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Cristo Redentor - Parque Aguirre

Santiago del Estero, pueblo tenaz y aguerrido a pesar del olvido sufrido por años. Su capital es la primera ciudad del país fundada por los españoles en 1553, por lo que se la conoce como “Madre de Ciudades”.

Allí, las costumbres se mantienen intactas; territorio de gente hospitalaria, capital del intenso calor. No es famoso por sus paisajes, pero el que alguna vez lo visita, siempre desea volver. Su fuerza está en el patrimonio cultural que posee; Santiago del Estero es cultura viva todo el año.

Las siestas andadas, la Telesita, el Kakuy, el Crespín, el chipaco, la empanada, los domingos, los amigos, el Río Dulce, la guitarreada…componentes mágicos que la convierten en un lugar único y diferente.

Aquí nacieron Julio Argentino Geréz, Mario Arnedo Gallo, Marcelo Ferreyra, Pedro Evaristo Díaz, Pablo Raúl Trullenque, Los Hermanos Ábalos, Carlos Saavedra, Don Andrés Chazarreta, Hugo Díaz, Los Hermanos Simón, Carlos y Agustín Carabajal.

Sixto Palavecino

Entre los patriarcas y embajadores que todavía continúan esparciendo su talento podemos nombrar sin discusión a Sixto Palavecino, Los Manseros Santiagueños, Helpidio Herrera y Las Sacha Guitarras Atamisqueñas, el Dúo Suárez Palomo y La Chacarerata Santiagueña. También posee un hijo adoptivo hace 36 años, Alfredo Ábalos, quien confiesa sentirse identificado con Santiago, su gente y su música.

La revolución musical.

Busto Homenaje a Jacinto Piedra

Los medios nacionales de difusión hablaron durante mucho tiempo de un renacer o una renovación de nuestra música en la década del ´90 y le adjudicaron el fenómeno a Soledad, Los Nocheros y Luciano Pereyra, entre otros.

Esto no sucedió en Santiago, debido a que de por sí esta es una provincia cantora; la música folclórica siempre estuvo presente en los hogares, peñas y en cualquier reducto donde se encuentren más de tres personas.

Algo importante sucedió aquel día en el que hicieron su aparición “Los Santiagueños”, grupo integrado por Jacinto Piedra, Peteco Carabajal y Juan Saavedra, los cuáles traían un interesante bagaje, producto de su participación en MPA (Músicos Populares Argentinos).

Con ellos surgieron nuevas formas de composición y un discurso quizás diferente, que nunca se antepuso a lo que se venía haciendo hasta ese momento. Se produjo un estallido entre los más tradicionalistas, hasta que todo logró acomodarse y todas las músicas lograron convivir creando un nuevo espacio de diversidad.

En esa época y dentro de esta corriente coemnzaron a sonar Horacio Banegas, Orígenes, Chuni Cardozo y el Dúo Coplanacu.

Incubadora de nuevos valores.
Cerca del año 1998 nació en la capital santiagueña un nuevo espacio para la difusión de la música. “La Reforma” era propiedad de Juan Traube, un estudiante de Psicología amante de las manifestaciones populares, que quizás al generar este espacio jamás se imaginó la magnitud que este podría alcanzar.

Cada fin de semana este era el punto de encuentro de intérpretes, músicos, compositores, bailares, difusores y todo tipo de público, especialmente jóvenes. Algunas noches se colmaba de tal manera que se desabastecía, otras solamente era visitada por una lista de concurrentes fijos.

Allí se formaron bandas emblemáticas de la música local como el Dúo el Vislumbre y luego El Vislumbre del Esteko, La Brasa, Presagio (hoy Terral) en su primera formación como trío; Néstor Garnica recién llegado de Europa se hacía presente en el lugar ganándose al público con algunas improvisaciones y con el entusiasmo del santiagueño que retorna al pago; Jorge Luis y Pablo Carabajal tenían asistencia perfecta, Pucho Ruiz y Pilly Herrera se animaban a presentar sus primeras composiciones y Franco Ramírez era un niño que merodeaba atento y observador mamando lo que hoy nos da en cada presentación.

También era habitual encontrarse con Horacio Banegas, Alfredo Palumbo, Juan Saavedra que era una especie de referente con su mensaje de amor al pago, el cual era escuchado atentamente en rondas por los jóvenes que acudían ávidos de pasar un buen momento y a su vez de adquirir conocimientos en este importante centro cultural.

Aquel que nunca haya tenido la posibilidad de concurrir a “La Reforma”, seguramente se perdió una gran parte de la nueva historia de la música santiagueña. A pesar de que el lugar fue cerrado unos años después, todavía es recordado con nostalgia por ser el semillero o génesis de todo lo que hoy ocurre.

El santiagueño interior.
Allá por la década del ´90 llegaba Raly Barrionuevo desde Frías, quien hoy es uno de los embajadores de la música joven; Jhonny Cejas desde Ojo de Agua y luego comenzó a sonar Beto Mansilla de Fernández junto al coro de niños quichuistas.

A su vez, otros artistas decidieron emigrar hacia otras provincias, tal es el caso de Gustavo Cisneros (actualmente radicado en Córdoba), Motta Luna (en Buenos Aires) y el Duende Garnica entre las dos provincias. Claudio Acosta se radicó unos años en Córdoba, pero decidió volver a continuar su carrera artística en Santiago.

Pero todos añoran el pago y se marchan con el propósito firme de divulgar el mensaje de su tierra natal; tierra que se encuentra más viva que nunca en su estilo, en su voz y en las formas que tienen de manifestarse.

Es muy fácil reconocer un santiagueño fuera de su pago; la particular y dulce tonada, la picardía, la nostalgia que nace desde adentro al nombrar al querido pago…

Cuna de poetas y cantores.

La Banda

La ciudad de La Banda se encuentra a tan solo 4 kilómetros de la ciudad Capital de Santiago del Estero, separada de la misma por el límite natural del Río Dulce. Para llegar hasta ella, basta con cruzar el mítico Puente Carretero.

Se la denomina de esta manera porque allí nacieron Dalmiro Coronel Lugones, Pablo Raúl Trullenque, Blanca Irurzun, Cristóforo Juárez y “Vichi” Castiñeira, entre otros.

Allí, Carlos y Agustín Carabajal sembraron la valiosa impronta familiar que daría origen a toda una historia de chacareras, la cual después pudieron transportar a lo largo y a lo ancho del país a través de sus hijos, sobrinos y nietos: Peteco, Graciela, Demi, Cuti, Roberto, Roxana, Jorge Luis, Musha, Cali, Walter, Pablo…Año a año, en agosto, la ciudad se colma de turistas que llegan a vivir la fiesta en homenaje al natalicio de Doña María Luisa Carabajal.

Puente Carretero

Néstor Garnica posee en La Banda su casa paterna, Daniel y Claudio Ponce la añoran desde Estados Unidos.

También es el lugar de residencia de Chingolo Suárez, patriarca de otra familia emblemática de la música popular santiagueña. Él supo destacarse como poeta, escritor y compositor y sus hijos Santiago, Juan Cruz y Paula supieron recoger las semillas para convertirlas en nuevas canciones que hoy son grabadas por innumerables agrupaciones.

Raudal de festivales.
Santiago cuenta con una innumerable cantidad de festivales: El Festival Nacional de la Chacarera que se realiza todos los eneros, el Nacional de la Salamanca en la ciudad de La Banda en febrero, el de La Amistad en Frías, Selva Portal del NOA en la ciudad que lleva ese nombre, el del Artesano en Ojo de Agua, por nombrar algunos.

Se caracterizan por dar prioridad a los artistas locales, aunque no dejan de escaparse de los rasgos comerciales que se presentan en todos los festivales del país.

El invierno es época ideal para visitar la ciudad capital; en julio se celebra el aniversario de su fundación por lo que se realizan todo tipo de espectáculos gratuitos como encuentros de músicos, actores, poetas y artesanos en diferentes puntos de la misma, durante todos los días de este mes.

Cuna de la chacarera, tierra por momentos olvidada, que se renovará constantemente en la voz de cada changuito que tenga la convicción de que todo puede cambiar. Quizás en algún momento puedan regresar tantos exiliados colmando trenes y colectivos, pero esta vez para retornar al pago, para volver al lugar de la infancia, para revivir los buenos momentos…

“Cuatro siglos de linaje, Madre de Ciudades, tú eres mi ilusión”, como alguna vez lo sintió Don Andrés Chazarreta y Don Carlos Carabajal lo afirmó en un vals.

Músicos del Rincón

El Rincón de los Artistas abre sus puertas en la calle Tucumán (entre Pellegrini y Libertad), para ser más preciso, frente al actual Hotel Savoy, en el año 1943 y cierra por cuestiones políticas en el año 1974 por orden del gobierno militar.

En las fotos se puede ver el frente, que en un principio como lo tenía en sociedad con otro comerciante le pusieron “GRAN CASINO”. Pero mi abuelo Pedro Evaristo Diaz en ese poco tiempo hizo sus ahorros y le compró la parte que le correspondía al socio, así que más o menos en el 1947-50 lo bautizó ya como él quería desde un principio “RINCON DE LOS ARTISTAS”.

Pedro Evaristo Díaz y Nadrés Chazarreta

Tenía una afluencia y una convocatoria impresionante de músicos; porque concurría gente que componía con mi abuelo como: Andrés Chazarreta, Miguel Simón, Héctor y Carlos Carabajal. Asistían músicos como: Julio Argentino Geréz, Hugo Díaz, Armando Salinas (un excelente guitarrista, no me acuerdo su procedencia, cantaba y se acompañaba en boleros, jazz y tango como la gran siete). Tengo el agrado de decir que él y Miguel Jugo del famoso dúo Jugo-Corvalán fueron mis primeros profesores de guitarra.

Músicos santiagueños

Comenzaban a las 10.30 hasta las 16.00 y luego desde las 18.30 los días de semana, hasta el jueves el horario tope era a las 02.00 de la madrugada. Los viernes, sábados y domingos hasta las 05.00 o 06.00 de la mañana.

¡Qué hermosa epoca! lástima que yo empecé a disfrutarlo recién en el 1968 cuando tenía ocho añitos y ya me hacían cantar con el acompañamiento de violines, guitarras, contrabajo, bandoneón y hasta a veces cuando hacía sus pasadas, Hugo Díaz se prendía también.

Había algunos que tocaban pura y exclusivamente música tradicional; tenían una mesa en el centro del salón reservada para los estables, que eran a veces hasta diez o quince músicos que se iban renovando durante el día y la noche.

Los viernes, cuando Santiago del Estero se daba el lujo de tener grandes espectáculos, ¿a donde iban a hospedarse? en el Hotel Savoy, en frente, entonces a eso de las 02.00 se cruzaban figuras como el maestro Piazzola, Mercedes Sosa y muchos que no recuerdo en estos momentos.

El viejo (Don Pedro Evaristo Díaz) tenía destinado un día de la semana para brindarles comida y bebida a los mendigos, chicos de la calle, etc. Les preparaba una mesa grande y larga y los invitaba.

Pedro Evaristo Díaz

En otra fotografía puede observarse una caravana en la puerta. La misma fue tomada en un festejo del “día del folclore”. Cortaban la calles y salían todos los músicos e invitaban a bailar a la gente que pasaba por allí.

Fachada

Esos encuentros nocturnos eran imperdibles. Con los Manseros Santiagueños (que casi se formaron allí), Los Tobas, Los Chilalos, Los Hermanos Díaz, entre otros miles de músicos.

Músicos y concurrentes

“Coquito Cáceres” era un personaje que deambulaba por la noche santiagueña con su guitarra y su cigarro en chala que, a la hora que llegaba al Rincón, ya venía con algunas copas de más y hacía su entrada triunfal entonando grandes versos que luego perduraron en la memoria de los habitués de aquella época.

Hay muchas, pero muchas cosas para contar que en estos momentos no se me vienen a la memoria…

Froilán Gonzáles

“Él es un hijo del sol y el monte lo hizo luthier”, dice Peteco Carabajal en una chacarera que le compuso. Froilán González es el luthier de bombos más conocido y difundido de Santiago del Estero, su obra ha trascendido no solo las fronteras del país, también las del mundo.

Su taller se encuentra en un lugar muy particular llamado “La Boca del Tigre”, en la capital santiagueña. Se lo podría describir como una porción de monte donde todos los domingos se reúnen numerosos artistas a cantar, lo que convoca a un marco interesante de público donde los turistas son asiduos concurrentes de estos encuentros.

Froilán construyó bombos para reconocidos artistas de nuestra música nacional. Además, es uno de los impulsores de la “Marcha de los Bombos”, tradicional manifestación popular nacida en el año 2003.

Si uno lo observa trabajando, puede ver en él la paciecia y la pasión al mismo tiempo. Como dice Peteco en otro verso “Ya sabe que hay un legüero que entre sus manos latirá”.

Llegamos a La Boca del Tigre una siesta en pleno verano, Froilán trabajaba incansablemente al aire libre con un brasero al lado. Grababa un bombo mientras un contingente de turistas belgas lo observaban con detenimiento y le hacían preguntas. En medio de este marco le realizamos una entrevista.

- ¿Cómo comenzó esta profesión de luthier?
- Es una herencia, el hermano de mi papá hacía bombos y además era músico, estudió guitarra con Don Andrés Chazarreta. Yo he aprendido esto cuando tenía once años; pescando, encontramos un tronco de ceibo en el río y lo queríamos traer para él que vivía aquí cerca en Huaico Hondo. La meta era llevárselo, pero cuando decidimos traerlo rodando al patio pensamos que podíamos hacerlo nosotros; teníamos las herramientas pero no las gubias. Nos la facilitó mi tío y lo empezamos a hacer.
Al poco tiempo, nos encontramos nosotros haciendo los bombos. Hacíamos bombos chicos más que nada, para nosotros era toda una novedad; en esa época no existía la tecnología del sonido y nosotros lo hacíamos con cuero de vizcacha, lo pelábamos al cuero, imaginate el sonido que podía tener.
Mi tío muere en el año ´69, con él aprendimos lo básico pero eso ha sido muy importante porque con el tiempo he ido experimentando, trabajé con otra gente en una fábrica de bombos que exportaba mucho para Estados Unidos, de un tronco aprovechaban y sacaban diez bombos. Un día llegaron con un bombo para cambiarle los parches de urgencia porque un músico necesitaba llevarlo a su viaje. Le cambio los parches con los de otro que yo tenía que casi coincidía y se lo doy. Con sus parches el sonido se anulaba y con los míos sonaba bien y no sabían que era lo que pasaba, ha sido uno de los mejores golpes a mi atención porque aprendí a afinar el instrumento sabiendo que las fibras que podía llegar a tener un bombo adentro no me permitían un sonido óptimo. Eso me iba capacitando, cada vez iba estudiando más y todo iba teniendo sentido a medida que los iba haciendo. Todavía no termino de aprender porque hay muchos secretos. Hay aros de tusca y de chañar, yo siempre los hago de quebracho blanco; he comprobado que no contiene fibras y no se gasta con el golpe de los palillos. En cambio, los otros son de maderas que no permiten apreciar el sonido. Un bombo legüero que tenía cinco tiradas como máximo ahora puede tener ocho, lo que me permite que el instrumento esté afinado constantemente y el parche tiene que ser de cabra u oveja adulta; son cosas que he ido aprendiendo de la vida y pienso que hoy para mí es un honor haber aprendido a hacer bombos y un honor que la gente se incline por esto que hago con mucha dedicación. Si quisiera hacer bombos comerciales haría diez al día, pero no es ese el sentido, cada trabajo tiene que tener una buena preparación y un contacto directo con el cliente para saber que utilidad le da, como toca, en qué posición toca para saber que cuero le voy a poner, los tonos. Siempre doy gracias a Dios de haber aprendido a hacer este instrumento.

- ¿Quiénes fueron o son tus clientes más famosos?
- Esto te permite tener amigos que para mucha gente son inalcanzables como León Gieco, Gustavo Santaolalla, el Chaqueño Palavecino, la Negra Sosa, Los Chalchaleros, Chango Nieto, Jaime Torres, Alberto Cortéz. Hice un bombo para Shakira, Divididos, o sea que los bombos a la vez están incursionando en otros tipos de ritmos como el rock, el caso de Gustavo Santaolalla que yo le hice en el año ´85 cuando hizo “De Ushuaia a la Quiaca” y vinieron aquí al patio con León Gieco. Marcela Morelo también quiere un bombo, hace poco le hice para Abel Pintos, para los chicos de Ojo de Brujo de España que también hacen rock. Tantas cosas…son cosas que te da la vida, yo nunca pensé que tendría contacto con tantas personalidades. Esto te da trabajar con este instrumento, pero una cosa es trabajarlo con amor y tratando de experimentar las cosas y no poner primero el dinero. Yo busco hacer cosas que se destaquen y que tengan vida. Para mí un bombo sin vida no sirve.

- ¿Qué países recorriste llevando este arte?
En el año 2000 y 2001 hice visitas por Europa. Empezamos desde Brasil, luego España, Bruselas, Luxemburgo, Holanda, Francia, Inglaterra, Suiza, Alemania, dictando talleres. En este momento tengo gente de Bruselas, que siempre vienen; ahora están observando como se hace el bombo y luego tendrán una clase de danzas para aprender a marcar el paso de la chacarera. Generalmente a estos contingentes cuando llegan a Argentina, los meten en un micro y los traen a Santiago. Al único lugar que vienen es al patio donde salen a caminar al río, conocen las plantas…

- ¿Cómo nació la idea de abrir este patio abierto para la gente?
- El patio tiene que ver con quien me enseñó a hacer los bombos, mi tío, porque él era músico y esto antes me acuerdo que los casamientos, cumpleaños, bautismos se hacían en las casas y la gente se ponía a bailar, se hacía con músicos. Puedo contar anécdotas: el que iba a comprar vino tenía traje y se iba en bicicletas con bolsas tejidas de los dos lados, no existía el Tetrabrick y rompían las botellas, se enredaban y los músicos tocaban de traje, sombrero a la mejor, tocaban mandolín, bandoneón y todos los domingos era en distintas casas. Más que chamamé se bailaban polcas, hacía furor la música del Litoral.
Y esas cosas quedaron truncadas cuando murió mi tío en el año ´69, que siempre encontraba un motivo; mi papá era Ramón Rosa, mi abuela Rosa y para Santa Rosa y San Ramón venían a darle serenata desde Huaico Hondo, casi desde cuatro kilómetros tocando la guitarra y con el viento se sentía desde lejos cuando venían tocando serenata y llegaban apara ayudar en las comidas.
Tengo un sobrino con síndrome de down y a él le festejamos aquí el cumpleaños, pero no con chicos sino con músicos. Esa época venía Raly (Barrionuevo), año 93, tocaban la guitarra, cantaban, cada año eran más. Venía Carlos Saavedra y me dice por el año ´96 “mirá como se juntan cada año, se van sumando más porque esto es lo que necesita la gente”. Y bueno, empezó con Carlos Saavedra todos los domingos y cada domingo teníamos más gente.

Patio de Froilán

- Contanos acerca de la marcha de los bombos.
- La marcha es un triunfo para el pueblo de Santiago. Venir con esos problemas en donde no teníamos cultura, solo existía la política que tenía todo el apoyo. Con mucho tiempo de sometimiento, hacé de cuenta que se ha roto el corral y ha salido la gente, entonces puede disfrutar. Desde el año 2003 estamos disfrutando la cultura y por suerte podemos disfrutarla desde todos los ámbitos: la música, la literatura, la danza y el folclore y eso nos ha dado pie a nosotros. En ese año, como era el aniversario de Santiago, el gobierno pedía proyectos para celebrar durante todo el año el cumpleaños. Un día en casa, conversando con Mizo (Eduardo Mizoguchi), un amigo Freddy (García) que ya nos ha dejado y Tere (Castruonovo); estábamos por comer los cuatro y Eduardo dice que sería lindo presentar un proyecto: “¿y si hacemos una marcha de bombos?”, y le preguntamos ¿cuantos quería juntar? “450, al igual que la cantidad de años que cumple Santiago. Y esa fue la premisa. Eso fue en febrero, hicimos el proyecto, lo presentamos, lo hicimos andar de boca en boca y anotamos a la gente.
El sábado que iba a salir la marcha vino gente que quería acompañarnos. Helaba y a la mañana hicimos mate cocido para la gente que había pasado toda la noche. Tocaban los bombos y cantaban los gallos. A las 8.30 de la mañana comenzaba a llegar la gente como si viniera a adorar a un santo y así marchamos. Era gente de los barrios; en el camino encontramos gente a caballo, gente de poder adquisitivo que se acercaba a ver que era esto, a los 2 kilómetros ya nos encontramos con más bombos.
La gente se unificó y se comenzaron a juntar gente que tiene y que no. El golpe del bombo era como una descarga, un cable a tierra, uno golpeando a la par del otro. Te golpea el pecho y es una cosa increíble, que te produce una emoción que es imposible no terminar llorando, es maravilloso. Terminamos la primera marcha en la Plaza Libertad y homenajeamos a gente de los barrios. Es como tomar la plaza, apenas entramos, vimos la cantidad de gente, eso pasa todos los años. Pienso que desde la primera marcha dejó de ser nuestra para ser del pueblo.

Duende Garnica

Buenos Aires, Almagro, terminaban de caer unas gotas y una luna inmensa se reflejaba en la calle plateada por la llovizna. Nos encontramos en una esquina y nos dirigimos hacia un local cuya puerta no decía nada, pero que en su interior decía mucho.

Al subir las escaleras, un salón a media luz albergaba a bailarines tomando clases de tango, una barra y mesas con velas encendidas. Allí el Duende explicó que había elegido un terreno neutral, donde seríamos anónimos y libres para tratar cualquier tema.

Ese fue el lugar elegido, no para realizar una entrevista, más bien sería una especie de charla debate en el que uno puede expresar sus inquietudes y él, con su experiencia, podría resolver algún enigma o simplemente presentar otra postura.

Reconocido en el ambiente por sus formas de decir las cosas, mantuvo una extensa conversación, donde decidió partir desde un regionalismo y referirse a su provincia natal en particular.

Apenas nos sentamos, el grabador fue encendido para no perder detalle y él mismo, sin pregunta previa, se introdujo en el tema:

- Todo está tapado, entonces, esa misma inocuidad, la búsqueda personal de cada uno; habría que buscar algo personalmente para poder trasladarlo pluralmente desde el sentido de la solidaridad y del compartir. Ahora bien, lo que vos encuentras tiene grados y texturas; vos puedes encontrar una piedra, pero si la pules puedes hacerla un diamante. Entonces, para dar debes tener estética, ética y belleza, no se necesita tener plata para eso, para entregar un chipaco que se entrega a las cinco de la tarde que es bello, estético, ético, natural y es profundo para nosotros. Pasa lo mismo con las búsquedas de las canciones.
Primero hagamos hincapié en un regionalismo, no vamos a hablar del país ni del universo si no hablamos primero de lo que a nosotros nos pertenece como santiagueños en este caso; tenemos que hablar primero desde el sentido de santiagueñidad, en ese sentido de ver a nosotros que nos ha dado para abrirnos más desde un espacio; porque en Buenos Aires se puede ver no desde el venir y estar dos días, sino desde el hecho de estar. Para empezar esta conversación te cuento que nosotros con el Pucho (Ruiz) hoy no tenemos donde dormir, o sea, si tenemos un montón de lugares, no tenemos un lugar físico que a nosotros nos pertenezca a pesar de un montón de cosas. Con esto quiero decir que el arte y estas búsquedas no son un museo que vos vengas y visites, son cosas de vida que vos tienes que ir llevando para que de algun momento a otro, lo puedas captar y llevarlo desde tu forma estética, bella y digna, como la canción, un reportaje, una revista, un portal, pero siempre teniendo lo sustancial que tiene que ver con el compartir la pluralidad del conocimiento, porque sin conocimiento no se va a ningún lado.

- Recién dijiste que no hace falta plata, pero hay artistas muy talentosos que por no pertenecer a un sello, no solamente no ganan dinero, sino que tienen que invertir su dinero y deben ocuparse de la producción, cuando existen otros que no tienen talento, pero tienen dinero.
- Hay una situación más profunda que tiene que ver con la situación real que está viviendo el país; nadie puede ser un músico independiente porque todos dependemos de algo y si, entre comillas, se puede decir independiente porque no pertenece “a”…a algún sello, por ejemplo.
Yo no soy ningún “olvidao”, yo era un olvidao hasta que Mercedes Sosa viene y levanta mi canción, me pone y legitimiza la copla que yo había plasmado, me reconoce y ahí yo dejo de ser un olvidao. Son olvidados mis otros compañeros que no han podido grabar; hay una lucha en las salidas culturales. Aquí un gabinete firma, el de cancillería, el de economía, el de desarrollo, el de hacienda y el de cultura ¿es una subsecretaría? No, si vos no tienes cultura no puedes ejercer ninguno de los otros cargos, debemos saber nosotros a donde vamos y de donde venimos. Armando Tejada Gómez, Nicolás Guillén, Aníbal Sampayo, Rosa Quenel y un sinnúmero de otros compañeros tampoco son masivos, tampoco han salido ni figuran hoy en las tapas de nuestro diario, pero si tiene que haber un esfuerzo dentro de la inquietud de cada compañero. No es desleal ni una deshonra pegarse un cartel solo, no pertenecer a un sello…pero si uno tiene una verdad y una canción y la canción es verdadera y toma los pinceles del pueblo, las texturas y las realidades de nuestros hermanos…hay una vieja frase que dice “el pueblo te da semillas para que vos las entregues en flores”, ahora vos tienes que preguntarles a todos esos músicos independientes que pegan carteles, que hacen el sonido como lo hemos hecho nosotros y todavía lo seguimos haciendo ¿qué es lo que quieren? Si quieren salir con la cara de ellos en un CD, si quieren salir con el pelo mojado en la batea de una discográfica, ¿quieren vender siete mil discos?, ¿quieren casarse con un sello que les ponga un chumbo en la cabeza y los haga grabar cuatro discos por año? o ¿qué es realmente lo que quieren? Porque el arte y esta cuestión muy madura y muy sustancial de nosotros no es salir con una guitarrita y hacer dos o tres canciones. Tenemos que saber quien ha escrito las primeras canciones, nuestros mayores y sobre eso desandar un criterio, sino no se puede. Un chico con musculosa, de rulitos, pelo mojado y pantaloncitos ajustados sale a decir dos o tres cosas por ahí…que no es que no nos pertenezcan sino que no es el momento a la par de las cosas que están pasando, tampoco tienes que salir con cuestiones de protesta sino simplemente buscarle en ese juego que es la vida un equilibrio que ha nosotros moralmente nos permita encontrarnos aquí, darnos un abrazo, pensar en futuro. A nosotros nos interesa saber realmente el conocimiento que tenemos, de donde venimos, que es lo que vamos a hacer, que vamos a dar. No se trata de vender; no es difícil hacer un disco, es difícil que lo entiendan, que lo escuchen. Se graba cualquier cosa, pero sin embargo hay gente que no ha grabado nunca y si es difícil lo cotidiano: el hacer sonido, sapo para venga la gente, pero bueno, carecemos de infraestructura, de lugares propios. En este caso que hablamos de Santiago del Estero, no está lleno de peñas. Hay que explicar que Santiago no es una cueva grande donde cantamos todos y nos damos besos en la boca, no es eso. Es una provincia que tiene una cultura que se desarrolla de distintas formas, de distintos colores, pero buscando siempre una identidad, porque hasta el último que hace cualquier canción tiene que saber lo que estamos haciendo.

- ¿Cómo nace el Bunker Sachero?
- Este espacio pertenece a changos que tuvimos el mismo pensamiento. El Bunker Sachero en Cosquín se hacía con sillas sacadas de la calle, no había formalidad, era como este lugar, cálido. En este lugar hay una estructura y un anonimato que a nosotros nos permite fluir de otra forma, realmente nosotros y la gente que se ha acercado y ha crecido junto al Bunker creemos que los espacios…si estamos en una peña es una obviedad, nosotros pertenecemos este lugar, hemos pasado casi diez años en este lugar que no nos pertenece, escribiendo. Tratamos de trabajar desde el anonimato para poder crecer y para poder comparar. Claro que sería lindo tener un espacio así porque es estético, hay belleza. ¿Cuántos pintores no hay en Santiago que puedan reflotar paredes? pero realmente hacer folclore está en la empanada, en el vino, en quien canta más fuerte y en cosas totalmente estructuradas. Junto al Bunker Sachero estos espacios han ido abriendo nuevas consciencias, lugares de resistencia, pero para resistir desde la creatividad, no solo con la protesta, eso es lo que Santiago en este caso tendría que buscar.

- ¿Por qué crees que esto en Santiago no se da?
- Hay ciertas proscripciones, ciertas elecciones, hay que ir a golpear y pedir de rodillas cinco veces para tocar las coplas que hemos hecho para nuestros hermanos. En Santiago no te conocen, si vives afuera tampoco te conocen; es un problema cultural, de educación. Lamentablemente hay instituciones que se llaman secretaría de cultura o medios de difusión que no son neófitos en el tema, desconocen totalmente. Pero si hay gente que desconoce es porque hay gente que conoce, eso es como el ying y el yang, el tun y el chui santiagueño. Hay gente que no sabe nada porque hay gente que sabe mucho y no tiene la oportunidad; es una gran arca de Noé donde lo único que tenemos que tener nosotros es oportunidades, entonces cuando aquí te dan la oportunidad tienes que estar preparado con una fuerte convicción de lo que haces, para que eso pueda llegar al techo más perenne del pueblo y que el mismo pueblo te pueda reconocer. Ahí diremos si la canción es popular o no lo es. Lo único que tenemos que hacer es acompañar al pueblo, nadie dice que tengamos que ser ricos, pero si que todos tengamos las mismas oportunidades porque uno tiene que juntar las manzanas, otro el algodón y otro tiene que ser neurocirujano, pero las oportunidades y la dignidad deben ser iguales. A eso apuntamos, yo no tengo ningún problema de morir con una casita de veinte metros por veinte metros y con las mínimas condiciones que necesito para poder desandar esta vida, no quiero vender dos millones de discos ni nada por el estilo y de eso se carece en este momento, de la cultura de la posibilidad porque anteayer en “Alas” se hizo un espectáculo que juntó miles de personas a nivel latinoamericano y no sonó ni una chacarera, no ha sonado la música popular argentina. Entonces ellos atenúan hacia ciertas cosas y al poncho lo encanutas, guardas, niegas, hay un sentido de negación muy fuerte; se han agarrado de un Cromagnon y de un montón de cosas para cerrarle la peña a doña Julia, al Pichi, a don Tito. Piden matafuegos cuando nosotros durante 500 años hemos tirado cuetes y quemado telesitas y no hubo ningún Cromagnon nunca, ningún changuito se ha quemado las pestañas en estos 500 años que nosotros venimos tirando cuetes. ¿Qué quiero decir con esto? para que digas que canción es canción no necesitas que nadie te tire veinte bombas antes de que vos subas a cantar. Hay toda una crueldad, una sobredosis de chacarerismo totalmente espantosa donde tambien ha permitido, desde nosotros que tenemos uno de los diamantes mas naturales como es nuestra canción originaria que es la chacarera, que ha sido tomada por otras regiones que han abandonado sus expresiones esenciales y primitivas porque la chacarera levanta, ¿levanta que? Entonces dejaron de cantar todo para que la chacarera pase a ser una prostituta que la suben arriba de la mesa y levanta. Levante no sé en que sentido, cada maestrito con su librito. Debemos cuidar esta calesita cultural. Sí, la chacarera tiene un sentido mucho más festivo y más amplio, pero sobre todo eso, nosotros tenemos que entender culturalmente que es lo que queremos y averiguar en la historia para que nos pueda hacer más sólidos, mas conceptuales y podamos saber que es lo que le vamos a dar a la gente.

- ¿Cuál crees que sería la deuda pendiente que tiene la música folclórica para ser realmente reconocida como música nuestra?
- Muchas veces, si las instituciones no ayudan se le hace más pesado el carro al artista que va llevando un montón de coplas y de canciones. Y el artista, para no decir el folclore que es tan amplio, debe llevar las consignas de las asignaturas más pendientes que tiene este país que son educación, trabajo y salud que son los tres fines fundamentales para que podamos desarrollarnos como comunidad, como sociedad. Si nosotros hoy tenemos una guitarra empuñada aquí es porque miles de cantores y poetas han terminado con cirrosis, totalmente olvidados, sin un mango, haciendo tres trabajos distintos. Si hoy uno tiene una guitarra o componemos una canción, lo hacemos por los changos de Malvinas, por los desaparecidos, por esos niños que han sido robados, por esa madre que nos ha limpiado desde chicos, nos ha puesto un trapo caliente en el pecho, han tendido un mantel blanco con una gran ánfora de mate cocido y de besos y de poleo para que nosotros podamos volver en cada canción y siempre vamos a tener una asignatura pendiente. Pero tenemos que nombrar todo eso desde los íconos más profundos como lo son la solidaridad, el hecho mitológico y revolucionario que han tenido las grandes luchas desde el monte y hoy, sin duda, el impacto ambiental que está teniendo…la desidia. No puede ser que vos te tiras un…aquí y no saben quien mató a dos chicas, no se sabe quien se llevó toda la guita, no se sabe quien cercenó los pasos de Monseñor Sueldo que era un tipo que estaba hablando de un montón de cosas. Si no sabemos eso, nunca podremos entender la última estrofa de la chacarera del Puente Carretero. Hay una realidad, debemos poder saber de donde venimos, la canción es una sola, la protesta del amor. A veces un beso, un abrazo puede ser más revolucionario que una bala y muchas veces el hecho de golpear, tirar un disparo de poesía; porque la poesía es una bala sin retorno, puede tener un gesto más profundo que un beso en la boca. Las dos puntas que son dispares son iguales, pero de acuerdo a quien las dice, como las dice y de que forma las vive.

- ¿Cuál es tu postura ante esto?- Yo seguiré cantando, seguiré hablando sobre estas cosas, cantaré en el Festival de la Salamanca para veinte mil personas, me bajaré, caminaré, andaré tomando un vino, no andaré tapándome la cara, ni en una combi polarizada, ni pidiendo seguridad, no tiene nada que ver. Si nosotros no somos libres en nuestra tierra no podemos ser libres en otros lugares. Desde ahí las asignaturas pendientes que tiene nuestra música popular… desde nosotros es haber desconocido a nuestros mayores, no hacer hincapié en ellos: Gómez Carrillo, Andrés Chazarreta, Adolfo Ábalos, Mario Arnedo Gallo, ninguno tenía un piano en la casa; a Fortunato Juárez, a Lázaro Moreno que se cruza el Río Dulce de espaldas haciendo croll sachero, hasta Don Sixto Palavecino que con su violín ha embrujado a Peter Gabriel. Si vemos desde ahí la situación, podemos consensuar que La Creación de Gustavo Cisneros, que fuimos a verla el martes y éramos tres o cuatro, porque hay canciones que son cualitativas, no son cuantitativas, eso a nosotros como transmisores o receptores nos tiene que llegar, pero si nosotros podemos tener esa misma lágrima hacia Gustavo Cisneros y Fortunato Juárez y meternos un día de calor en una biblioteca y leer Felipe Corpos o saber que hace unos años se murió don Manuel Augusto Jugo. Nadie sabía que el tipo más longevo, el quebracho más antiguo de Santiago del Estero vivía en el barrio Jorge Newbery, pero quizás sabemos el horóscopo, que día cumple años el pibe o el e-mail del chico de moda. Si no tenemos en cuenta eso, las asignaturas van a seguir quedando pendientes. A pesar de todo, hay un montón de changos que están en esa búsqueda, pero tienen que ir todos juntos: la fotografía, la pintura, la danza, no tan solo la canción. El zapateo, el chipaco, el río, el bagre, la empanadilla, la bailarina, el beso, la sirvienta que limpia la vereda, el diarero…ese diario que siempre tiene las mismas noticias. Y esa magnificencia que tenemos de creernos la meca de la chacarera, de ser la Atlántida de la salamanca cuando todavía en nuestros pagos tenemos lustrines y tenemos la corriente migratoria más profunda que ha tenido el país; esas si son deudas. Mientras sigamos cantando y acordándonos de todos esos olvidados, de todas esas prescripciones, enalteceremos; pero hay sí olvidos, pero hay gente que lucha. Las deudas son éticas, morales, de belleza, de poder entonar unas coplas viejas, porque hoy cualquier changuito viene y te dice “mirá las 423 canciones que escribí en Villa la Punta cuando me fui de vacaciones el otro día, me entendés, cuando don Manuel Augusto Jugo ha hecho en 96 años seis temas. Hay una abusividad y una repitividad de todo, de melodías y de un montón de cosas que, en vez de engrandecer a nuestra música popular santiagueña no hacen otra cosa que embadurnarla. No hay lugares donde sonar, no tenemos situaciones porque muchas veces ni a ellos mismos les interesa lo que realmente al pueblo le puede pasar y estamos en un momento que más que nunca es pan y circo.

- Contanos acerca de tu viaje a Venezuela.
- Ha sido un viaje que se ha hecho por medio de la producción de Mercedes Sosa, que nos han mandado a nosotros. Pero ese festival, el de la “Canción Urgente y Necesaria” ya lo habían hecho otros compañeros músicos de allá como Alí Primera, que era referente allá, un tipo que le cantaba al proletariado. Hace mucho tiempo ellos crearon este festival que durante bastantes años se ha dejado de hacer, ahora con toda la injerencia de Chávez uno de los puntos fue levantar este festival. Nos llevaron al Motta Luna y a mí; nosotros elegimos a Gabriel Luna y a Alejandro Tula y nos fuimos allá a compartir junto a Vicente Feliú, Cecilia Todd, el Grupo Madera, grupos bastante combativos desde allá. Fue un festival de dos días hablando de cosas que yo a veces pensaba que nosotros estábamos siglos atrás, porque nosotros pensábamos que con siete chacareras y changuitas con caderas sudorosas habíamos encontrado el cosmos y el mundo y estábamos tan errados. Allá había otra profundidad cultural que la vez tenía similitud tanto en las palmas, en los instrumentos, en las canciones, en la jerga, en el color de la palabra, en cuanto a la cadencia del santiagueño y el venezolano, colombiano…y ha sido una experiencia magnífica por que por primera vez hemos subido a un avión, estuvimos en otro país y sentimos fuera del país lo que despierta nuestra música popular. Cantamos temas de Pedro Navarrete, vidalas, abrimos con Las Coplas del Payador Perseguido de Atahualpa Yupanqui. Cecilia Todd, que para mí ha sido una eminencia siempre, Vicente Feliú que yo cantaba sus canciones, verlos sentados allá escuchando “me han dicho que has vuelto al pago…” y todo alrededor del bombo que era un tatú carreta con body piercing. Ahí nos dimos cuenta que en el hecho cultural no existen barreras, no somos mas que un mapa que encierra una sola canción. Ha sido algo profundo porque justo llegamos en un momento que a mí me pertenece…mi inclinación no es tocar bien la guitarra, ni hacer el baile del caño frío, ni aprender la última estrofa de Beethoven. A mí me interesa la canción social, los movimientos sociales y yo creo que ha sido el momento justo porque veníamos con muchos sueños. Y yo pensé ¿por qué aquí no se hace el festival de la canción urgente y necesaria argentina? pero que no estén los mismos de siempre. Ese jefe de cultura tiene que darse cuenta que los músicos de provincias no son los que siempre cantan y tendrían que mandar a buscar por las 24 provincias y buscar a los referentes más postergados, a las cosas más reales, que tengan que ver más con nosotros para que podamos tener una semejanza. Alí Primera decía que la canción es urgente, necesaria y que debe acompañar la alegría y los dolores de un pueblo; cuando estamos bien cantar porque estamos bien y cuando estamos dolidos tambien cantar por eso, pero acompañados de sus cantantes populares, que el pueblo los tiene pero que por difusión, motivos económicos y esas cosas siguen totalmente cercenadas. En lo que a mí respecta, ha sido una apertura tremenda y quisiera volcarla haciendo un día el festival del coyuyo biónico y hacerlo desde Real Sayana y que venga un primer vidalero, como hacen los vidaleros quichuistas en Fernández. Me di cuenta que estar en Caracas es lo mismo que estar con los vidaleros en Fernández.

- ¿Cómo surgió la idea de hacer “La vuelta del santiagueño”?
- Es medio largo como para resumirlo, para esto tengo que contar la historia del coyuyo y la hormiga. Estaban los dos y el coyuyo le dice a la hormiga “dale, vamos a guitarrear” y la hormiga le decía que no porque venía el invierno. La hormiga se fue y el coyuyo quedó guitarreando, meta Bunker Sachero. Vino un invierno helado, llega el verano y la hormiguita sale a ver al coyuyo que estaba en el algarrobo, llega y el coyuyo estaba con unas zapatillas Nike, un plasma, un vaso de whisky y le dice “¿cómo no te has muerto?”, y el coyuyo le dice “no, porque pasó un tipo con muchas posibilidades económicas y le gustó lo que yo hacía y me aguantó todo el invierno”. Lo mismo ocurrió con nosotros, porque una gente con un gran corazon me dijo que quería que grabe un disco. Yo jamás grabé un disco; no me considero cantor, ni músico, ni poeta. Sí vocero, un sacha coplero urbano, un decidor contemporáneo; músicos, poetas y cantores son otros. Yo pertenezco a esa raza de sacha copleros.
Estaban todas las condiciones dadas: estudio, edición, masterización. Hace varios años que tenía en mente esta obra “La vuelta del Santiagueño” en homenaje a Canqui Chazarreta que pertenece a él el nombre, yo no le busqué la venida, el corte, surmenagge del santiagueño. Armamos esta obra donde el hombre sale de su tierra y pasa casi ochenta años en el exilio más grande que tiene el país, todos hacinados en la periferia del conurbano bonaerense donde yo he vivido. Entonces pensé en hacer esta obra, en juntar a Jacinto Velásquez, un poeta albañil de Selva e invité y repartí a todos las letras. Invitamos a todos; algunos dijeron no, otros sí, otros salieron corriendo. Fue una obra plural, fue una verdadera juntada de setenta compañeros. Hablamos, tratamos de cuidar el léxico, las texturas, los colores; zamba, chacarera, gato, guaracha, todas las expresiones más populares. Tratamos de que esto sea una situación plural, ha sido grabado en tres estudios, en Buenos Aires, Córdoba y Santiago del Estero. Como en el “ta te ti” yo tenía la casita del medio, hice grabar entre sí a chicos que ni se conocían. Esa era la idea, que uno grabe una estrofa, después me iba a Córdoba y hacía grabar la otra estrofa a otro y la idea era que ellos se sientan engañados por mí, pero por una causa que era donar esta obra al hospital de niños. Y los tipos a los que queríamos llevársela no estaban, o sea que hasta es imposible donar. No obstante, la obra está en pié y se va a terminar de presentar más alla de todo, porque nadie sabe que esta obra ha hecho un recuento con la ubicación de Santiago, sus ríos, sus comidas, su fauna, clima, departamentos, el quichua, la historia, bailarines, poetas, músicos, fábricas que cerraron, lugares que había hace mucho tiempo y todas estas canciones grabadas con más de setenta músicos por el hecho de que podamos decir que esta es una cantata de memoria colectiva para tener memoria de lo que ha pasado en Santiago. Se ha presentado el año pasado en Radio Nacional informalmente y, después de la Misa Criolla no hay otra obra que sea una cantata integral. Es la primera cantata que ha surgido en Santiago y casi nadie se ha enterado, yo seguiré peleando hasta que me digan diez millones de veces que no, pero quiero que podamos instaurar esta obra en las condiciones que se debe. Está registrada, catalogada en las instituciones correspondientes, se registró gente por primera vez. La obra está lista para que este año ya podamos darle un empuje total y creemos que esa vuelta del santiagueño es la vuelta que hemos soñado siempre, en volver a nuestra tierra, pero después de una transculturización, después de muchas cosas que han pasado. Por eso también hay un par de temas un poco eléctricos, pero no obstante se vuelve a la vidala. El arte de tapa también se ha cuidado. No es un trabajo tan profundo, pero si intencional donde lo hemos hecho como hemos podido. Sin embargo, hemos tenido una colaboración, gente que ha aportado y gente que no. “La vuelta” es una obra totalmente colectiva y es la historia cantada y contada de un pueblo que tiene arriba de 450 años donde se cuentan sus dolores, su profunda convicción de que va a salir a pesar de los desmontes y la contaminación del río. A pesar de todo, va a salir. Ahora los chicos del litoral se han unido y están haciendo el movimiento del litoral, al Pica Juárez le interesó para hacerlo en La Rioja y está bueno que esto haya despertado las necesidades dormidas que tenían otras regiones. “La vuelta” es una gran mesa, un gran patio donde nosotros podemos comulgar bajo una inmensa luna blanca con olor a rosquete, con un coyuyo en el alma y un corazón lleno de vidalas donde podemos llorar, morir, envejecer y volver cada verano como vuelve a florecer nuestro monte.

Rubén Palavecino

Es hijo de uno de los grandes representantes de Santiago del Estero, Don Sixto Palavecino. A pesar de ser ingeniero, acompaña a su padre desde muy chico en su proyecto musical y en el Alero Quichua Santiagueño.

Este es un programa radial que luego se convirtió en ONG y tiene como fin la difusión de todo lo relacionado con la actividad del idioma, a través del contacto con las personalidades de las distintas instituciones quechuas del Perú, Bolivia y resto del mundo.

Con él, pactamos un encuentro en la casa de Don Sixto, allí pudimos compartir extensas charlas con ambos y de este encuentro surgió esta entrevista.

- ¿Qué es el Alero Quichua Santiagueño?
- Alero Quichua es el nombre que le pusieron sus integrantes Sixto Palavecino, Felipe Corpos, Vicente Salto y el profesor Domingo Bravo. Significa cobijar a toda la gente que hace música, canto y todas las manifestaciones. Tiene intención de llegar a la campaña, a todos los quichuistas para romper el complejo que tenía el hombre de hablar en quichua y ya tiene 38 años que ha cumplido el 6 de octubre.

- Cuéntenos acerca del libro que acaba de editar Don Sixto.
- Ha sido un sueño materializado de muchísimos años porque en primer lugar a él le ha llevado entre ocho y diez años la traducción. Hemos andado mucho hasta imprimir porque los costos no permitían, cada vez eran más elevados. El gobierno de la provincia nos auspicia para imprimir y hacer la difusión de 1000 libros que ya están agotados porque se han distribuido en todo el país y fuera, la intención ha sido llevarlo a todas las bibliotecas e instituciones. En la biblioteca más importante de París ya está y la gente lo ha recibido con mucho cariño y con un comentario de que sería una de las traducciones más importantes para América, para los medios culturales del país y del exterior. Sabemos que el Martín Fierro es la literatura gauchesca más importante en el país y hoy nos decían muchos estudiosos que con esto los quechua hablantes de América van a tener la oportunidad de conocer lo que es Martín Fierro.

- Ahora hablemos un poco de su carrera artística, porque también sabemos que es ingeniero.
- Yo he sido siempre un integrante de su grupo musical, toda la vida. Yo empecé más o menos a los diez años a acompañarlo con la guitarra. Cuando él viene a la ciudad, en primer lugar para que nosotros podamos cursar los estudios secundarios y universitarios; en segundo, porque su sueño era llegar a la radio. Después de la radio ya se iban dando por inercia todas las posibilidades de llegar. Luego llega la TV y de ahí nos vamos a Buenos Aires. Contar todo lo que hemos andado actuando para la TV, actos culturales…cuantos lugares. Recuerdo que había un programa que se llamaba “Sábados Circulares de Mancera”, que era como decir hoy el programa de Mirtha Legrand. A mi papá le ha costado mucho difundir porque en esa época difundir el quichua era un poco resistido.

- ¿Cuál es la sensación al haber cumplido todos los objetivos junto a Don Sixto?
- Yo creo que esto se ha dado por la perseverancia de él, porque él ha luchado tanto en esto que en muchas oportunidades le han preguntado “¿que podría hacer él llevando el quichua a los medios?, ¿si lo reconocerían?” y él contestaba “no importa, yo hago lo que me gusta y lo que pretendo hacer es de alguna manera reivindicar esa masa quichuista que esta olvidada”.
Él ha sido el móvil o la causa por la que todos los medios, toda la gente en general lo ha reconocido. Al reconocer eso, han llegado a ponerlo en el lugar que tendría que estar y como está. Sixto todavía no tiene consciencia de lo que ha hecho o en donde está. Yo, poniendo una barrera entre lo que es padre e hijo, te digo que es una persona que no se ha contaminado con nada; ha venido hace más de cincuenta años de Salavina, de su tierra natal, y se ha instalado aquí. Ha andado por el país y por el exterior y sigue siendo como fue en Barrancas, donde él ha nacido. Sigue siendo puro, es una de las cosas que lo ha caracterizado y ha permitido que esa humildad lo lleve al sitial donde hoy está.

Mullieris

Mullieris es un grupo vocal e instrumental integrado por Eileen Ayub, Carolina Haick, Marta Cecilia Nazar y María Eugenia Páez. Se caracteriza por contar con una exquisita conjunción de voces e instrumentos ejecutados por ellas mismas, junto a una puesta integral y original que incluye coloridos vestuarios que le impregnan un toque muy femenino a cada presentación.
Nos encontramos con ellas una tarde y mantuvimos una fresca y a la vez profunda conversación, donde reinaron las risas, como sucede en una típica reunión de mujeres.

- ¿Cómo y cuándo comienza Mullieris?
Carolina: El grupo nace en abril de 2006, por una idea que venía gestándose en el año anterior. Yo tenía ganas de armar un grupo de mujeres y he encontrado en Marta una compañera para llevarlo a cabo. Ella se sentó con el teléfono a llamar a las chicas. Al principio, se fue delineando el concepto del grupo que es trabajar solo mujeres desde los arreglos; las canciones; eligiendo un repertorio que nos guste y tocando todo nosotras, que ese ha sido el gran desafío del grupo: cantar, componer y arreglar.

- ¿Cómo es la relación que tienen con los medios de comunicación?
Marta: Nos va muy bien con los medios, hemos tenido mucho apoyo aquí y afuera. En Córdoba y Tucumán los medios más importantes se han hecho eco de nuestras actuaciones. Hasta ahora nos ha ido muy bien y no hemos tenido ningún problema.
Carolina: Estamos muy agradecidas con los medios, especialmente con los de aquí que es con lo que más relación tenemos por ahora en nuestra corta carrera. Nos tratan como reinas a donde vamos, nos hablan, nos sacan notas sin que nosotras pidamos. Estamos muy agradecidas con las radios, con los diarios, hemos entablado una relación muy linda.
Eugenia: Observamos que hay por parte de las otras bandas una lucha por surgir, por hacer llegar su mensaje y no es fácil. Para Mullieris se abren las puertas y nos reciben muy bien. Hay que tener un espíritu muy fortalecido para seguir firme y adelante con un mensaje y dentro de todo es también lo que nosotras estamos buscando, seguir, seguir hasta lo máximo
Marta: quizás sea porque venimos a llenar un vacío, ya que nuestra propuesta es de mujeres y nuestra sociedad es bastante machista. Entonces tal vez sea por eso que todos los medios han puesto tanto interés al ver que las mujeres cantan, tocan, producen. Hemos sido bastante audaces en eso.

- ¿Sufrieron algún tipo de discriminación o algún efecto del machismo?
Carolina: No, para nada. La verdad que por ahora venimos bien (risas).
Eileen: Al contrario, creo que por ser mujeres nos tienen cierto respeto, nos tratan distinto. Quizás no es común, pero renegar con el machismo no nos ha tocado todavía, por suerte (risas).

- ¿Quiénes son sus referentes o pilares?
Carolina: Chuni Cardozo y Félix Taboada de Sincopando. Goma Herrera es el fundamental por que nos ayudó mucho con la percusión, ninguna era percusionista y decidimos explorar por ese lado y Goma nos ha estado ayudando por lo que se ha convertido como en una pieza fundamental entre nuestros amigos músicos para todo este grupo.

- ¿Qué nos pueden contar acerca del disco?
Carolina: Hemos sacado un pequeño anticipo a modo de demo con “Santiago querido”, un gato que se llama “Me has de querer que no”, “la Otumpeña”, “Atrévete”, “La pollera amarilla” y “Taki Taki” que son cumbias. La idea es armar un disco con el repertorio que venimos trabajando durante todo este tiempo, que es muy caprichoso digamos elegir los temas; cada una elige lo que le gusta, que tema quiere cantar. Música de género, estamos trabajando con Lila Downs, Toquinho, Pedro Guerra; estamos explorando, vamos a ver que temas quedan. Estamos trabajando los temas que ya están, los estamos puliendo desde la edición y la presentación oficial será en Santiago seguramente.

- ¿Cómo recibe el público esta propuesta?
Eileen: La respuesta de la gente ha sido espectacular. El día del amigo del 2006 fue nuestra primera presentación y ha sido todo un desafío el presentar temas que le gustaban a cada una de nosotras. Nos preguntábamos: ¿le gustará a la gente?, ¿qué va a pasar?, pero la respuesta ha sido increíble, siempre nos dieron apoyo, nos alentaron. Hay muchas mujeres que nos dicen que les encanta cantar pero que no se animan, entonces nos dan más fuerza para seguir. La mujer tiene tantos compromisos sociales, la casa, la familia, el trabajo…y hacer lo que nos gusta es increíble y que a la gente le guste es aún más increíble todavía. Es una satisfacción muy grande.
Martha: La cuestión de la vestimenta, el maquillaje y todo eso surgió del querer explorar para ver hasta donde aguanta la gente (risas colectivas) pero la cuestión es que vamos armando cosas nuevas para cada show y elegimos un color y hacemos toda una producción. Además de lo musical, explotamos también lo visual ya que este es un tiempo en el que todo entra por los ojos.

Paulo Luis Coutinho

Nació en Río de Janeiro, Brasil. A los 18 años se trasladó a Argentina e ingresó en el Conservatorio “Manuel de Falla”. Grabó tres discos como solista de guitarra y en 1979 realizó una gira por EEUU con el autor y compositor brasileño Antonio Jobim.
Actualmente está a cargo de las Cátedras de Audioperceptiva, Armonía y Contrapunto de la ESPEA Nº1 “Nicolás S. Gennero”, y forma parte del Proyecto Educativo Musical “Música de Todos”, auspiciado por la Subsecretaría de Cultura de la Nación.

A veces dicen que “Santiago no tiene riendas, pero sujeta”. Paulinho, como se lo conoce, ya lleva 17 años en esta tierra y sigue desandando proyectos desde ese lugar.

Nos encontramos con él en el escenario del coliseo mayor de la provincia, un ambiente ideal para mantener una profunda conversación.

– ¿En qué año llega a nuestro país y a qué se dedica?
- Empecé a los catorce y a los dieciocho me vine para acá. De los dieciocho hasta acá, no paré más hasta el día de hoy, es decir, que tengo 47 años en la música.
Vine a estudiar acá becado por la Embajada Brasileña y estudiaba en el Instituto Integral; en el año ´63 cierra y me voy a estudiar en el Conservatorio Manuel de Falla hasta el año ´74. Antes había trabajado como músico, había grabado dos discos y trabajaba en café concerts de Buenos Aires: “La Fusa”, “El Papagayo”, locales de música brasilera y acompañábamos a muchos cantantes. En el ´72 me voy a hacer una gira con Piero, con él he trabajado desde el ´71 hasta el ´73. Cuando volvimos para las elecciones que ganó Cámpora me quedé y seguí trabajando con él hasta el ´74, después largué. En el ´73 me casé, seguía en el conservatorio pero no terminé porque nació mi primera hija. Seguía trabajando en los café cocerts y haciendo giras en el interior del país; después trabajé como asesor musical en la Embajada Brasileña. Tenía un programa de radio de música brasileña auspiciado por la Embajada de Brasil en la Radio del Plata y al mismo tiempo tenía otro programa en Radio Nacional. Ya no trabajaba regularmente debido a lo que pasaba políticamente en el país, había una resistencia con respecto al laburo nocturno. Hasta que vino la democracia yo seguí en Buenos Aires, a pesar de los quilombos y en el ´88 me fui a Europa a hacer una gira con una cantante argentina que hacía música latinoamericana y despues de trabajar mucho tiempo con ella haciendo espectáculos infantiles me vine a vivir a Santiago del Estero a raíz de la invitación de un amigo mío que es dueño de una fábrica de muebles que me invitó porque cada vez que venía le contaba mis problemas…entonces me dijo ” te venís para acá y te quedás”. Yo trabajaba particularmente y en la Universidad de La Plata; a los dos días agarré todo y me vine, no me preguntes como…a la semana, la directora de la Escuela de Música me vino a buscar para que yo ocupara un lugar en la docencia porque necesitaba cubrir unas horas. Yo no quise pero insistió, le dije que me quedaría solo por tres meses, que busque un reemplazante, que yo quería hacer mis cosas. Y bueno, ya estoy aquí hace 17 años.

- ¿Cómo resultó lo de la docencia en Santiago?
- Yo ya trabajaba como docente, pero aquí es otra historia. Es una cosa extraña, pero llega un momento en el que te acostumbras, es decir, yo me dedico a enseñar armonía, contrapunto, esas materias técnicas y especificas. Todo muy bien hasta que cambiaron la ley de educación y se pudrió todo respecto a la transformación, a lo que se hace en cada provincia, hay que adaptarse a la nueva ley. Me parece que no funcionó con algunas cosas que tiene que ver con la provincia, al nivel de transformación empeoró, yo sigo cuestionando eso y me mantuve en la mía. Aquí es todo muy burocrático, hay muchas desavenencias. Igual yo me dedico a trabajar con la docencia, pero con mi material, yo creo cosas. Incluso estamos por editar unos trabajos con gente de La Rioja y Salta, que son muchísimos y veremos si se puede y estamos conversando para ver hasta donde podemos llegar. Eso me favorece y estimula porque es un trabajo para varias provincias. Me permite hacer cosas, porque lamentablemente yo no he podido hacer las cosas que yo quisiera hacer, mi música o componer mis cosas para una orquesta sinfónica, eso se me frustró por la docencia. Pero despues me junté con los changos de Sincopando y grabamos un disco, a ver que sale.

- ¿Qué visión tienes acerca de la música santiagueña?
- Bueno, va a ser chocante lo que voy a decir respecto al folclore santiagueño en especial, porque yo he notado que no hubo avances en cuanto a la creatividad. Es probable que sí en toda la parte literaria del folclore, pero musicalmente en absoluto, no hubo nada. Yo no sé si es porque los medios, que son los que se encargan de difundir las cosas, cargan alguna historia. Yo no quiero pensar que hagan política en ese sentido de no permitir el avance o los experimentos que se pueden dar en términos creativos. En cambio, sí he observado en el caso de La Rioja, que es impresionante, algunos que otros músicos de Rosario y por ejemplo en Buenos Aires donde yo viví 26 años. Por otro lado, yo soy criado por la bossa nova y obviamente tengo otras cosas que no se pueden medir. A su vez, sigo leyendo y escuchando otras cosas, por ende no se si tengo autoridad moral pero si puedo observar y cuestionar cosas. Todavía aquí no se conocen a los compositores santiagueños, se conoce una que otra cosita que los demás dicen que está buenísimo, del siglo pasado, de la década del ´50 y después todo es Carabajal, Carabajal, Carabajal…con todas sus historias. De los Hermanos Simón, poco, y fueron muy capos, pero después de eso pareciera que acá no hay nada. Y los de acá se van afuera, pero todos hacen lo mismo, todos son exactamente calcados, lo único que le cambian es la letra. Lo demás está todo basado en lo mismo.

- ¿Cómo recibe la gente a un brasilero interpretando música argentina?
- Creo que el santiagueño entiende, no creo que digan nada y si dicen es porque esa es una característica de los santiagueños. Es como la consigna de Trotsky, la revolución permanente. Acá la crítica es permanente aun sin manejar el lenguaje o sin tener los conocimientos profundos sobre lo que se va a criticar, eso es lo que vos vas a notar inclusive en los medios. Los periodistas que son especializados entre comillas, las radios, la TV que por ahí veo o escucho. Pero bueno, es típico del santiagueño. Yo no me mezclo con esa historia, yo hago la mía, soy un observador nada más. Pero como no me meto, no me pueden hacer nada y cuando hago, hago con carácter y observador, que agarre el que quiera y el que no quiere que no lo agarre, interprételo como quiera, total…
Yo soy un tipo totalmente libre en ese sentido, yo no estoy agarrado con nadie, por eso me copo acá con la cuestión de los changos, porque como lo maneja Chuni (Cardozo); las cosas que hace Chuni son buenas. Hay dos compositores excepcionales: Pablo Mema y Chuni, después olvidate, para mí. Tipos serios, divertidos, que se preocupan en aprender e informarse y son cosas que no suceden con la mayoría de los músicos de acá. Por eso tienen problemas, porque hay que saber mucho, sino no pueden tocar, el que toca de oreja es trucho. No, ¡hay que estudiar hijo!, no queda otra, la música no es una joda, es mucho compromiso. Tiene que ver con la cuestión social, la muy buena información que hay que darle al chico que está escuchando, por lo menos, para que el receptor se preocupe en qué es lo que está pasando y aparte de eso yo estoy integrando un grupo que trabaja para la Nación en un proyecto que se llama “Música de Todos” que está basado en la antropología, desde el punto de vista de la música folclórica y toda su magnitud. Estoy metido en cosas que para mí son muy agradables.

Sombras y Trapos

Martín Santillán, Leandro Crespo y Roque Riera son tres amigos que comenzaron incursionando en la actuación y luego decidieron expresarse detrás de un biombo para crear un mundo mágico a través de desopilantes personajes.

Un día decidieron recrear a diferentes artistas de nuestra música folclórica y lograron trascender a través de este arte. Desopilantes y dueños de una creatividad sin límites, nos contaron acerca de este nuevo emprendimiento y de lo que vendrá.

- ¿Cómo surge la idea de recrear personajes de la música popular?
- Ha surgido porque una amiga nos invitó a una peña que se llamaba “La Barba de León” y no sabíamos bien que hacer, todavía estábamos con los títeres para niños y llevarlos a un lugar de gente grande era muy difícil. Nos dedicamos a componer canciones y de a poco surgió la idea de hacer personajes que agraden a la gente, que tengan la onda de las peñas. Arrancamos con Fito Páez, Charly García, que son personajes que le agradan a la gente que va a las peñas. Después surgieron los Coplanacu, cuando vimos que ellos gustaron, hemos apostado a lo que es el folclore.

- ¿Cómo se reúnen con los Coplanacu?
- La idea de ir a la peña de los Coplanacu surgió cuando nosotros animábamos una fiesta de cumpleaños y llegó Julio Paz. Le preguntamos si tenía algún inconveniente con que recreáramos sus personajes con los títeres, pero sin ninguna intención de ir a la peña de ellos. Nos dijo que no había problema siempre que lo hagamos con buena intención. Entonces ahí nos invitó a la peña.

- ¿Otros personajes que tengan pensado recrear?
- Estrenamos a Juan Saavedra y Horacio Guaraní. Después tenemos planes de hacerlo al dúo Suárez Palomo y a otros personajes que van a enriquecer el espectáculo.

– ¿Cuál es la meta que tienen como grupo?
- Llevar y hacer conocer este arte que se está dando aquí en Santiago. No tenemos conocimiento de que otra gente esté haciendo títeres con música en vivo, pero sí que hace títeres para adultos, hay certámenes y mucha gente que se dedica a esto.

Paisaje riojano

La Rioja late al compás de la chaya, ese ritmo que es característico del carnaval, pero que vibra durante todo el año en las exquisitas voces que se renuevan de generación en generación. Es una ciudad chica pero con un invalorable patrimonio musical, donde resaltan los nombres de Ramón Navarro, Pancho Cabral, Pimpe González y el inolvidable Chito Zeballos, entre otros. Ese poder creativo se multiplica casi a diario, con un Pica Juárez comprometido con la realidad social, Kike Álamo con la fuerza en la interpretación y Carlos Ferreyra con su voz cálida e incomparable, junto a tantos otros que logran hacer historia a diario en su lugar o en otras provincias hacia donde migraron.
Ramiro González vive hoy en Córdoba y cuando le preguntamos que es lo que más extraña, nos responde que a sus compañeros músicos. Dice que en el ámbito de la música todos se relacionan como hermanos y que la “movida” de La Rioja es como un universo aparte. Nosotros viajamos a conocer ese universo colmado de magia, historia, caudillos y paisajes.

Viejos chayeros de cuanta.

Librevoz

“Cuanta”, es una expresión popular en La Rioja que significa “de hace muchos años atrás”. La larga y trascendente historia musical de esa provincia dentro del panorama folklórico se remonta a aquellas épocas en las que comienzan a sonar en todo el país, en las radios AM, Los Andariegos, Los Nombradores, Los Nocheros de Anta y Los Huanca Huá, entre otros.
Cuando hoy se le pregunta a un joven músico riojano quiénes son sus referentes, la respuesta es unánime: “Rioja Trío”, “Grupo Vocal Norte” y “Librevoz”. Estas agrupaciones tienen características comunes: todavía pisan fuerte en los escenarios, proyectan nuevos discos y continúan con sus ensayos semanales con la disciplina y la constancia que solamente genera la pasión.
Entre acordes y charlas, durante un ensayo, Rubén Garcerón del Grupo Vocal Norte nos reveló: “la fórmula para permanecer vigentes durante más de veinticinco años es el respeto” y mientras dice esto, sus compañeros comienzan a cantar la “Zamba azul”. Todos se muestran orgullosos de lo que generan entre los jóvenes, pero lo sienten como una responsabilidad muy grande.
Dentro de la movida local los integrantes de Librevoz (Andrés Flores, Camilo Mata y Nicolás Carrión) fueron fundadores o responsables en la formación de otros grupos, dúos y coros de La Rioja. Andrés Flores es el director y fundador del Coro de Niños Cantores con el que viajó por todo el país y por Europa, además formó Algarrobal y Azahares; Camilo Mata formó un cuarteto de mujeres llamado Las Brujas integrado por la Bruja Salguero, Silvina Molina, Anita Galleguillo y Alejandra Herrera, las cuales tuvieron rotundo éxito, también es reconocido en el ambiente coral y es solicitado en diversas provincias. Por su parte, Nicolás Carrión es también integrante de Rioja Trío, otro grupo conocido por sus arreglos vocales. Juntos cumplieron veinte años de permanencia en el medio, grabaron múltiples trabajos discográficos y continúan vigentes. Cuando asistimos al ensayo del grupo afirmaron “las buenas relaciones humanas son un factor determinante para la continuidad del grupo”.

Alfredo Romero

Otra formación muy nombrada en el ambiente de los grupos vocales es Aguablanca. Alfredo Romero, su líder, ganador del Pre-Cosquín 2007 en este rubro, sostiene: “no es casual la aparición de tantos grupos vocales en La Rioja. La historia se remonta al año ´92 cuando el grupo Horizonte organizaba peñas con características de espectáculo de música vocal a los que asistían más de mil personas, donde la mayoría eran alumnos de secundaria, ese fue un punto de partida para la formación de las nuevas camadas, ya que todos ansiaban emular, a su manera, esos interesantes proyectos”. Otra gran influencia fue la creación la Escuela Nacional de Artes, conocida como “el Polivalente”.

Luis Chazarreta

Uno de los puntales de la producción actual riojana es el músico Luis Chazarreta, considerado un eximio guitarrista y un excelente técnico de grabación, productor artístico y director orquestal. Gran parte de los discos que se producen en esa ciudad y que pertenecen a los artistas riojanos se grabaron en su sala “El estudio de la cuerda”. Comenzó a construirlo llevado por la necesidad de contar con un espacio para grabar su música, pero jamás pensó que, años después, terminaría siendo el responsable de la mayoría de los trabajos de sus comprovincianos. Allí grabaron como invitados de algunas producciones Alfredo Ábalos, Raúl Carnota, Peteco Carabajal y Ramón Navarro. Actualmente, este estudio es requerido por numerosos artistas de otras provincias que, al conocer la trayectoria de Chazarreta, alzan sus instrumentos y se dirigen hacia la capital de la chaya. ¿Por qué sucede esto? Luis declara: “no puedo con mi genio, al escuchar un acorde quizás fuera del lugar, inmediatamente tomo mi guitarra, lo corrijo y hasta algunas veces termino grabando yo mismo”.

La obra cumbre.
En 1985 se edita el disco de La Cantata Riojana, obra plasmada por el músico Ramón Navarro y el poeta Héctor David Gatica. La primera presentación en vivo se realizó en el mismo año en el Teatro Susex y luego prosiguieron las giras por los dieciocho departamentos de la provincia y por doce provincias más. Además se hicieron presentes en el Festival de Cosquín y en los teatros más importantes de Buenos Aires, incluido el Cervantes, el San Martín y nuestro máximo coliseo el Teatro Colón. En la primera etapa del espectáculo participaron reconocidos artistas riojanos como Chito Zeballos, Rioja Trío, Colacho Brizuela, Hugo Casas, Ramón Navarro (hijo), Pancho Cabral y Luis Chazarreta.
En el año 2000, una camada de jóvenes artistas la vuelve a representar en el Teatro Víctor María Cáceres ante dos mil personas y con una multitudinaria asistencia de público en Chilecito.
“La Cantata” es reconocida como la obra cumbre de la provincia debido a su vigencia y a que relata en doce temas, el pasado y presente de esta noble tierra.

Entre chayas, harina y albahaca llega el carnaval.

Mayela Gordillo

El carnaval es una fiesta profana celebrada desde hace milenios por los riojanos. El popular barrio de San Vicente, epicentro chayero por excelencia, es considerado el barrio de cantores y poetas.
Allí vive Mayela Gordillo, vidalera al igual que lo fueron su madre y su abuela. Desde muy niña, junto a ellas se dedicó a la construcción de las que hoy se llaman “cajas chayeras”, pero que años atrás se denominaban tambores ya que eran de un aluminio muy grueso y se fabricaban sobre una especie de tachos que contenían alcohol y un hojalatero que le daba la forma. Luego de este proceso se les colocaba cuero de cabrito de un lado y de liebre del otro.
Mayela cuenta con nostalgia la historia de los viejos carnavales, los cuales se realizaban en lo que hoy se llama el “Estadio del Centro”, sede oficial del Festival de la Chaya. “Se cantaba en el día, la tarde y sobre todo en la siesta que es cuando más se festeja el carnaval en La Rioja. Se juntaban las comadres, las familias que eran poquitas con sus casas a veinte cuadras de distancia y se quedaban por tres días en mi casa; traían la comida, venían a caballo, mula o burro con las alforjas cargadas. No eran fiestas populares, sino familiares”, sostiene con cierto aire de nostalgia en su mirada.
La legendaria chayera sigue el relato: “Cuando murió mi madre yo me propuse enseñar a cantar, romper esa tradición de que había que ser adulto para cantar y participar. Les enseño a mis sobrinos para que no se pierda esa tradición. Hubo cosas terribles como el exterminio de nuestra raza. Fue muy duro mantener eso, seguir adelante y tener coraje para querer hacer y no dejar que se lleven todo”.
“En frente de donde yo vivo era el Pukial, nombre quichua, pero que ahora se llama Estadio del Centro. Antes era abierto y ahora es cerrado, para nosotros siempre fue el carnaval, ahora es el festival de la chaya. Nosotros cantábamos ahí como si fuera nuestra casa, hacíamos un rancho ahí mismo y nos poníamos a cantar y vidalear con los amigos. Ahora todo el sistema hizo que esto sea un negocio y ya no permite que la gente humilde se acerque a tomar un buen vino y a comer unas empanadas picantes, eso ya es inalcanzable para el bolsillo de la gente humilde”, denuncia la cantora.

Palabras de Angelleli

Pero Mayela no es solamente vidalera. Tuvo la oportunidad de vivir numerosas experiencias muy cerca de Monseñor Angelelli, quién a su muerte era el obispo de la provincia de La Rioja, asesinado en agosto de 1976. Angelelli es un símbolo de fe en la provincia, se caracterizó por estar junto a los trabajadores en sus reclamos y con los campesinos impulsando su organización cooperativa. Denunció la usura, la droga, las casas de juego y el manejo de la prostitución en manos de los poderosos de la sociedad riojana. Visitó los barrios alentando a los vecinos a solucionar el problema de la vivienda y organizar una cooperativa de consumo. Recorrió toda la provincia visitando los pueblos más remotos y olvidados. Cuando le preguntamos por Angelelli, con una mezcla de tristeza y seguridad afirma que luchaba por la verdad y la justicia y que ese ejemplo la marcó toda su vida. Por eso Mayela, que es empleada doméstica desde los ocho años de edad, fundó el Sindicato de Empleadas Domésticas junto a otras mujeres de Catamarca y La Rioja. La sede, coincidentemente, queda en el mismo lugar donde vivía Angelelli en el año ´73. “Soy muy sencilla, entonces no me gusta mucho esa cosa de la actuación -comenta entre risas, la vidalera. Pero con el canto aprendí que se puede usar también para denunciar, y así estuve por el interior visitando a las compañeras, llevando el mensaje de la buena nueva, viendo como podemos hacer cumplir nuestros derechos”. La voz de Mayela es el testimonio de una historia riojana, que sigue viva en la memoria de su pueblo, y en el canto nuevo de una generación que va dejando su huella en el folklore.

Rioja Trío

Rioja Trío es uno de los grupos vocales que tiene una permanencia de más de treinta años en el ámbito musical de la provincia. Integrado por Jorge Santillán, Ángel Molina Torres y Nicolás Carrión, llevaron los ritmos propios de la región al Teatro Colón cuando formaron parte de la mítica “Cantata Riojana”. A pesar de no estar realizando presentaciones en este último tiempo, reciben diversas distinciones y reconocimientos.
Argentina Folclore los visitó en un ensayo, entre mates y guitarras, donde reflexionaron acerca de este largo transitar y manifestaron su deseo de volver a los escenarios y grabar un nuevo material discográfico.

- ¿Cuántos años lleva el trío?
Nicolás: El grupo nace en septiembre de 1977 por la inquietud de tres jóvenes en aquel momento (risas). Copo (Molina Torres) cantaba con su amigo Nene Duarte en el dúo Duarte-Molina Torres y yo venía cantando solo. Allí se formó el trío, que con esta formación inicial estuvo un año. Luego llegó Jorge (Santillán) en reemplazo del Nene Duarte que hoy es un cantor solista que vive en Cosquín y así queda esta formación que se mantuvo durante 22 años en el ámbito de La Rioja y el país; porque tuvimos la suerte de que Rioja Trío fuera uno de los nombres importantes, que creo que fue el único grupo hasta hoy en alcanzar el Teatro Colón y que ha marcado cosas muy lindas para el cancionero popular de La Rioja, no dicho por nosotros, sino mas bien por la gente amiga y por colegas. Pasa que no había muchos tríos con esas características. Creo que supimos elegir bien el repertorio, arreglos convencionales en algunas cosas y no muy convencionales en otras, con influencias de grandes de la música que uno ha escuchado como: Los Andariegos y Nocheros de Anta. Al que le preguntes en La Rioja te va a hablar de esa gente, porque hay una forma muy especial de cantar en esta zona, somos del NOA en algunas cosas pero muy cuyanos en otras. Por ejemplo, la forma de cantar ya no es norteña, es más pausada, tranquila, melodiosa si se quiere decir. Si uno mete todo eso en una coctelera, sale una mezcla muy interesante para el que la sabe aprovechar.

- ¿Cuál fue la fórmula para perdurar durante tantos años?
Ángel: Mucho tuvo que ver el gusto musical, muchas coincidencias y fundamentalmente porque humanamente nos hemos llevado muy bien en todo este tiempo. Uno parado a esta altura cree que ha sido poco, pero somos conscientes que ha sido muchísimo el tiempo.

- ¿Cómo sobrevivieron siendo artistas independientes?
Nicolás: Venimos cantando hace muchísimos años juntos y por separado. Hay cosas que te quedan marcadas, que sobreviven porque no se contraponen los proyectos. Uno puede seguir cantando solo sin perjuicio de que se tomen temas propios del repertorio. Jorge ya tiene su disco, yo estoy armando el mío y me imagino que Copo (Molina Torres) ya armará el suyo, ya que es una de las mejores voces solistas de La Rioja y no te podés dar el lujo de que esa voz no esté rescatada en un trabajo solista.
Pero no pasa solamente por cantar solo. Nuestro destino pasa por el trío más que por cualquier proyecto individual. Nosotros lo hemos hecho por gusto

- ¿Cómo fue su participación en la Cantata Riojana?
Jorge: Eso ha sido lo más importante para el trío porque es la obra poética musical más importante que dio La Rioja, la cual nos permitió, como dijo Nicolás, poder llegar al Teatro Colón, cosa que muy pocos artistas lo han logrado y también nos abrió la puerta en otros teatros de Buenos Aires. Además hicimos una gira por todo el interior de La Rioja, por los 18 departamentos y tuvimos la posibilidad de conocer lugares que al ser capitalinos no conocíamos, ahí descubrimos la calidez de la gente de La Rioja.

- ¿Qué pueden comentar acerca de su último trabajo discográfico?
Nicolás: “Vigencia” ha sido el último trabajo del trío. Lleva ese nombre porque ya estábamos hace más de veinte años cantando y porque fue un disco hecho con mucho cariño y trabajo. Había muchos elementos que concordaban, como la autoría de temas de Jorge, la aparición de Víctor Carrión, hoy un músico consagrado, y que hemos trabajado mucho en la elección del repertorio. También nos ha ayudado Luis Chazarreta que ha sido uno de los pilares donde se apoyó gran parte de la trayectoria del trío, porque formó parte de todas las grabaciones. Luis es casi un integrante desde lo humano hasta lo musical, ya que el disco se ha grabado en su estudio. Sentimos que este último material fue el mejor hasta ahora, al menos para mí. Tuvo colorido en los temas, una variada selección de autores riojanos y se cantaron canciones que no estaban muy difundidas. Tuvimos la suerte de que casi todos los discos tuvieron canciones que quedaron con el sello de Rioja Trío: “Con el calor de mi gente”, “Esperando la vida” y “Me basta con saber” de Jairo. Una noche cuando vino para acá Jairo yo le regalé nuestro disco y después me hizo un comentario muy lindo y es que se había quedado escuchando el disco hasta tarde y que le había gustado mucho nuestra versión en trío. Cosas como esas son gratificantes…Además fue el primer disco de La Rioja que tuvo el auspicio de la Secretaría de Cultura de la Nación, algo por lo que siempre se ha tratado de luchar para que los entes comprometidos con lo cultural apoyen los trabajos. Después de haber grabado quedamos incluidos en el plantel de artistas de la secretaría, lo cual fue muy valioso para nosotros.

- ¿Cómo se sienten ante el reconocimiento que tienen en su provincia?
Nicolás: El año pasado el Consejo Deliberante nos declara “ciudadanos destacados dentro del arte” y este año nos hicieron otro homenaje del municipio por los treinta años del grupo. En ese aspecto somos agradecidos de la consideración de la gente, creo que es muy lindo que digan que has hecho un aporte a la cultura popular y que ese aporte haya dado cosas buenas. A lo mejor si le preguntas a un joven si se acuerda del trío, lo nombra como referente. El trío ha tenido una trascendencia que va más allá de las ganas y de las intenciones nuestras. Cuando se armó el grupo nunca pensamos ni dimensionamos lo que se iba a venir, solamente queríamos cantar. Pero resulta que después se vinieron otras cosas que han engrandecido mucho nuestra trayectoria y ahora nos dimos cuenta de que las ganas siguen intactas. Y bueno, ¿por qué no nos juntamos nuevamente? El homenaje del 12 de octubre fue un pretexto para juntarnos una semana antes, cantar un par de temas y recordar las letras.

- ¿Existe alguna posibilidad de que vuelvan con todo?
Ángel: Por ahora hemos acordado trabajar, nos estamos juntando un par de veces en la semana y tenemos como objetivo hacer un recital en abril o mayo, una o dos funciones, que creemos serán en el Teatro Provincial. También anda dando vueltas la idea de una grabación con todos los temas que tenemos y que día a día vamos tratando de recordar, para dejar plasmado lo que hemos hecho durante toda nuestra vida juntos.

Pedro Molina

Pedro Alberto Molina es uno de nuestros más trascendentes grabadores. Nació en la capital riojana, pero a muy temprana edad se trasladó con su familia a Pinchas. Desde niño comenzó a dibujar frente a un hotel que tenía su padre. Se formó en la Escuela de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba y continuó sus estudios en el Instituto Superior de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán, graduándose como Licenciado en Artes Plásticas (1962). Durante su experiencia tucumana -que resultará fundamental para su formación-, actúa como ayudante-alumno del gran Pompeyo Audivert. Profundamente interesado en el arte precolombino y el barroco Iberoamericano, realiza varios viajes de estudio por el norte de Chile, Bolivia y Perú. Entre 1966 y 1970 reside en España, perfeccionándose en Litografía en el Conservatorio de las Artes del Libro de Barcelona y en Grabado Calcográfico en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. Entre tantas cosas, también fue Director General de Cultura de la Municipalidad de la Ciudad de La Rioja. Pero más allá de su profuso currículum el “Macho” Molina es un personaje singular, gran contador de historias y leyendas regionales, artista trashumante, bohemio infatigable y compañero de aventuras de grandes músicos como el Cuchi Leguizamón y Atahualpa Yupanqui.
Argentina Folclore se dirigió a su casa en la Rioja, donde funciona su taller. En esa reunión, Molina compartió las experiencias adquiridas a lo largo de esta fecunda carrera.

Grabado Molina

- ¿Cómo le surgió la idea de recorrer tantos lugares?
- Siempre discuto con la gente joven que para ser alguien importante, además de ser autodidacta hay que aprender de alguien, porque la formación académica sostiene cualquier audacia que uno pueda hacer después en plástica. Aunque estuve en Europa y ví a los grandes maestros siempre traté de no perder la raíz, eso folklórico que va a lo mítico, a la cosa más profunda que tanto investigó Columbres. Recuerdo que un libro que fue fundamental para mi fue “El país de la selva” de Rojas donde están todos los mitos.

- ¿Cuáles fueron sus influencias?
- Recuerdo que cuando hice una muestra en La Rioja hace mucho años, un crítico de un diario me comparaba con Sabogal, un grabador peruano y con Guadalupe Posada y yo decía “¿Quiénes serán?”. Posada fue un gran creador pre-revolucionario que era un grabador popular que andaba por las imprentas para hacer la noticia del día: crímenes, terremotos, se especializó en accidentes y siempre estaba en ese movimiento. Esa fue una de mis primeras influencias. Una época viví en México y me dediqué a estudiar a esos grabadores populares. El grabado fue mi fuerte; estuve con Audivert, con otros grabadores y además me dediqué toda mi vida a pintar, a dibujar. Para mí el gran maestro del siglo veinte fue Antonio Berni, también Lino Spilimbergo y Gómez Cornet. En Buenos Aires: Victorica y Quinquela Martín. También los escultores Pepe Alonso, el Negro Juárez y eso nos fue nutriendo. Alguien dijo que la creación viene cuando se olvida todo lo aprendido, pero para olvidarse lo aprendido hay que aprender antes (risas). Cuando uno hace algo, no lo está inventando, sino que uno ya lo tenía asimilado y aflora en el caso de esa necesidad.
A diferencia de los artistas modernos que trabajan con computadoras, los llamados conceptualistas, minimalistas, yo sigo siendo un tipo expresionista que me gusta la textura. Actualmente el arte se ha vaciado de contenidos, si uno va a Buenos Aires ve al Pato “Donald”, al perro “Pluto”, a “Mickey” como una desnaturalización de contenido y es lo que viene después del liberalismo y el capitalismo, que hacen que ya no haya regionalismo. Porque el regionalismo trae implícito un negro, un tipo descalzo con machete. La globalización hace que todos nos veamos iguales y una cosa tan seria como el arte no puede estar vacía de contenidos.

- ¿Y como nació su relación con la música?
- Cuando fui a Córdoba a estudiar, casi me muero de hambre y frío. En Tucumán me avivé un poco, entonces comencé a contar cuentos. Allí conocí en los valles a los cantores de Tafí del Valle y Amaicha. En Salta fui a dar un curso y conocí a Ariel Petrocelli, Jaime Dávalos, Manuel Castilla y al “Cuchi” Leguizamón, del cual fui amigo. También del “Pato” Gentilini y “Chivo” Valladares en Tucumán. Allí me fui alimentando y además un poco por diversión entré a cantar con ellos, tal es así que en los años posteriores a la celebración de los 500 años me invitaron a exponer en Puerto de Palos, Huelva y fui con mi caja y canté con Pancho Cabral que tenía un conjunto que se llamaba “Resolana” y él me presentó como el vidalero de Aimogasta (risas).
También fui muy amigo de Mercedes Sosa antes de que ella triunfara. Siempre fue triunfadora, pero hablo antes de que fuera reconocida. Cuando yo era secretario de un centro de estudiantes en Tucumán, en los años sesenta le auspiciamos un recital. Y así fui conociendo muchas personas.
Como voy siempre a Tilcara, ahí conocí a mucha gente: a Tomás Lipán, al “Burro” Lamadrid. Es gente que siempre me alimentó con su inteligencia, su buen humor, con las canciones que tanto escuché de ellos y si no le puse más énfasis o estudio a la música es porque no se puede hacer todo. Hice lo que yo quería y a donde se me dio la oportunidad, nunca forcé ninguna ocasión. Estoy contento de haber tenido tantos amigos en la parte musical.

- ¿Por qué eligió Tilcara como su segundo hogar?
- Ante todo por la grandiosidad del paisaje. El pueblo es muy original porque generalmente los pueblos de origen indígena no quieren saber nada con gente foránea. Pero ahí se soportan hasta a los hippies (risas), es una convivencia muy fructífera. Una vez Patiño notó que es un pueblo musical, cada banda no lleva menos de 30 integrantes entonces no podemos sacar la cuenta de cuantos músicos habrá (risas). Atrae el carnaval, semana santa, la pachamama que no es una sola fiesta es todo el mes, la fiesta de San Roque y además las celebraciones de los pueblos vecinos. Son fiestas híbridas, campesinas y de raíz indígena. Yo fui por primera vez en el ´78 cuando me dieron un premio y aproveché para buscar a un tipo que me había robado unos cuadros. Entonces una funcionaria de cultura me invita a quedarme, yo le dije que estaba echado por Bussi y ella me dijo que en Tilcara la situación era diferente. Me invitaron a poner en funcionamiento la Escuela de Artes y cuando vino la democracia estuve algún tiempo allí. Mis hijos andaban por todos esos lugares y una hija se quedó a vivir allá.

- ¿Qué trabajos realizó conjuntamente con los músicos riojanos?
- Ilustré un disco de Pica Juárez que ya va a salir, pero anteriormente hice un disco que se agotó totalmente que editó Hugo Casas a donde la primera canción es de Peteco (Carabajal) y hay mucha gente de La Rioja y Buenos Aires. También en la contratapa de “La Cantata Riojana”, hay una acuarela sobre el asesinato en Barranca Yaco. Mi gran frustración fue no hacerle la tapa a un disco de Don Atahualpa Yupanqui que una vez me pidió uno de mis trabajos para Odeón de Madrid. Yo había hecho dos trabajos pedidos por él. Cuando los llevo, los brutos estos que eran medio españoles y medio yankees me dijeron: “No, nosotros queremos la foto de don Atahualpa” y mandaron la foto. Pero a él le gustaba todo lo que yo hacía.

- ¿Como se conocieron con Atahualpa?
- Lo conocí en el ´69 en la casa de un amigo cuando fue por primera vez a Madrid. En la cena le pidieron que toque algo y él dijo: “No hay problema pero primero quiero escuchar a este señor porque no hay riojano que no sea vidalero” y yo canté para él una vidala riojana. Luego Atahualpa se fue a vivir a Francia y cuando regresó a Buenos Aires, seguimos manteniendo una relación muy fructífera.

- ¿Como reciben sus obras en el mundo?
- Muy bien, a los argentinos en Europa nos ven como grandes pintores, pero dicen que no tenemos personalidad porque siempre estamos viendo el último libro que viene de París, Milán o Nueva York. Yo, estando en Tilcara vendo muchas obras a franceses, australianos y norteamericanos. Les llama la atención que yo rescate la esencia de acá.

- ¿Le queda alguna cuenta pendiente?
- Siempre la de seguir perfeccionándome. He visto a tantos colegas que cuando se mueren se desperdigan sus obras. Entonces, estoy haciendo enmarcar todo para dejar armado toda una miscelánea, un pensamiento, una imagen de un mundo que está cambiando, con respecto a la raíz y a la personalidad. Recuerdo un libro que publicó la Universidad de Tucumán que se llamaba “El mundo que se va”, entonces quizás esto después se vea como algo histórico.

- ¿Una satisfacción?
- Hice lo que sentí, porque cuando era niño mi padre quería que estudie una carrera formal y me mandaron a Córdoba a estudiar derecho y yo me fui a la Escuela de Bellas Artes. La felicidad del hombre está en hacer lo que uno quiere.

Pimpe González

Proveniente de una familia de músicos, comenzó a tocar el charango a los cuatro años, siendo alumno de un tío de Jaime Torres. A los ocho años compuso su primera canción y en el secundario comenzó su fecundo trabajo en la composición y el trabajo con los instrumentos musicales. Fue integrante de numerosos grupos, armonizó conjuntos y dirigió grupos de música instrumental y vocal. Desde siempre desarrolló una actividad solista, como cantante y guitarrista. Hoy es uno de los referentes de la música popular riojana.

- ¿En qué momento de su vida se encuentra?
- Sigo en la lucha, componiendo, cantando, estudiando. Creo que es estrictamente necesario hacer lo que uno ama. Y lo mismo traté de hacer con mis hijos que son músicos y plásticos. Todo lo que tiene que ver con el espíritu, uno lo manifiesta plenamente con alegría y es maravilloso, quizás es lo único que uno pueda llevarse de este tránsito.

- ¿Cuál es la sensación de ser nombrado referente por los nuevos músicos?
– Nunca compuse con esa intención. Me alegra saber que mis propios amigos tienen una buena referencia mía. Tuve la virtud de ser un husmeador no un observador, por eso siempre tuve un repertorio muy grande. En una época me acuerdo de cantar más de dos mil canciones y todavía puedo cantar un par de días seguidos sin repetir temas. Sin ser presumido, muchos de los cantantes jóvenes y no tan jóvenes, que grabaron un disco en la provincia, sacaron algún tema que yo traje de Ecuador, Panamá, Méjico o Europa. A veces no sabíamos ni siquiera el título, pero los changos lo aprendían y lo iban cantando. Entonces, que ellos piensen en mí me alegra muchísimo porque me hacen sentir parte de ellos, de paso uno confirma una presunción que yo tengo desde siempre, que a lo mejor uno compone la letra y la música, o las dos cosas por separado y en el momento que alguien las canta ya no son de uno, las hacen suyas desde el momento que les hacen arreglos nuevos. Decía Don Atahualpa: “¿tan mal está mi canción que la han arreglado?”. Pero el respeto en la música popular es interesante, siempre hay que estar en lo que a uno más le gusta. Acá no resulta difícil que la gente hable en coplas o en versos o escriba sonetos, cartas de amor y amistad con un sentido estético, es alucinante.

- ¿Qué nos podría contar sobre sus viajes por otros países del mundo?
- Muy temprano hice dos viajes por toda Latinoamérica en la famosa moto. Era un grupo de nueve muchachos que estudiábamos en Córdoba. Seguimos la ruta de la Panamericana por Chile hasta el Estado de Chiapas. El regreso fue por el Atlántico y llegamos hasta Managua, allí se nos acabó la plata. Entonces anduvimos como 4 o 5 meses cantando y tocando, pasando la gorra hasta que conseguimos que alguien nos traiga hasta San Pablo (Brasil). Veníamos con las motos a cuestas, ya éramos 3, y de ahí vinimos a Foz Do Iguazú y después a Córdoba. Allí es donde yo intenté descubrir que pasaba con la música mía como raíz folclórica. Después tuve la suerte de ir con un grupo melódico a Maracaibo, Venezuela. Luego fui a Europa de contrabando, no me trataron muy bien pero yo me divertí a horrores (risas) con un grupo de chilenos. Fue muy interesante como experiencia, pero malo en lo que respecta al trato personal, para colmo éramos todos morochos. Pero si noté que les interesaba nuestra música; estuvimos en la radio y televisión española contando la historia de nuestros instrumentos. Conozco Europa, parte de la India, Pakistán, el norte y sur de África. Por supuesto que a vuelo de pájaro, porque sino uno no tiene otra forma de viajar

- ¿Esos viajes le dejaron alguna enseñanza?
- Ahí encontré esos resabios que nos indican que la música pertenece al mundo, no pertenece a nosotros. Uno puede descubrir en la música folclórica argentina raíces peruanas, afro, andinas, y eso me hizo pensar que de alguna manera tenía que seguir haciendo lo que hago que es cantar, componer, llevar un mensaje. Siempre salgo al interior del país. Cada cinco años voy a Buenos Aires, donde tengo amigos que me hacen el aguante y difunden mi trabajo por Internet para invitar a mis conciertos, así me traigo unos pesos. Pero aunque indiscutidamente se que es necesario que el arte tenga su pago, no es indispensable porque uno puede hacerlo desde otro ángulo. Es más difícil ahora que no se pueden conocer los alcances del trabajo cultural, el trabajo literario y musical que con Internet a perdido un rasgo hermosísimo que es el derecho de autor. Yo no cobro nunca derecho de autor, casi la mayoría de las composiciones no las inscribí, aunque muchas ya están grabadas, yo no cobro nada. Ni siquiera me dispuse a inscribirlas, algunas las inscribieron mis amigos que querían grabar los temas. Pero creo que es una herramienta importante y que la expansión es enorme. Algunos de mis amigos me dicen que me llegan mensajitos, invitaciones para tocar de alguna parte y uno va haciendo escalas en un mundo totalmente diferente con la música. En mi caso, me gusta la literatura, pero la música es mi fin en sí mismo…la alegría de tocar, de meter mano en el instrumento. Ahora ando tocando el bandoneón y el violín, no son tan difíciles como dicen que son.

- ¿Qué situación está atravesando la música riojana?
- La Rioja tiene un cambio muy interesante de hará 20 años para aquí, con un consenso moderno de la concepción de la música popular. Hay canciones, zambas, vidalas que tienen más de sesenta años y si uno las compara con las que se escuchan actualmente hay una diferencia abismal en cuanto a la calidad de la composición. Pero La Rioja hizo algo muy bello hace unos años que fue la creación de una Escuela Nacional de Artes, la Polivalente. Como consecuencia de eso apareció el Profesorado Nacional de Artes. Sumado a eso, el regreso de muchos artistas jóvenes que habían ido a estudiar a otras ciudades (Córdoba, Buenos Aires, Rosario y Europa) como instrumentistas y directores. Ellos trajeron la idea de que uno puede ejecutar un instrumento de manera intuitiva, pero si a eso se aporta lo escolástico el margen de error es mínimo y la posibilidad de ejecución es mucho más valedera. De pronto apareció una cantidad de gente joven con un valor impresionante: Víctor Carrión como vientista, el Charrito Flores que estuvo en la escuela del Colón y es una maravilla; guitarristas como Luis Chazarreta; arregladores como el Negro Mata; y algunos chicos de Chilecito. Hay una cantidad enorme de instrumentistas y La Rioja siempre ha tenido muy buenos cantantes, chicos con voces muy profundas, mujeres con muy buenas voces y una cantidad de muchachos que no llegan a treinta años y son maravillosos, cada uno en su rubro. Hay grupos de música clásica, percusión latina, y debemos tener cerca de quince grupos vocales importantes. Mientras el proyecto sea amar lo que uno hace y entender que hay que predisponerse para bien no hay que preocuparse, sino ocuparse en estudiar y seguir soñando. Hay que poner empeño.

- ¿Existe alguna problemática?
– El problema que tiene La Rioja yo lo veo en otro ámbito y es no tener donde mostrar lo que uno hace. Hay pocos boliches donde uno puede tocar, hacer música y plástica. Existe una falta de políticas culturales.

- ¿Qué sintió al ver que su hijo Ramiro siguió sus pasos?
- Ese fue un hecho aparte. Ramiro fue un caso curioso siempre porque yo le enseñé los primeros pasos en el charango cuando era chico, le gustaba y aprendió sin ningún tipo de inconveniente. Yo descubrí que tocaba y que cantaba un día que habían hecho una rotativa de San Vicente. Aquí le piden a San Vicente, se prende un cirio y se le canta hasta que se apaga la vela; pueden durar dos o tres días por lo que van cambiando los músicos. Cuando se iban acabando los músicos él me dijo: “Papi préstame la guitarra o acompañame que yo voy a cantar”. Yo lo dejé ir y me sorprendí, porque afinaba y con el tiempo armó un trío con sus vecinos y entró a sonar bien y descubrí que escribía mejor de los que cantaba, porque él intentaba cantar como buen chico joven más alto de lo que le da el cuero. Tuvo un salto al vacío espectacular con la concreción de su sueño de ir tocando, componiendo y cantando lo que yo le había transmitido sin querer. Y un día descubrí que ya volaba solo.

- ¿Cómo fue la experiencia de participar en la grabación de su CD?
- Me invitó a tocar en su disco y también lo invitó a Ramón (Navarro) que es mi amigo del alma y es mi ídolo. Entonces, resulta muy curioso tener que reconocer que los chicos crecen de acuerdo al ámbito donde desarrollan su inclinación, con una alegría inmensa y con una sensación de libertad, eso es lo que me sorprende de Ramiro. Hace poco estuvimos tocando en el patio de su casa para el cumpleaños de su hijo y él siempre está con una canción nueva y me hace acordar a mí, porque yo en la secundaria no había un día en el que no escribía una canción, ya sea zamba, chacarera, gato, bolero, tango, todos los días componía algo. Pero él supera largamente la idea que yo tenía de tocar y está rodeado de muy buenos músicos. Yo creo que la sensación de alegría trasciende todo lo imaginable, mis nietos cuando escucharon la prueba del disco no distinguieron si canta Ramiro o canto yo. Tenemos timbres muy parecidos y el modo de tocar también. Él es un peleador social, no peleador de hechos consumados, sino que él razona que este mundo no está parejo y me parece maravilloso que sea así, porque no todo está dado al alcance de la mano y en la medida que uno tenga la capacidad de soñar y seguir soñando, el mundo no está perdido. A cada uno le cabe la reflexión de decir “¿estoy encaminado haciendo lo que realmente amo, lo que realmente me gusta, lo que decido que quiero hacer?”. Muchas veces uno toca por tocar y no es así la cosa. No canta quién tiene bella voz, sino quién tiene intención de hacerlo y me parece que eso es maravilloso.

Ramona Frescura

Al ingresar a Pinchas, un pueblo ubicado a 78 kilómetros de la capital riojana en el departamento Castro Barros, uno de los principales atractivos es un cartel que dice “Tapices Frescura”. Una flecha nos dirige hacia un local de venta de artículos regionales como los que hay en diferentes pueblos del interior del país. Pero su anfitriona es un personaje muy particular que se llama Ramona Frescura, una telera que recorrió parte del mundo con su arte, valora la sabiduría de la naturaleza y se preocupa por rescatar las raíces de su pueblo con el fin de plasmarlos en sus trabajos.

Tapices Frescura

- ¿Por qué eligió dedicarse a esta actividad?
- Aunque parezca mentira, yo empecé a hacer esto de criatura porque nos hacían urdir las mantas. La tarea cotidiana era entre los niños y los ancianos. Esto era permanente en los pueblos y los niños aprendíamos sin que nos estuvieran obligando. Era una tarea común, cotidiana. Tengo la fortuna de haber sentido esta magia de los oficios, las costumbres. Los padres nos enseñaban a sembrar, cosechar, cómo guardar los alimentos, secarlos al sol. Mi madre hacía un afán cotidiano esto de conservar las cosas solamente con sal, secando al sol y yo permanezco haciendo eso que nos brinda bienestar. Llega un momento en el que hay que aprovechar el sol de enero y febrero y hacer fruta seca que se vende muy bien. Teniendo tierras el hombre puede vivir cómodamente, guardando alimentos, conservando costumbres, como esto del tejido que a mí me permitió que mis hijos estudiaran, ellos estudiaron y tienen títulos, pero tienen la sabiduría de esta tierra, la de hacer una comunidad rica con su actitud respetuosa, sin depender de mentiras políticas.

- ¿Cuál es la temática que característica de sus tapices?
- Por lo general es la paisajística de La Rioja: sus callecitas, la gente, costumbres… Por ahí puedo hacer algo moderno, rescatar lo rupestre, pero mi estilo se basa en la paisajística de La Rioja y sus costumbres.

- ¿Cómo es la vida en Pinchas?
- Yo resumo con una palabra como vivimos aquí: vivimos en armonía. Podemos leer buenos libros, escuchar buena música, escuchar el viento, los pájaros y eso se refleja en la familia, como convivir, como contener a los nietos. Además el clima es muy especial.

- ¿Cómo vivió esto de llevar su trabajo por el mundo?
- A mí me sorprende ahora, a mis años, lo que he andado ¿Cómo he hecho yo para ir a Termas de Río Hondo, La Sociedad Rural en Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe? Estuve en múltiples exposiciones. Ahora ya no salgo tanto. Hemos viajado un poquito para mostrar esto que aún hacemos. Estuve en Francia y fuimos invitados por artesanos de una feria y tejíamos ante el público, esa era nuestra credencial. Fuimos a Italia y a España; allí nos recibió gente de La Rioja con especial cariño que nos hizo mucho bien.
Esto es lo que se valora en otros lugares del mundo, el hecho de usar las manos. Ellos están con toda la tecnología. Nosotros pudimos asistir a tantos lugares porque aún seguimos usando las manos.

El pasado 26 de octubre se cumplieron once años de la desaparición de Chito Zeballos. Su presencia en el medio fue muy fuerte por lo que se lo considera el “paradigma del cantor riojano”. Por iniciativa de la Agencia de Cultura de la provincia de La Rioja, fueron convocados los prestigiosos músicos Camilo Mata y Nicolás Carrión para realizar un trabajo de recopilación de sus grabaciones, tanto de música como poesía.
Este trabajo de investigación presentado el 24 de noviembre en Chilecito (La Rioja), quedará plasmado en un CD doble. Uno de ellos contendrá canciones y entrevistas en los diferentes medios de comunicación, y el otro tendrá imágenes editadas de su presentación en el año 1995 en el Teatro Provincial, intercalado con testimonios de sus amigos y allegados. Este será un material altamente recomendable para las nuevas generaciones de músicos y para aquellos que disfrutaron de Chito Zeballos en vida.

Purmamarca

Apenas uno se baja del micro la primera sensación que se recibe es que la música es parte de la vida cotidiana en la Quebrada de Humahuaca. Una banda de sikuris suena a lo lejos. Los colores de los cerros que franquean los pueblos, se contrastan con los reflejos urbanos de los cables que cruzan el cielo y el sonido de cumbia que sale de algunos boliches de comida al paso. En Purmamarca, Maimará, Tilcara y Humahuaca, las principales poblaciones de la quebrada, las postales se repiten: la vida pasa rápido cuando llegan los turistas y recupera su lentitud habitual a la hora de la siesta.
La música suena todo el año en distintas fiestas populares que repiten antiguos rituales indígenas y se mezclan con el sincretismo religioso, donde el hombre común participa activamente. Todo chico que nace en la quebrada canta o pulsa un instrumento típico en algún momento de su vida. La banda sonora parece una cinta sinfin. En tiempo de navidad suenan las adoraciones y villancicos frente a los pesebres gigantes que se arman en cada barrio; en tiempo de Pachamama y marcadas de animales, suenan las coplas dedicadas a la madre tierra en cada casa o corral; y en carnaval los sonidos de trompetas y saxos que tocan carnavalitos y takiraris se confunden con las anatas y su silbo agudo.
Los guardianes de esa tradiciones son algunos grupos como la banda de sikuris Los Veteranos de Tilcara, que salen en Semana Santa para adorar a la Virgen de Punta Corral; las comparsas de la Unión Obrera en Maimará o La Juventud Alegre en Humahuaca, que aparecen en noches interminables de carnaval; y formaciones como La Cuadrilla del 1800 que reúne a copleros de varias generaciones.
De todo este caldo cultural – coplas populares y ritmos de carnavalitos, bailecitos, huaynos takiraris y tinkus – se nutre una nueva generación de grupos y solistas de música folklórica con propuestas estilísticas muy diversas como Coroico, Humahuaca Trío, Bruno Arias, Nando Díaz, Los Chalas, Los Chakras, Micaela Chauque, José Simón, Inti Huayra, Maryta, y cantautores referentes de esta camada joven como Pachi Alderete, que siguen el camino trazado por autores como el Coya Mercado, Alejandro Coyuyo Carrizo, Domingo Zerpa o Walter Choque Vilca. Todos de alguna manera iluminados por la estrella que dejó Ricardo Vilca.

Por la quebrada

Purmamarca no es conocida sólo por su cerro de siete colores, sino por ser puerta de acceso al desierto de sal a 4 mil metros de altura y por tener un cantor como Tomás Lipán. Pero desde hace 18 años el pueblo, que hoy padece el aluvión turístico, también es conocido por haber recuperado el canto de la copla en un encuentro que se repite todos los segundos sábados de enero y convoca a centenares de copleros de toda la quebrada (algunos llegan a mula o a pie sorteando valles y cerros) para expresar ese canto ancestral que viene de un tiempo anterior a la conquista española.
El Encuentro de Copleros es para cualquiera que quiera experimentar ese canto hipnótico y esas rondas circulares, donde todos cantan a fuerza de chicha y corazón. Organizado por las hermanas Selva y Bety Vilte, (en honor a su hermana Marina Vilte, docente y coplera, desaparecida durante la última dictadura militar) el encuentro es un pulmotor de la cultura jujeña y la actitud obstinada de los lugareños por defender sus costumbres más antiguas. “Este es un encuentro de los copleros para los copleros y donde todos pueden participar pero con respeto y alegría. La entrada es libre y se realiza el segundos sábados de enero”, dice Selva, una de las organizadoras.

Orquesta Maimará

A veinte kilómetros y rodeado por cerros multicolores como la Paleta del Pintor, el pueblo de Maimará es el centro del carnaval adolescente y jujeño en febrero, pero queda relegado a lugar de paso el resto del año. Sin embargo, el proyecto de las Orquestas Infantiles transformó la rutina habitual de los chicos en edad escolar y convirtió a Maimará en una plataforma de futuros talentos.

Orquesta Maimará

Estrella tiene cinco años, exhibe una actitud concentrada y el profesionalismo de una violinista del Teatro Colón. “Me gustaría ser música y subirme a un escenario”, dice con el convencimiento de un adulto y cuenta que su hermana de cuatro le seguirá los pasos. Su maestra dice que a Estrella le sobran condiciones naturales. Como ella una docena de niños arman ensambles y aprenden las técnicas de la música jugando con instrumentos y leyendo partituras, aportadas por este programa nacional, que funciona en un salón pegado a la iglesia maimareña. “Si los chicos no tuvieran los instrumentos sería imposible. Pero hay que ver que pasará con ellos cuando necesiten comprarse sus propios instrumentos porque sus familias no pueden pagarlos. Lo que tiene el programa es que en este proceso de formación los chicos pueden llevarse el instrumento a su casa para seguir practicando y eso genera una relación entre los chicos y la música, porque la incluyen en su entorno familiar y sus padres se ponen contentos y hacen lo imposible porque los chicos sigan con la música”, dice uno de las profesoras.

Meca del folklore y el rock

Tilcara es diferente. Es uno de los pueblos con mayor actividad cultural. Tiene 7 museos y es uno de los más asimilados a las culturas que aportan gentes de otras las provincias, que encuentran en ese lugar un pequeño paraíso donde morar. Allí se encontraron por primera vez en su plaza central Robi Santucho y la Japo, lídereres del movimiento guerrillero del ERP. Allí llegó León Gieco con su micro itinerante buscando las reliquias escondidas del folklore argentino para grabarlos en el disco “De Ushuaia a La Quiaca”. Allí llegaron varios rockeros como Skay de Los Redonditos de Ricota y Ricardo Mollo de Divididos, que se enamoraron de la soledad de los cardones en el Pucará y de la fuerza de la música ancestral que suena en cada rincón del pueblo.
Por su cantidad de peñas, restaurantes y hoteles para turistas, el pueblo declarado hace dos años Municipio Indígena, es centro de la movida cultural de la quebrada sobre todo en el Enero Tilcareño cuando durante todo un mes llegan músicos de todos lados que van a encontrar iluminación e inspiración entre los cerros. Algunos músicos como Federico Gil Sola (ex Divididos) y Semilla Bucciareli (ex Redonditos de Ricota) se cruzaron en el estudio de grabación local de Tukuta y Emiliano Gordillo con músicos locales como los hermanos Tolaba. Ese es uno de los tres estudios profesionales que se abrieron en la quebrada en los últimos años y concentran las producciones de los artistas locales.
Tukuta Gordillo (hijo de una potosina y un tilcareño), además es anfitrión de músicos de afuera, actor de películas de la zona y conocido aerofonista, que viajó por todo el mundo con Ariel Ramírez y Jaime Torres en los setenta y ochenta. Tiene grabados varios discos de forma independiente con un repertorio de su autoría, donde rescata ritmos olvidados como marchas, dianas y composiciones dedicadas a personajes de la región. No cambia por nada su lugar en “El Cafecito” frente a la plaza principal, rodeada por puestos de artesanos. Casi siempre se lo puede encontrar parado como una estatua aymara, con lentes negros, cara de pocos amigos y cocinando algún dulce casero en su pantalla solar.

Diablero Arias

Pero la música no se alimenta sólo de los lugareños, sino de los que llegan de otros lugares y personajes que conforman esa manifestación multicultural. El “Diablero” Arias es desde hace veinte años, tiempo que se vino de su Tucumán natal, uno de los animadores de la bohemia tilcareña. Legendarias guitarreadas se gestaron en su casa de la calle Sorpresa (ya no vive más en ese lugar), que han durado varios días en continuado y fueron protagonizadas por Luis Salinas, Miguel Angel Pérez y hasta el propio Eduardo Galeano (autor de Las venas abiertas de América latina), que participó de algún encuentro bajo las estrellas, cantando, hablando de poesía y política, acompañados por varios litros de vino.
Sin embargo, la realidad urbana de Tilcara tiene sus bemoles. Los adolescentes se entretienen tomando cerveza en la esquina, jugando a los jueguitos electrónicos, como en cualquier estación de tren del conurbano, o bailando cumbias hasta el amanecer en el Club Terry. Muchos parecen no tener horizonte y lo único que parece salvarlos, por momentos, es la música o el fútbol. Hugo Nadalino, luthier avezado de la zona, mira con preocupación esa realidad de los “changos”. Por eso, será que en su casa, casi todos sus hijos aprendieron de alguna manera su oficio, aventurarse en las lecturas del comic y el policial, o irse a estudiar fuera de la provincia.

Nadalino

En la casa-taller de Nadalino y su mujer Milagros, una diosa vallista, que lo acompaña con silencio zen y habilidad de prestidigitadora en la cerámica, todo el tiempo suena música, desde Eric Satie a Caetano Veloso. Esa es la parada obligada de músicos y curiosos, donde se fabrican los tambores (udus) con arcilla traída de Yacoraite y esos utilitarios refinados que viajan por todo el territorio y salen de las manos laboriosas de Milagros.

Milagro

El artesano y su mujer no descansan. Entre charla y mate Nadalino va moldeando esas esculturas percusivas con una técnica de pellizco, que aprendió de un viejito de San Carlos, en los Valles Calchaquíes, y que le permite levantar esas paredes de arcilla que se van curvando y le dan ese sonido envolvente a sus tambores. La fama de sus instrumentos de percusión pasaron las fronteras jujeñas y varios músicos de prestigio lo tienen entre sus luthiers preferidos: Facundo Guevara, Mariana Baraj y el Chango Spasiuk, entre muchos otros. Nadalino es exigente con sus visitantes, pero un vino puede romper el hielo y sus charlas sobre música y poesía siempre dejan un sabor dulce.
La noche en Tilcara puede terminar de guitarreada en cualquier casa o en la nueva peña Kuntur de Gustavo Patiño, con un buen sonido y comida tradicional. La música de Nando Díaz abre la noche. El joven cantautor presenta sus temas propios, canta bailecitos del Pachi Alderete, chacareras testimoniales y algún motivo popular. De voz cálida, el joven músico de la capital jujeña se fue a vivir a Tilcara y crece de a poco en la escena local con un puñado de buenas canciones. “Me gusta este chango, tiene mucho potencial porque hace sus propios temas”, apunta Patiño.

Nando Díaz

Tilcara en un semillero de músicos y un lugar de cruces insólitos. Todavía se recuerda cuando llegó Ricardo Iorio y su semblante punk pasó desapercibido en el Bar El negrito, donde se ven los clásicos futboleros por cable. El metalero quedó tan sensibilizado con el lugar que le dedicó un bellísimo tema en su álbum “Peso Argento”. Pity del grupo de rock Intoxicados, también, le dedicó una canción a ese paisaje en “Niña de Tilcara” y filmó el video de último CD. Y todavía el pueblo recuerda: “cuando llegaron esos chicos jóvenes llamados Soda Stereo y filmaron en el Pucará” el tema “Cuando pase el temblor”. ¿Tilcara, será la meca del folklore o el rock?

Quebrada de sol y luna
Humahuaca es el último pueblo grande de la quebrada, con un formato de casas bajas y calles de tierra. Fortunato Ramos, escritor best seller, músico y dueño de su propia peña donde se come el mejor cabrito estofado, es una de las personalidades culturales del lugar. Quizás uno de los más conocidos por su participación en “La Deuda Interna” del cineasta Miguel Pereyra, por su insólita ocurrencia de construir un Cabildo en pleno centro humahuaqueño o por tocar con su erque de cinco metros de largo con los Divididos una versión psicodelica del tema Mañana en el Abasto de Sumo. En su peña se lo puede ver agarrando su acordeón para animar el baile de los turistas, o contar la historia de Coctaca, una ciudadela antigua, que se mantiene inalterable al paso del tiempo y donde están los restos de la tribu Omaguaca. “Nosotros representamos la cultura del hombre de acá, hablamos de sus penas y sus alegrías y la llevamos por todos lados”, cuenta el músico y poeta.
Cerca de la plaza principal está la casa de Las Hermanas Cari, otra institución cultural. Copleras y activistas de la tradición local, suelen recurrir a ellas para mostrar los ritos de la pachamama o las celebraciones de carnaval. Impactantes son sus ácidos monólogos y comentarios, que no dejan políticos locales con cabeza, sobre los escenarios. Pero en la vida cotidiana son anfitrionas perfectas de cualquier visitante que quiera conocer la rica tradición quebradeña.
En uno de los barrios suburbanos de Humahuaca se levanta el centro cultural Asociación Tantanakuy, impulsada por los hijos de Jaime Torres, que cuenta con un cine, una biblioteca popular, el bar “El caidero” donde se ofrecen conciertos de músicos locales todos los fines de semana y un salón para talleres de música y cine. De allí salieron varios cortos premiados en festivales internacionales. Ese es también el bunker del grupo Humahuaca Trío, la contundente propuesta de Apu Condorí y Juan Cruz Torres, que sorprendió con su primer disco editado por Pelo Music, el mismo sello que editó a Miranda y Callejeros.
Por la calle que sale al costado del Monumento al Indio (ofrece una de las mejores panóramicas de la ciudad) se levanta la Casita de Colores de Ricardo Vilca. Un futuro hostel al fondo y una salita de conciertos, donde también se proyectan películas como “Río Arriba” de Ulises de la Orden, esta llena de los recuerdos que dejó Ricardo Vilca tras su muerte. Su mujer Mecha, sostiene el restaurante y peña que espera la visita de aquellos que se transformaron en amigos del músico en todo estos años. El “Chato” González está rearmando el grupo y es posible que las canciones de Vilca, vuelvan a sonar en ese espacio de “El caminante” en cualquier noche mágica.
El sol se empieza a esconder detrás de Cerro Blanco. Un chico pide moneditas en la calle para cantar una coplita a capella o recitar “No te rías de un coya” el poema de Fortunato Ramos. Las hojas de coca calman el hambre y un poncho prestado para el frío de puna. El viento trae el sonido de los sikus y la urbanidad de la Terminal de micros se desvanece. Los últimos machaditos se pierden por las carpas de comidas, ubicadas en las vías oxidadas de un tren que no volvió a pasar. A lo lejos, la presencia de los cardones parecen antiguos guerreros dormidos que custodian el paisaje azul de la quebrada.

Producción Especial
Textos: Gabriel Plaza
Fotos: Ana Morán

Datos útiles.
Hostel Los Molles, Belgrano 155. Tilcara.
Bar del Tantanakuy, Salta 370. Humahuaca.
Casa de Ricardo Vilca, El Caminante, Santa Fe 230.
Micros desde la Terminal de San Salvador: Evelia y Panamericano.