta de su nuevo espacio y cuenta relajado sus proyectos. “Estoy empezando en mi estudio casero un disco que se va a llamar “Coplitas tilcareñas”, con canciones que compuse hace muchos años, pero que están inéditas y las canta mucha gente, que estará listo a fin de año. El otro proyecto es un álbum temático con canciones que le fui componiendo a la gente del pueblo con sus oficios. Y, por último, quiero hace un disco de proyección, con cosas de aquí pero más electrónicas”.

Gustavo Patiño

-En tus discos aparecen sonidos folklóricos y urbanos. ¿Son distintos lenguajes musicales que forman parte de una misma búsqueda artística?
-Yo creo que soy una fusión de cosas. Mi persona es eso. No hablo de mi música como algo folklórico sino que busco testimoniar mi vida compartida con otra gente, ya sea acá en Tilcara o en Andalucía, donde estuve viviendo hasta hace unos meses. Por eso, algunas cosas suenan más autóctonas y otras son más de proyección. Te puedo mostrar cosas de hace 20 años que suenan fusionadas, pero también tuve la oportunidad de que se difunda más mi veta folklórica que uno la vive acá cotidianamente y de forma natural.

-¿Qué te interesa reflejar en tus temas?
-Todas las canciones tienen que ver con cosas vividas. Si hablo de una persona como Walter Choque Vilca, es un amigo con el que compartí algo de su vida o sino escribo sobre lugares por donde pase o ví determinados problemas. Me gusta componer lo testimonial y lo cotidiano de cada lugar.

-¿Te gusta más interpretar tus temas que recrear motivos populares antiguos?
-Es que me gusta tocar lo que compongo, salvo algunos clásicos populares de la zona que se han difundido tanto como “Tonada para Remedios” o “Salaque”, que ya se los identifica conmigo. En algunos casos, gracias a gente como Los Coplanacu que las difundieron mucho. Pero prefiero tocar mis propias creaciones, que van atadas a las cosas que vivo, algunas más apegadas a la tierra y otras más de proyección. No tengo prejuicios.

-¿Qué fue lo que te cautivó del lugar?
-Conozco Tilcara desde que vine a los 6 años. Tenía parientes aquí y venía seguido de pequeñito. Enseguida me gustó el paisaje, pero creo que si no existe el paisaje humano no existe lo otro. Desde chico lo que más me ha marcado fue ese paisaje humano, esa convivencia con la gente. Creo que todo pasa por ahí y por la propia identidad como pueblo, como comunidad, que más allá de la política y la religión que son temas que dividen a todos los pueblos, hay una unidad en muchos aspectos de la vida social.

-¿Participás como músico en las fiestas populares?
-Yo colaboro mucho con las bandas de aquí como Los Veteranos de Tilcara, componiendo temas o afinando cañas para los pesebres. La maravilla es que la música es un condimento diario y no es un espectáculo, es un elemento más que no puede faltar y es fundamental para acompañar todos los momentos del ser humano. En cada fiesta hay músicas distintas interpretadas por gente que no está abocada o estudia, sino que esa actividad es un elemento más de lo cotidiano. Aquí se toca en la banda de sikuris para Semana Santa, entonces se ensaya un poco, se toca y después nunca más; llega el carnaval se agarran las anatas y después se deja; y llega navidad se agarran las quenas y se dejan; pero todo esta hecho con un sentimiento muy profundo que, claro, marca mucho.

-No esta la idea del músico como artista.
-No, eso es lo maravilloso. Los instrumentos acompañan la vida cotidiana de la gente común, que es participe de todo eso. No es como en otras culturas, que alguien te pone una canción o un disco que marcó parte de tu vida, sino que acá sos vos el protagonista.

-¿Y como se mantiene esa música tradicional en la región?
-Ahora hay como 40 bandas de sikuris compuestas por treinta personas cada una y se siguen reproduciendo. Si hacés la cuenta te encontrás con que la cuarta parte de la población está tocando en las bandas, en el momento de una festividad como la ascensión a la Virgen de Punta Corral. ¿En qué lugar del mundo pasa eso? Es maravilloso ser participe de eso y no mirar de afuera. Si hay que hacer un caño de plástico para hacer una corneta o un erque no me lo cuestiono como artista, porque acá la música folklórica es una cosa viva, que se mueve todo el tiempo. Sino pasaría a ser esa cosa tradicional, pasiva y muerta. Esto, en cambio, está continuamente moviéndose, adaptándose, como la vida.

-¿Cómo te repercutió que Mercedes Sosa grabara un tema tuyo?
-Cuando me preguntaban que sentía cuando Mercedes cantaba un tema mío yo decía que era maravilloso que semejante historia musical y esa voz tomen un tema mío. Para mí, eso es tan emocionante como sentir el anonimato de componer una canción, una marcha, una diana, una adoración, especialmente para una banda de sikuris y que después otras bandas lo escuchen, tomen el tema y lo toquen sin saber quién lo hizo. Eso te da un arraigo y un honor tan grande como que una artista como Mercedes te grabé una canción.

-¿Como notás el movimiento de la quebrada artísticamente?
-La parte popular sigue creciendo con sus formas y a nivel artístico han salido un montón de grupos musicales formados por los chicos que se han largado a cantar. Esto es un cambio notorio porque lo que siempre había eran grupos instrumentales, un poco por la propia naturaleza del lugar y también por la parte turística. Noto un crecimiento importante en cantidad, aunque todavía no hay tantas propuestas de peso. Pero si creo que es muy importante la cantidad de chicos que están tocando artísticamente, porque eso da pie a que surjan propuestas originales. Hay mucha movida a partir del turismo. Entonces como hay espacios y comedores, donde se necesitan músicos, eso permite que haya grupos tocando todos los días. Eso ayudará a que se arme un movimiento más identificado con lo que está pasando en la quebrada.

Nora Benaglia

La casa de la cantautora Nora Benaglia se esconde en una falda de Villa Florida, un cerro con vista al pueblo de Tilcara, donde compone, ensaya y graba sus canciones. Su marido trabaja la tierra y vende los productos que cosecha en su huerta orgánica. Ella es profesora de música en distintas escuelas rurales de la quebrada y la puna y lleva adelante un proyecto musical con los chicos que recibieron el subsidio del Fondo Nacional de las Artes. Cuando llegó a hace diez años a Tilcara, escapando de la vida urbana de La Plata, se topó en el camino con la luminosa figura del humahuaqueño Ricardo Vilca, que influyó decididamente en su arte. “Yo no me daba cuenta, nadie lo hacía, del espacio vital que Ricardo ocupaba era imperceptible como en su música, uno escuchaba las quenas pero ahí abajo sosteniendo todo estaba él con la guitarra. Es impresionante. Soy una agradecida porque creo que si llegábamos unos años más tarde no lo cruzábamos. Ese si que era de otro planeta”, dice Nora, con una leve sonrisa y un brillo que se le posa sobre los ojos.
En su travesía como cantautora, otro encuentro, pero con el luthier Hugo Nadalino, fue decisivo para conformar una muy buena dupla compositiva que reafirmó su camino como autora. De esas primeras reuniones surgió su primer disco “Voy”, grabado en una porta-estudio casera, editado de forma artesanal y donde aparecía el paisaje musical de la región. El segundo y reciente material llamado “Voces”, fue grabado en La Plata, a lo largo de las visitas que hacía a sus familiares, con un condimento más urbano y sonidos latinoamericanos.
En el verde de su casa, su gato ensaya cacería de pájaros y la voz de Nora Benaglia recorta con timidez el leve murmullo de los molles. Circula un mate y la ronda de palabras.

Nora Benaglia

“Estoy en un momento distinto a cuando grabe mi primer disco”, cuenta Nora.

-¿Por qué?
-Este material lo hice en La Plata, cada vez que iba a visitar a mi familia. Pasaba, grababa dos temas y me volvía a Tilcara, hasta que complete las quince canciones.

-¿Cuál es la diferencia con tu primer disco?
-El primero era como un encuentro que hubo con el Nadalino y Ricardo Vilca, así que fue un disco de confluencia de gente. En este yo estaba más sola (con lo bueno y lo malo), más liviana, además es más austero y despojado. Es un disco, donde cumplo una deuda conmigo. A veces pienso las cosas que puse en el primer disco, por estar en estos primeros pasos y creo que sino hubieran estado Vilca y Nadalino no se si hubiera grabado un disco. Ahora estoy sola, es mi tiempo.

-¿Cuanto influye el lugar en tu música?
-Es raro porque Tilcara a pesar de estar alejado es un lugar de paso de gente que trae cosas y mucha música, y eso va formando parte de tus canciones. Hace poco pasó Rosario Blefari con las que nos hicimos amigas. Ella vino a dar un taller de canciones y me decía porque no hacía más letras mías. A partir de ahí, salió una canción y otra y otra. Eso se movió gracias a ella. Yo por ahí empezaba, pero dentro de cinco años. Otra vez estaba tocando en un bar de acá y canté un tema de la uruguaya Rosana Taddei que me gusta mucho y alguien del público se acercó y me dijo que era amiga de ella. A partir de ahí estamos en contacto. O, por ejemplo, al Chacho Ruiz Guiñazu que lo conocí volviendo en una combi del aeropuerto y terminamos tocando una noche. Esos encuentros que se dan acá son muy lindos. Uno es como que está esperando y la gente pasa y se terminan armando cosas todo el tiempo.

-¿Eso le da a tu música un aire folk pero también muy urbano?
-A veces me veo que estoy con el poncho y otras veces ando con unos anteojos de sol y campera de cuero. Entonces soy la misma mujer que canta una canción o saco unas coplas y por ahí las toco con la guitarra eléctrica y suenan bien. Estoy buscando una voz propia.

-¿Cuales son tus referencias musicales?
-Eduardo Mateo es una referencia muy fuerte. Me tomé el atrevimiento de haber escrito una canción con música de Mateo donde lo encuentro con Ricardo Vilca. También escuché mucho a Caetano y el Cuchi, por más que estéticamente mi música no suene así. De chica en mi casa sonaba mucho Soledad Bravo y Mercedes Sosa . Y muchas cosas más, que me gustan sin la inconsciencia de la niñez. Hay gente que tengo ganas de conocer, pero tranquilo ya me los voy a cruzar en el camino de Tilcara.

-¿Cómo es tu vivencia como maestra rural?
-Es una vivencia muy primaria y muy linda que alimenta todo lo demás. En las escuelas tengo esa misma sensación de libertad que vivo en los escenarios. Para mí, es un momento que van decantando muchas cosas porque son caminatas tan largas, de doce horas, donde vivís experiencias muy fuertes. Hay momentos que decís: “Acá esta mi límite”. Comenzás a lagrimear y al rato el cuerpo otra vez arranca. Me acuerdo una vez que volvía de Abramayo y había un lugar con mucha puna. Estaba perdida y no podía volver. Entonces apareció una vicuña por el cerro y ella me ayudó. Es como que me decía algo, emitía algo…ellas hacen un ruido fuerte y agudo, es impresionante, y encima no había nadie. Yo le hablaba, ella me fue acompañando y así llegué. Esa experiencia me impresionó mucho porque yo no soy creyente pero estaba segura que esa vicuña estaba puesta ahí para ayudarme.

-¿Que balance hacés de tu vida quebradeña?
-Es bueno estar acá. Cuando nos fuimos de La Plata sabíamos que no queríamos estar allá. El lugar te marca por lo que te da y te niega, son carencias que uno asume como natural. Acá el lugar te da muchas cosas y te niega otras pero al haberlo elegido no hay carencias. Además tenemos esa facilidad de ir y volver. La familia está lejos, pero van y vienen. No extraño el movimiento o la gente, sino sólo la familia. Uno nace por azar absoluto en un lugar, así que por que tenés que obedecer eso.

-¿Cómo se vincula tu labor como maestra con tu parte artística?
-Cuando soy maestra me veo como un espejo de los chicos. Yo estoy con ellos y trato de no traicionar su imagen para que se vean así como son, porque los medios son terribles como los van torciendo a un solo lado y para mí la fortaleza de ellos es lo que tienen culturalmente. Con respecto a mí tarea como artista de la zona siento cosas raras. Por ahí, me veo mostrando coplas en un lugar donde esta tradición es muy fuerte, siendo una platense “atilcareñada”. Siento que estoy tomando huellas que no son mías, pero sé que las tengo caminar porque siento que ahí me reconozco y que vale la pena. Haciendo esas huellas también me voy encontrando.

La Rioja: Entre Coplas y Azahares.

Paisaje riojano

La Rioja late al compás de la chaya, ese ritmo que es característico del carnaval, pero que vibra durante todo el año en las exquisitas voces que se renuevan de generación en generación. Es una ciudad chica pero con un invalorable patrimonio musical, donde resaltan los nombres de Ramón Navarro, Pancho Cabral, Pimpe González y el inolvidable Chito Zeballos, entre otros. Ese poder creativo se multiplica casi a diario, con un Pica Juárez comprometido con la realidad social, Kike Álamo con la fuerza en la interpretación y Carlos Ferreyra con su voz cálida e incomparable, junto a tantos otros que logran hacer historia a diario en su lugar o en otras provincias hacia donde migraron.
Ramiro González vive hoy en Córdoba y cuando le preguntamos que es lo que más extraña, nos responde que a sus compañeros músicos. Dice que en el ámbito de la música todos se relacionan como hermanos y que la “movida” de La Rioja es como un universo aparte. Nosotros viajamos a conocer ese universo colmado de magia, historia, caudillos y paisajes.

Viejos chayeros de cuanta.

Librevoz

“Cuanta”, es una expresión popular en La Rioja que significa “de hace muchos años atrás”. La larga y trascendente historia musical de esa provincia dentro del panorama folklórico se remonta a aquellas épocas en las que comienzan a sonar en todo el país, en las radios AM, Los Andariegos, Los Nombradores, Los Nocheros de Anta y Los Huanca Huá, entre otros.
Cuando hoy se le pregunta a un joven músico riojano quiénes son sus referentes, la respuesta es unánime: “Rioja Trío”, “Grupo Vocal Norte” y “Librevoz”. Estas agrupaciones tienen características comunes: todavía pisan fuerte en los escenarios, proyectan nuevos discos y continúan con sus ensayos semanales con la disciplina y la constancia que solamente genera la pasión.
Entre acordes y charlas, durante un ensayo, Rubén Garcerón del Grupo Vocal Norte nos reveló: “la fórmula para permanecer vigentes durante más de veinticinco años es el respeto” y mientras dice esto, sus compañeros comienzan a cantar la “Zamba azul”. Todos se muestran orgullosos de lo que generan entre los jóvenes, pero lo sienten como una responsabilidad muy grande.
Dentro de la movida local los integrantes de Librevoz (Andrés Flores, Camilo Mata y Nicolás Carrión) fueron fundadores o responsables en la formación de otros grupos, dúos y coros de La Rioja. Andrés Flores es el director y fundador del Coro de Niños Cantores con el que viajó por todo el país y por Europa, además formó Algarrobal y Azahares; Camilo Mata formó un cuarteto de mujeres llamado Las Brujas integrado por la Bruja Salguero, Silvina Molina, Anita Galleguillo y Alejandra Herrera, las cuales tuvieron rotundo éxito, también es reconocido en el ambiente coral y es solicitado en diversas provincias. Por su parte, Nicolás Carrión es también integrante de Rioja Trío, otro grupo conocido por sus arreglos vocales. Juntos cumplieron veinte años de permanencia en el medio, grabaron múltiples trabajos discográficos y continúan vigentes. Cuando asistimos al ensayo del grupo afirmaron “las buenas relaciones humanas son un factor determinante para la continuidad del grupo”.

Alfredo Romero

Otra formación muy nombrada en el ambiente de los grupos vocales es Aguablanca. Alfredo Romero, su líder, ganador del Pre-Cosquín 2007 en este rubro, sostiene: “no es casual la aparición de tantos grupos vocales en La Rioja. La historia se remonta al año ´92 cuando el grupo Horizonte organizaba peñas con características de espectáculo de música vocal a los que asistían más de mil personas, donde la mayoría eran alumnos de secundaria, ese fue un punto de partida para la formación de las nuevas camadas, ya que todos ansiaban emular, a su manera, esos interesantes proyectos”. Otra gran influencia fue la creación la Escuela Nacional de Artes, conocida como “el Polivalente”.

Luis Chazarreta

Uno de los puntales de la producción actual riojana es el músico Luis Chazarreta, considerado un eximio guitarrista y un excelente técnico de grabación, productor artístico y director orquestal. Gran parte de los discos que se producen en esa ciudad y que pertenecen a los artistas riojanos se grabaron en su sala “El estudio de la cuerda”. Comenzó a construirlo llevado por la necesidad de contar con un espacio para grabar su música, pero jamás pensó que, años después, terminaría siendo el responsable de la mayoría de los trabajos de sus comprovincianos. Allí grabaron como invitados de algunas producciones Alfredo Ábalos, Raúl Carnota, Peteco Carabajal y Ramón Navarro. Actualmente, este estudio es requerido por numerosos artistas de otras provincias que, al conocer la trayectoria de Chazarreta, alzan sus instrumentos y se dirigen hacia la capital de la chaya. ¿Por qué sucede esto? Luis declara: “no puedo con mi genio, al escuchar un acorde quizás fuera del lugar, inmediatamente tomo mi guitarra, lo corrijo y hasta algunas veces termino grabando yo mismo”.

La obra cumbre.
En 1985 se edita el disco de La Cantata Riojana, obra plasmada por el músico Ramón Navarro y el poeta Héctor David Gatica. La primera presentación en vivo se realizó en el mismo año en el Teatro Susex y luego prosiguieron las giras por los dieciocho departamentos de la provincia y por doce provincias más. Además se hicieron presentes en el Festival de Cosquín y en los teatros más importantes de Buenos Aires, incluido el Cervantes, el San Martín y nuestro máximo coliseo el Teatro Colón. En la primera etapa del espectáculo participaron reconocidos artistas riojanos como Chito Zeballos, Rioja Trío, Colacho Brizuela, Hugo Casas, Ramón Navarro (hijo), Pancho Cabral y Luis Chazarreta.
En el año 2000, una camada de jóvenes artistas la vuelve a representar en el Teatro Víctor María Cáceres ante dos mil personas y con una multitudinaria asistencia de público en Chilecito.
“La Cantata” es reconocida como la obra cumbre de la provincia debido a su vigencia y a que relata en doce temas, el pasado y presente de esta noble tierra.

Entre chayas, harina y albahaca llega el carnaval.

Mayela Gordillo

El carnaval es una fiesta profana celebrada desde hace milenios por los riojanos. El popular barrio de San Vicente, epicentro chayero por excelencia, es considerado el barrio de cantores y poetas.
Allí vive Mayela Gordillo, vidalera al igual que lo fueron su madre y su abuela. Desde muy niña, junto a ellas se dedicó a la construcción de las que hoy se llaman “cajas chayeras”, pero que años atrás se denominaban tambores ya que eran de un aluminio muy grueso y se fabricaban sobre una especie de tachos que contenían alcohol y un hojalatero que le daba la forma. Luego de este proceso se les colocaba cuero de cabrito de un lado y de liebre del otro.
Mayela cuenta con nostalgia la historia de los viejos carnavales, los cuales se realizaban en lo que hoy se llama el “Estadio del Centro”, sede oficial del Festival de la Chaya. “Se cantaba en el día, la tarde y sobre todo en la siesta que es cuando más se festeja el carnaval en La Rioja. Se juntaban las comadres, las familias que eran poquitas con sus casas a veinte cuadras de distancia y se quedaban por tres días en mi casa; traían la comida, venían a caballo, mula o burro con las alforjas cargadas. No eran fiestas populares, sino familiares”, sostiene con cierto aire de nostalgia en su mirada.
La legendaria chayera sigue el relato: “Cuando murió mi madre yo me propuse enseñar a cantar, romper esa tradición de que había que ser adulto para cantar y participar. Les enseño a mis sobrinos para que no se pierda esa tradición. Hubo cosas terribles como el exterminio de nuestra raza. Fue muy duro mantener eso, seguir adelante y tener coraje para querer hacer y no dejar que se lleven todo”.
“En frente de donde yo vivo era el Pukial, nombre quichua, pero que ahora se llama Estadio del Centro. Antes era abierto y ahora es cerrado, para nosotros siempre fue el carnaval, ahora es el festival de la chaya. Nosotros cantábamos ahí como si fuera nuestra casa, hacíamos un rancho ahí mismo y nos poníamos a cantar y vidalear con los amigos. Ahora todo el sistema hizo que esto sea un negocio y ya no permite que la gente humilde se acerque a tomar un buen vino y a comer unas empanadas picantes, eso ya es inalcanzable para el bolsillo de la gente humilde”, denuncia la cantora.

Palabras de Angelleli

Pero Mayela no es solamente vidalera. Tuvo la oportunidad de vivir numerosas experiencias muy cerca de Monseñor Angelelli, quién a su muerte era el obispo de la provincia de La Rioja, asesinado en agosto de 1976. Angelelli es un símbolo de fe en la provincia, se caracterizó por estar junto a los trabajadores en sus reclamos y con los campesinos impulsando su organización cooperativa. Denunció la usura, la droga, las casas de juego y el manejo de la prostitución en manos de los poderosos de la sociedad riojana. Visitó los barrios alentando a los vecinos a solucionar el problema de la vivienda y organizar una cooperativa de consumo. Recorrió toda la provincia visitando los pueblos más remotos y olvidados. Cuando le preguntamos por Angelelli, con una mezcla de tristeza y seguridad afirma que luchaba por la verdad y la justicia y que ese ejemplo la marcó toda su vida. Por eso Mayela, que es empleada doméstica desde los ocho años de edad, fundó el Sindicato de Empleadas Domésticas junto a otras mujeres de Catamarca y La Rioja. La sede, coincidentemente, queda en el mismo lugar donde vivía Angelelli en el año ´73. “Soy muy sencilla, entonces no me gusta mucho esa cosa de la actuación -comenta entre risas, la vidalera. Pero con el canto aprendí que se puede usar también para denunciar, y así estuve por el interior visitando a las compañeras, llevando el mensaje de la buena nueva, viendo como podemos hacer cumplir nuestros derechos”. La voz de Mayela es el testimonio de una historia riojana, que sigue viva en la memoria de su pueblo, y en el canto nuevo de una generación que va dejando su huella en el folklore.

Rioja Trío: “Nuestro destino pasa por el trío”.

Rioja Trío

Rioja Trío es uno de los grupos vocales que tiene una permanencia de más de treinta años en el ámbito musical de la provincia. Integrado por Jorge Santillán, Ángel Molina Torres y Nicolás Carrión, llevaron los ritmos propios de la región al Teatro Colón cuando formaron parte de la mítica “Cantata Riojana”. A pesar de no estar realizando presentaciones en este último tiempo, reciben diversas distinciones y reconocimientos.
Argentina Folclore los visitó en un ensayo, entre mates y guitarras, donde reflexionaron acerca de este largo transitar y manifestaron su deseo de volver a los escenarios y grabar un nuevo material discográfico.

- ¿Cuántos años lleva el trío?
Nicolás: El grupo nace en septiembre de 1977 por la inquietud de tres jóvenes en aquel momento (risas). Copo (Molina Torres) cantaba con su amigo Nene Duarte en el dúo Duarte-Molina Torres y yo venía cantando solo. Allí se formó el trío, que con esta formación inicial estuvo un año. Luego llegó Jorge (Santillán) en reemplazo del Nene Duarte que hoy es un cantor solista que vive en Cosquín y así queda esta formación que se mantuvo durante 22 años en el ámbito de La Rioja y el país; porque tuvimos la suerte de que Rioja Trío fuera uno de los nombres importantes, que creo que fue el único grupo hasta hoy en alcanzar el Teatro Colón y que ha marcado cosas muy lindas para el cancionero popular de La Rioja, no dicho por nosotros, sino mas bien por la gente amiga y por colegas. Pasa que no había muchos tríos con esas características. Creo que supimos elegir bien el repertorio, arreglos convencionales en algunas cosas y no muy convencionales en otras, con influencias de grandes de la música que uno ha escuchado como: Los Andariegos y Nocheros de Anta. Al que le preguntes en La Rioja te va a hablar de esa gente, porque hay una forma muy especial de cantar en esta zona, somos del NOA en algunas cosas pero muy cuyanos en otras. Por ejemplo, la forma de cantar ya no es norteña, es más pausada, tranquila, melodiosa si se quiere decir. Si uno mete todo eso en una coctelera, sale una mezcla muy interesante para el que la sabe aprovechar.

- ¿Cuál fue la fórmula para perdurar durante tantos años?
Ángel: Mucho tuvo que ver el gusto musical, muchas coincidencias y fundamentalmente porque humanamente nos hemos llevado muy bien en todo este tiempo. Uno parado a esta altura cree que ha sido poco, pero somos conscientes que ha sido muchísimo el tiempo.

- ¿Cómo sobrevivieron siendo artistas independientes?
Nicolás: Venimos cantando hace muchísimos años juntos y por separado. Hay cosas que te quedan marcadas, que sobreviven porque no se contraponen los proyectos. Uno puede seguir cantando solo sin perjuicio de que se tomen temas propios del repertorio. Jorge ya tiene su disco, yo estoy armando el mío y me imagino que Copo (Molina Torres) ya armará el suyo, ya que es una de las mejores voces solistas de La Rioja y no te podés dar el lujo de que esa voz no esté rescatada en un trabajo solista.
Pero no pasa solamente por cantar solo. Nuestro destino pasa por el trío más que por cualquier proyecto individual. Nosotros lo hemos hecho por gusto

- ¿Cómo fue su participación en la Cantata Riojana?
Jorge: Eso ha sido lo más importante para el trío porque es la obra poética musical más importante que dio La Rioja, la cual nos permitió, como dijo Nicolás, poder llegar al Teatro Colón, cosa que muy pocos artistas lo han logrado y también nos abrió la puerta en otros teatros de Buenos Aires. Además hicimos una gira por todo el interior de La Rioja, por los 18 departamentos y tuvimos la posibilidad de conocer lugares que al ser capitalinos no conocíamos, ahí descubrimos la calidez de la gente de La Rioja.

- ¿Qué pueden comentar acerca de su último trabajo discográfico?
Nicolás: “Vigencia” ha sido el último trabajo del trío. Lleva ese nombre porque ya estábamos hace más de veinte años cantando y porque fue un disco hecho con mucho cariño y trabajo. Había muchos elementos que concordaban, como la autoría de temas de Jorge, la aparición de Víctor Carrión, hoy un músico consagrado, y que hemos trabajado mucho en la elección del repertorio. También nos ha ayudado Luis Chazarreta que ha sido uno de los pilares donde se apoyó gran parte de la trayectoria del trío, porque formó parte de todas las grabaciones. Luis es casi un integrante desde lo humano hasta lo musical, ya que el disco se ha grabado en su estudio. Sentimos que este último material fue el mejor hasta ahora, al menos para mí. Tuvo colorido en los temas, una variada selección de autores riojanos y se cantaron canciones que no estaban muy difundidas. Tuvimos la suerte de que casi todos los discos tuvieron canciones que quedaron con el sello de Rioja Trío: “Con el calor de mi gente”, “Esperando la vida” y “Me basta con saber” de Jairo. Una noche cuando vino para acá Jairo yo le regalé nuestro disco y después me hizo un comentario muy lindo y es que se había quedado escuchando el disco hasta tarde y que le había gustado mucho nuestra versión en trío. Cosas como esas son gratificantes…Además fue el primer disco de La Rioja que tuvo el auspicio de la Secretaría de Cultura de la Nación, algo por lo que siempre se ha tratado de luchar para que los entes comprometidos con lo cultural apoyen los trabajos. Después de haber grabado quedamos incluidos en el plantel de artistas de la secretaría, lo cual fue muy valioso para nosotros.

- ¿Cómo se sienten ante el reconocimiento que tienen en su provincia?
Nicolás: El año pasado el Consejo Deliberante nos declara “ciudadanos destacados dentro del arte” y este año nos hicieron otro homenaje del municipio por los treinta años del grupo. En ese aspecto somos agradecidos de la consideración de la gente, creo que es muy lindo que digan que has hecho un aporte a la cultura popular y que ese aporte haya dado cosas buenas. A lo mejor si le preguntas a un joven si se acuerda del trío, lo nombra como referente. El trío ha tenido una trascendencia que va más allá de las ganas y de las intenciones nuestras. Cuando se armó el grupo nunca pensamos ni dimensionamos lo que se iba a venir, solamente queríamos cantar. Pero resulta que después se vinieron otras cosas que han engrandecido mucho nuestra trayectoria y ahora nos dimos cuenta de que las ganas siguen intactas. Y bueno, ¿por qué no nos juntamos nuevamente? El homenaje del 12 de octubre fue un pretexto para juntarnos una semana antes, cantar un par de temas y recordar las letras.

- ¿Existe alguna posibilidad de que vuelvan con todo?
Ángel: Por ahora hemos acordado trabajar, nos estamos juntando un par de veces en la semana y tenemos como objetivo hacer un recital en abril o mayo, una o dos funciones, que creemos serán en el Teatro Provincial. También anda dando vueltas la idea de una grabación con todos los temas que tenemos y que día a día vamos tratando de recordar, para dejar plasmado lo que hemos hecho durante toda nuestra vida juntos.

Pedro Molina: “La felicidad del hombre está en hacer lo que uno quiere”.

Pedro Molina

Pedro Alberto Molina es uno de nuestros más trascendentes grabadores. Nació en la capital riojana, pero a muy temprana edad se trasladó con su familia a Pinchas. Desde niño comenzó a dibujar frente a un hotel que tenía su padre. Se formó en la Escuela de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba y continuó sus estudios en el Instituto Superior de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán, graduándose como Licenciado en Artes Plásticas (1962). Durante su experiencia tucumana -que resultará fundamental para su formación-, actúa como ayudante-alumno del gran Pompeyo Audivert. Profundamente interesado en el arte precolombino y el barroco Iberoamericano, realiza varios viajes de estudio por el norte de Chile, Bolivia y Perú. Entre 1966 y 1970 reside en España, perfeccionándose en Litografía en el Conservatorio de las Artes del Libro de Barcelona y en Grabado Calcográfico en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. Entre tantas cosas, también fue Director General de Cultura de la Municipalidad de la Ciudad de La Rioja. Pero más allá de su profuso currículum el “Macho” Molina es un personaje singular, gran contador de historias y leyendas regionales, artista trashumante, bohemio infatigable y compañero de aventuras de grandes músicos como el Cuchi Leguizamón y Atahualpa Yupanqui.
Argentina Folclore se dirigió a su casa en la Rioja, donde funciona su taller. En esa reunión, Molina compartió las experiencias adquiridas a lo largo de esta fecunda carrera.

Grabado Molina

- ¿Cómo le surgió la idea de recorrer tantos lugares?
- Siempre discuto con la gente joven que para ser alguien importante, además de ser autodidacta hay que aprender de alguien, porque la formación académica sostiene cualquier audacia que uno pueda hacer después en plástica. Aunque estuve en Europa y ví a los grandes maestros siempre traté de no perder la raíz, eso folklórico que va a lo mítico, a la cosa más profunda que tanto investigó Columbres. Recuerdo que un libro que fue fundamental para mi fue “El país de la selva” de Rojas donde están todos los mitos.

- ¿Cuáles fueron sus influencias?
- Recuerdo que cuando hice una muestra en La Rioja hace mucho años, un crítico de un diario me comparaba con Sabogal, un grabador peruano y con Guadalupe Posada y yo decía “¿Quiénes serán?”. Posada fue un gran creador pre-revolucionario que era un grabador popular que andaba por las imprentas para hacer la noticia del día: crímenes, terremotos, se especializó en accidentes y siempre estaba en ese movimiento. Esa fue una de mis primeras influencias. Una época viví en México y me dediqué a estudiar a esos grabadores populares. El grabado fue mi fuerte; estuve con Audivert, con otros grabadores y además me dediqué toda mi vida a pintar, a dibujar. Para mí el gran maestro del siglo veinte fue Antonio Berni, también Lino Spilimbergo y Gómez Cornet. En Buenos Aires: Victorica y Quinquela Martín. También los escultores Pepe Alonso, el Negro Juárez y eso nos fue nutriendo. Alguien dijo que la creación viene cuando se olvida todo lo aprendido, pero para olvidarse lo aprendido hay que aprender antes (risas). Cuando uno hace algo, no lo está inventando, sino que uno ya lo tenía asimilado y aflora en el caso de esa necesidad.
A diferencia de los artistas modernos que trabajan con computadoras, los llamados conceptualistas, minimalistas, yo sigo siendo un tipo expresionista que me gusta la textura. Actualmente el arte se ha vaciado de contenidos, si uno va a Buenos Aires ve al Pato “Donald”, al perro “Pluto”, a “Mickey” como una desnaturalización de contenido y es lo que viene después del liberalismo y el capitalismo, que hacen que ya no haya regionalismo. Porque el regionalismo trae implícito un negro, un tipo descalzo con machete. La globalización hace que todos nos veamos iguales y una cosa tan seria como el arte no puede estar vacía de contenidos.

- ¿Y como nació su relación con la música?
- Cuando fui a Córdoba a estudiar, casi me muero de hambre y frío. En Tucumán me avivé un poco, entonces comencé a contar cuentos. Allí conocí en los valles a los cantores de Tafí del Valle y Amaicha. En Salta fui a dar un curso y conocí a Ariel Petrocelli, Jaime Dávalos, Manuel Castilla y al “Cuchi” Leguizamón, del cual fui amigo. También del “Pato” Gentilini y “Chivo” Valladares en Tucumán. Allí me fui alimentando y además un poco por diversión entré a cantar con ellos, tal es así que en los años posteriores a la celebración de los 500 años me invitaron a exponer en Puerto de Palos, Huelva y fui con mi caja y canté con Pancho Cabral que tenía un conjunto que se llamaba “Resolana” y él me presentó como el vidalero de Aimogasta (risas).
También fui muy amigo de Mercedes Sosa antes de que ella triunfara. Siempre fue triunfadora, pero hablo antes de que fuera reconocida. Cuando yo era secretario de un centro de estudiantes en Tucumán, en los años sesenta le auspiciamos un recital. Y así fui conociendo muchas personas.
Como voy siempre a Tilcara, ahí conocí a mucha gente: a Tomás Lipán, al “Burro” Lamadrid. Es gente que siempre me alimentó con su inteligencia, su buen humor, con las canciones que tanto escuché de ellos y si no le puse más énfasis o estudio a la música es porque no se puede hacer todo. Hice lo que yo quería y a donde se me dio la oportunidad, nunca forcé ninguna ocasión. Estoy contento de haber tenido tantos amigos en la parte musical.

- ¿Por qué eligió Tilcara como su segundo hogar?
- Ante todo por la grandiosidad del paisaje. El pueblo es muy original porque generalmente los pueblos de origen indígena no quieren saber nada con gente foránea. Pero ahí se soportan hasta a los hippies (risas), es una convivencia muy fructífera. Una vez Patiño notó que es un pueblo musical, cada banda no lleva menos de 30 integrantes entonces no podemos sacar la cuenta de cuantos músicos habrá (risas). Atrae el carnaval, semana santa, la pachamama que no es una sola fiesta es todo el mes, la fiesta de San Roque y además las celebraciones de los pueblos vecinos. Son fiestas híbridas, campesinas y de raíz indígena. Yo fui por primera vez en el ´78 cuando me dieron un premio y aproveché para buscar a un tipo que me había robado unos cuadros. Entonces una funcionaria de cultura me invita a quedarme, yo le dije que estaba echado por Bussi y ella me dijo que en Tilcara la situación era diferente. Me invitaron a poner en funcionamiento la Escuela de Artes y cuando vino la democracia estuve algún tiempo allí. Mis hijos andaban por todos esos lugares y una hija se quedó a vivir allá.

- ¿Qué trabajos realizó conjuntamente con los músicos riojanos?
- Ilustré un disco de Pica Juárez que ya va a salir, pero anteriormente hice un disco que se agotó totalmente que editó Hugo Casas a donde la primera canción es de Peteco (Carabajal) y hay mucha gente de La Rioja y Buenos Aires. También en la contratapa de “La Cantata Riojana”, hay una acuarela sobre el asesinato en Barranca Yaco. Mi gran frustración fue no hacerle la tapa a un disco de Don Atahualpa Yupanqui que una vez me pidió uno de mis trabajos para Odeón de Madrid. Yo había hecho dos trabajos pedidos por él. Cuando los llevo, los brutos estos que eran medio españoles y medio yankees me dijeron: “No, nosotros queremos la foto de don Atahualpa” y mandaron la foto. Pero a él le gustaba todo lo que yo hacía.

- ¿Como se conocieron con Atahualpa?
- Lo conocí en el ´69 en la casa de un amigo cuando fue por primera vez a Madrid. En la cena le pidieron que toque algo y él dijo: “No hay problema pero primero quiero escuchar a este señor porque no hay riojano que no sea vidalero” y yo canté para él una vidala riojana. Luego Atahualpa se fue a vivir a Francia y cuando regresó a Buenos Aires, seguimos manteniendo una relación muy fructífera.

- ¿Como reciben sus obras en el mundo?
- Muy bien, a los argentinos en Europa nos ven como grandes pintores, pero dicen que no tenemos personalidad porque siempre estamos viendo el último libro que viene de París, Milán o Nueva York. Yo, estando en Tilcara vendo muchas obras a franceses, australianos y norteamericanos. Les llama la atención que yo rescate la esencia de acá.

- ¿Le queda alguna cuenta pendiente?
- Siempre la de seguir perfeccionándome. He visto a tantos colegas que cuando se mueren se desperdigan sus obras. Entonces, estoy haciendo enmarcar todo para dejar armado toda una miscelánea, un pensamiento, una imagen de un mundo que está cambiando, con respecto a la raíz y a la personalidad. Recuerdo un libro que publicó la Universidad de Tucumán que se llamaba “El mundo que se va”, entonces quizás esto después se vea como algo histórico.

- ¿Una satisfacción?
- Hice lo que sentí, porque cuando era niño mi padre quería que estudie una carrera formal y me mandaron a Córdoba a estudiar derecho y yo me fui a la Escuela de Bellas Artes. La felicidad del hombre está en hacer lo que uno quiere.

Pimpe González: “Es estrictamente necesario hacer lo que uno ama”.

Pimpe González

Proveniente de una familia de músicos, comenzó a tocar el charango a los cuatro años, siendo alumno de un tío de Jaime Torres. A los ocho años compuso su primera canción y en el secundario comenzó su fecundo trabajo en la composición y el trabajo con los instrumentos musicales. Fue integrante de numerosos grupos, armonizó conjuntos y dirigió grupos de música instrumental y vocal. Desde siempre desarrolló una actividad solista, como cantante y guitarrista. Hoy es uno de los referentes de la música popular riojana.

- ¿En qué momento de su vida se encuentra?
- Sigo en la lucha, componiendo, cantando, estudiando. Creo que es estrictamente necesario hacer lo que uno ama. Y lo mismo traté de hacer con mis hijos que son músicos y plásticos. Todo lo que tiene que ver con el espíritu, uno lo manifiesta plenamente con alegría y es maravilloso, quizás es lo único que uno pueda llevarse de este tránsito.

- ¿Cuál es la sensación de ser nombrado referente por los nuevos músicos?
– Nunca compuse con esa intención. Me alegra saber que mis propios amigos tienen una buena referencia mía. Tuve la virtud de ser un husmeador no un observador, por eso siempre tuve un repertorio muy grande. En una época me acuerdo de cantar más de dos mil canciones y todavía puedo cantar un par de días seguidos sin repetir temas. Sin ser presumido, muchos de los cantantes jóvenes y no tan jóvenes, que grabaron un disco en la provincia, sacaron algún tema que yo traje de Ecuador, Panamá, Méjico o Europa. A veces no sabíamos ni siquiera el título, pero los changos lo aprendían y lo iban cantando. Entonces, que ellos piensen en mí me alegra muchísimo porque me hacen sentir parte de ellos, de paso uno confirma una presunción que yo tengo desde siempre, que a lo mejor uno compone la letra y la música, o las dos cosas por separado y en el momento que alguien las canta ya no son de uno, las hacen suyas desde el momento que les hacen arreglos nuevos. Decía Don Atahualpa: “¿tan mal está mi canción que la han arreglado?”. Pero el respeto en la música popular es interesante, siempre hay que estar en lo que a uno más le gusta. Acá no resulta difícil que la gente hable en coplas o en versos o escriba sonetos, cartas de amor y amistad con un sentido estético, es alucinante.

- ¿Qué nos podría contar sobre sus viajes por otros países del mundo?
- Muy temprano hice dos viajes por toda Latinoamérica en la famosa moto. Era un grupo de nueve muchachos que estudiábamos en Córdoba. Seguimos la ruta de la Panamericana por Chile hasta el Estado de Chiapas. El regreso fue por el Atlántico y llegamos hasta Managua, allí se nos acabó la plata. Entonces anduvimos como 4 o 5 meses cantando y tocando, pasando la gorra hasta que conseguimos que alguien nos traiga hasta San Pablo (Brasil). Veníamos con las motos a cuestas, ya éramos 3, y de ahí vinimos a Foz Do Iguazú y después a Córdoba. Allí es donde yo intenté descubrir que pasaba con la música mía como raíz folclórica. Después tuve la suerte de ir con un grupo melódico a Maracaibo, Venezuela. Luego fui a Europa de contrabando, no me trataron muy bien pero yo me divertí a horrores (risas) con un grupo de chilenos. Fue muy interesante como experiencia, pero malo en lo que respecta al trato personal, para colmo éramos todos morochos. Pero si noté que les interesaba nuestra música; estuvimos en la radio y televisión española contando la historia de nuestros instrumentos. Conozco Europa, parte de la India, Pakistán, el norte y sur de África. Por supuesto que a vuelo de pájaro, porque sino uno no tiene otra forma de viajar

- ¿Esos viajes le dejaron alguna enseñanza?
- Ahí encontré esos resabios que nos indican que la música pertenece al mundo, no pertenece a nosotros. Uno puede descubrir en la música folclórica argentina raíces peruanas, afro, andinas, y eso me hizo pensar que de alguna manera tenía que seguir haciendo lo que hago que es cantar, componer, llevar un mensaje. Siempre salgo al interior del país. Cada cinco años voy a Buenos Aires, donde tengo amigos que me hacen el aguante y difunden mi trabajo por Internet para invitar a mis conciertos, así me traigo unos pesos. Pero aunque indiscutidamente se que es necesario que el arte tenga su pago, no es indispensable porque uno puede hacerlo desde otro ángulo. Es más difícil ahora que no se pueden conocer los alcances del trabajo cultural, el trabajo literario y musical que con Internet a perdido un rasgo hermosísimo que es el derecho de autor. Yo no cobro nunca derecho de autor, casi la mayoría de las composiciones no las inscribí, aunque muchas ya están grabadas, yo no cobro nada. Ni siquiera me dispuse a inscribirlas, algunas las inscribieron mis amigos que querían grabar los temas. Pero creo que es una herramienta importante y que la expansión es enorme. Algunos de mis amigos me dicen que me llegan mensajitos, invitaciones para tocar de alguna parte y uno va haciendo escalas en un mundo totalmente diferente con la música. En mi caso, me gusta la literatura, pero la música es mi fin en sí mismo…la alegría de tocar, de meter mano en el instrumento. Ahora ando tocando el bandoneón y el violín, no son tan difíciles como dicen que son.

- ¿Qué situación está atravesando la música riojana?
- La Rioja tiene un cambio muy interesante de hará 20 años para aquí, con un consenso moderno de la concepción de la música popular. Hay canciones, zambas, vidalas que tienen más de sesenta años y si uno las compara con las que se escuchan actualmente hay una diferencia abismal en cuanto a la calidad de la composición. Pero La Rioja hizo algo muy bello hace unos años que fue la creación de una Escuela Nacional de Artes, la Polivalente. Como consecuencia de eso apareció el Profesorado Nacional de Artes. Sumado a eso, el regreso de muchos artistas jóvenes que habían ido a estudiar a otras ciudades (Córdoba, Buenos Aires, Rosario y Europa) como instrumentistas y directores. Ellos trajeron la idea de que uno puede ejecutar un instrumento de manera intuitiva, pero si a eso se aporta lo escolástico el margen de error es mínimo y la posibilidad de ejecución es mucho más valedera. De pronto apareció una cantidad de gente joven con un valor impresionante: Víctor Carrión como vientista, el Charrito Flores que estuvo en la escuela del Colón y es una maravilla; guitarristas como Luis Chazarreta; arregladores como el Negro Mata; y algunos chicos de Chilecito. Hay una cantidad enorme de instrumentistas y La Rioja siempre ha tenido muy buenos cantantes, chicos con voces muy profundas, mujeres con muy buenas voces y una cantidad de muchachos que no llegan a treinta años y son maravillosos, cada uno en su rubro. Hay grupos de música clásica, percusión latina, y debemos tener cerca de quince grupos vocales importantes. Mientras el proyecto sea amar lo que uno hace y entender que hay que predisponerse para bien no hay que preocuparse, sino ocuparse en estudiar y seguir soñando. Hay que poner empeño.

- ¿Existe alguna problemática?
– El problema que tiene La Rioja yo lo veo en otro ámbito y es no tener donde mostrar lo que uno hace. Hay pocos boliches donde uno puede tocar, hacer música y plástica. Existe una falta de políticas culturales.

- ¿Qué sintió al ver que su hijo Ramiro siguió sus pasos?
- Ese fue un hecho aparte. Ramiro fue un caso curioso siempre porque yo le enseñé los primeros pasos en el charango cuando era chico, le gustaba y aprendió sin ningún tipo de inconveniente. Yo descubrí que tocaba y que cantaba un día que habían hecho una rotativa de San Vicente. Aquí le piden a San Vicente, se prende un cirio y se le canta hasta que se apaga la vela; pueden durar dos o tres días por lo que van cambiando los músicos. Cuando se iban acabando los músicos él me dijo: “Papi préstame la guitarra o acompañame que yo voy a cantar”. Yo lo dejé ir y me sorprendí, porque afinaba y con el tiempo armó un trío con sus vecinos y entró a sonar bien y descubrí que escribía mejor de los que cantaba, porque él intentaba cantar como buen chico joven más alto de lo que le da el cuero. Tuvo un salto al vacío espectacular con la concreción de su sueño de ir tocando, componiendo y cantando lo que yo le había transmitido sin querer. Y un día descubrí que ya volaba solo.

- ¿Cómo fue la experiencia de participar en la grabación de su CD?
- Me invitó a tocar en su disco y también lo invitó a Ramón (Navarro) que es mi amigo del alma y es mi ídolo. Entonces, resulta muy curioso tener que reconocer que los chicos crecen de acuerdo al ámbito donde desarrollan su inclinación, con una alegría inmensa y con una sensación de libertad, eso es lo que me sorprende de Ramiro. Hace poco estuvimos tocando en el patio de su casa para el cumpleaños de su hijo y él siempre está con una canción nueva y me hace acordar a mí, porque yo en la secundaria no había un día en el que no escribía una canción, ya sea zamba, chacarera, gato, bolero, tango, todos los días componía algo. Pero él supera largamente la idea que yo tenía de tocar y está rodeado de muy buenos músicos. Yo creo que la sensación de alegría trasciende todo lo imaginable, mis nietos cuando escucharon la prueba del disco no distinguieron si canta Ramiro o canto yo. Tenemos timbres muy parecidos y el modo de tocar también. Él es un peleador social, no peleador de hechos consumados, sino que él razona que este mundo no está parejo y me parece maravilloso que sea así, porque no todo está dado al alcance de la mano y en la medida que uno tenga la capacidad de soñar y seguir soñando, el mundo no está perdido. A cada uno le cabe la reflexión de decir “¿estoy encaminado haciendo lo que realmente amo, lo que realmente me gusta, lo que decido que quiero hacer?”. Muchas veces uno toca por tocar y no es así la cosa. No canta quién tiene bella voz, sino quién tiene intención de hacerlo y me parece que eso es maravilloso.

Ramona Frescura: “Seguimos usando las manos”.

Ramona Frescura

Al ingresar a Pinchas, un pueblo ubicado a 78 kilómetros de la capital riojana en el departamento Castro Barros, uno de los principales atractivos es un cartel que dice “Tapices Frescura”. Una flecha nos dirige hacia un local de venta de artículos regionales como los que hay en diferentes pueblos del interior del país. Pero su anfitriona es un personaje muy particular que se llama Ramona Frescura, una telera que recorrió parte del mundo con su arte, valora la sabiduría de la naturaleza y se preocupa por rescatar las raíces de su pueblo con el fin de plasmarlos en sus trabajos.

Tapices Frescura

- ¿Por qué eligió dedicarse a esta actividad?
- Aunque parezca mentira, yo empecé a hacer esto de criatura porque nos hacían urdir las mantas. La tarea cotidiana era entre los niños y los ancianos. Esto era permanente en los pueblos y los niños aprendíamos sin que nos estuvieran obligando. Era una tarea común, cotidiana. Tengo la fortuna de haber sentido esta magia de los oficios, las costumbres. Los padres nos enseñaban a sembrar, cosechar, cómo guardar los alimentos, secarlos al sol. Mi madre hacía un afán cotidiano esto de conservar las cosas solamente con sal, secando al sol y yo permanezco haciendo eso que nos brinda bienestar. Llega un momento en el que hay que aprovechar el sol de enero y febrero y hacer fruta seca que se vende muy bien. Teniendo tierras el hombre puede vivir cómodamente, guardando alimentos, conservando costumbres, como esto del tejido que a mí me permitió que mis hijos estudiaran, ellos estudiaron y tienen títulos, pero tienen la sabiduría de esta tierra, la de hacer una comunidad rica con su actitud respetuosa, sin depender de mentiras políticas.

- ¿Cuál es la temática que característica de sus tapices?
- Por lo general es la paisajística de La Rioja: sus callecitas, la gente, costumbres… Por ahí puedo hacer algo moderno, rescatar lo rupestre, pero mi estilo se basa en la paisajística de La Rioja y sus costumbres.

- ¿Cómo es la vida en Pinchas?
- Yo resumo con una palabra como vivimos aquí: vivimos en armonía. Podemos leer buenos libros, escuchar buena música, escuchar el viento, los pájaros y eso se refleja en la familia, como convivir, como contener a los nietos. Además el clima es muy especial.

- ¿Cómo vivió esto de llevar su trabajo por el mundo?
- A mí me sorprende ahora, a mis años, lo que he andado ¿Cómo he hecho yo para ir a Termas de Río Hondo, La Sociedad Rural en Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe? Estuve en múltiples exposiciones. Ahora ya no salgo tanto. Hemos viajado un poquito para mostrar esto que aún hacemos. Estuve en Francia y fuimos invitados por artesanos de una feria y tejíamos ante el público, esa era nuestra credencial. Fuimos a Italia y a España; allí nos recibió gente de La Rioja con especial cariño que nos hizo mucho bien.
Esto es lo que se valora en otros lugares del mundo, el hecho de usar las manos. Ellos están con toda la tecnología. Nosotros pudimos asistir a tantos lugares porque aún seguimos usando las manos.

Por siempre Chito.

El pasado 26 de octubre se cumplieron once años de la desaparición de Chito Zeballos. Su presencia en el medio fue muy fuerte por lo que se lo considera el “paradigma del cantor riojano”. Por iniciativa de la Agencia de Cultura de la provincia de La Rioja, fueron convocados los prestigiosos músicos Camilo Mata y Nicolás Carrión para realizar un trabajo de recopilación de sus grabaciones, tanto de música como poesía.
Este trabajo de investigación presentado el 24 de noviembre en Chilecito (La Rioja), quedará plasmado en un CD doble. Uno de ellos contendrá canciones y entrevistas en los diferentes medios de comunicación, y el otro tendrá imágenes editadas de su presentación en el año 1995 en el Teatro Provincial, intercalado con testimonios de sus amigos y allegados. Este será un material altamente recomendable para las nuevas generaciones de músicos y para aquellos que disfrutaron de Chito Zeballos en vida.