
Aguaribay (UMI)
Clasificación: Muy bueno
Estudió con Quique Sinesi, Pino Marrone, Juan Falú y Marcelo Moguilevsky. La porteña Cecilia Zabala descubrió el universo de la guitarra y la voz para combinarlo en un todo expresivo. En este disco en solitario Zabala, muestra su impecable dominio de la guitarra, su sensibilidad rítmica, su oreja para lo popular y el buen gusto por la melodía.
En el disco hay zambas, canciones, aires brasileros, algún tango (”Gricel”) y folklore del bueno. La artista amplia su universo con un repertorio donde se combinan el lenguaje popular, el sonido contemporáneo y la austeridad acústica. Desandando otro camino - eludiendo la versión conocida de los temas- se zambulle en el clásico “Si llega a ser tucumana” (Leguizamón y Perez); se deja envolver por la atmósfera andina en “Doña Ubenza” del Chacho Echenique; deconstruye con solvencia la impresionante “Vidala para mi sombra” junto a Juan Falú; se lanza definitivamente al vacío con la milonga “Los ejes de mi carreta” de Yupanqui, y cabalga a contrapelo de “Chacarera de un triste”.
Este material podría ser el clásico disco de culto para jóvenes guitarristas, aunque Cecilia Zabala encuentra en el dulce fraseo de su voz la forma de conectarse con sus sensaciones y vivencias más hondas, como en la exquisita vidala de su autoría “Aire soy”. Allí se mete para adentro, emitiendo con la voz y la guitarra el retumbo de su rico universo interno.

La Criolla (Universal).
Clasificación: Excelente
Nelly Omar es una leyenda viviente de la canción criolla. Sobreviviente de la época de oro de los cantores nacionales, que compartió con Carlos Gardel, la artista recreó un cancionero que vislumbraba el paisaje y las vivencias rurales del hombre de campo y se asomaba al territorio urbano del tango. En La Criolla, su nueva producción la artista nacida en Guaminí se envuelve de toda la atmósfera de la llanura pampeana para interpretar con esa voz afinada por el tiempo estilos, milongas, valses y otros géneros, como zambas, aires litoraleños y cuecas.
Portadora genuina de ese repertorio de frontera entre el campo y la ciudad, la cantante construye su enorme estatura artística con una voz que logra vencer al tiempo y mantiene la frescura de esas piezas antiguas, donde aparecen la zamba “Déjame estar”, una de las mejores versiones que se hayan grabado de este tema de Oscar Valles. También recorre con naturalidad la melancólica “Tristeza litoraleña”, el clásico “Zamba del grillo” de Atahualpa Yupanqui y la hondura de la milonga “Pa dumesnil” con música de Nelly Omar. La joyas del disco: la milonga “Por la huella”, de su eterno amor Homero Manzi y “La guitarrera de San Nicolás” de Pedro Blomberg y Enrique Maciel.
Este es su disco más folklórico y una verdadera delicia para los aficionados a la música popular. Un álbum que será un clásico, dentro de su catálogo y que, con 96 años, muestra a Nelly Omar, en uno de sus mejores momentos interpretativos.

Calificación: excelente
Por el camino es un disco criollo, sensible y de una belleza poco usual dentro de los material donde se versionan clásicos del género folklórico. También es un material atípico dentro de la etapa solista de Paola Bernal. Después de un tiempo de experimentación -un camino que llevó al borde de la tensión con una formación con DJ, pero que no quedó plasmado en un disco- la cantante cordobesa vuelve a un sonido más tradicional y obtiene resultados notables. Si en su primer disco Esperando tu llegada, contaba con los arreglos y la audacia del Chango Farías Gómez, en este nuevo material la coscoína se vuelca a su esencia más criolla y serrana, con una formación de bombo, guitarra y bandoneón, que le aportó como arreglador Roberto Cantos, guitarrista y compositor del Dúo Coplanacu. En lo que parece un salto del futurismo de sus recientes propuestas hacia una
mirada retro, aborda zambas inmortales como “La Nostalgiosa”, chacareras bien tradicionales como “La humilde”, y canciones litoraleñas inolvidables como “Mi pequeño amor”. La cantante vuelve a sorprender por esa capacidad para despojarse de artificios y clisés interpretativos, que desnudan la esencia de gemas folk como “Zamba enamorada”, la santiagueña “Corazón de lechiguana”, o la milonga oscura “Qué pena” de Zitarroza. En el disco Paola desanda con sutileza un repertorio que por clásico no deja de sorprender; y echa luz sobre algunas piezas tapadas por el polvo del olvido como “Cuando nada te debía”, un bailecito hipnótico de Gomez Carrillo y Andrés Chazarreta; la extraordinaria cueca de Félix Dardo Palorma “Del que se va y no vuelve”; o la inolvidable “Zamba para mi ausencia”, con una versión de antología. Otro de los hallazgos es la remozada “Colina de la vida” de Leon Gieco, con los sones andinos y setentistas, que aporta el riff de charango de Bicho Díaz y la evocación nostálgica del fueye. La cantante tiene esa capacidad para transformarse y vestir su voz de otra manera en cada tema. Una influencia que supo aprovechar de artistas como Violeta Parra o la más moderna Lila Downs. Con un bagaje ecléctico y una raíz profundísima, Paola Bernal, sintetiza una cosmovisión del ecléctico mundo folklórico. En ese sentido, Por el camino es un disco conceptual, que emergió de sus entrañas.

Noticias de mi alma (DBN)
Calificación: Muy bueno
Doce canciones redondean una gran producción del artista santiagueño, nacido en Frías. El músico logra con este material una mirada más introspectiva sobre su mundo creativo y logra composiciones brillantes que marcan otro camino en su búsqueda musical y compositiva como “Esta historia” y “Solitaria de pie”. El disco refleja la madurez en sus letras con una cosmovisión regional y una mirada actual, donde lo social aparece abordado desde una mirada más reflexiva y menos urgente, que en sus anteriores trabajos. En ese sentido el músico va encontrando una voz poética y un sonido contemporáneo que acompaña ese crecimiento artístico, tanto en los arreglos, como en la concepción instrumental que combina las guitarras criollas, las cuerdas de acero y los sonidos más eléctricos. Aparece también su interés musical por seguir desarrollando el género canción dentro del folklore, una línea olvidada por mucho tiempo y que retomaron muchos músicos de su generación influenciados por otros estilos como el rock y el pop del Los Beatles. Raly se mueve con libertad y austeridad en ese terreno impregnando sus temas con melodías sugerentes “Llora en mí” y “Noticias de mi alma”; aires de zamba “Donde alguien me espera”; chacareras tradicionales como “Coplas del campo” y otras con guiños más urbanos y guitarras distorsionadas en “Chacarera de la espada”, que impregnan la atmósfera del disco de un sonido más actual. Un álbum indispensable dentro de su camino autoral.

Presagio (DBN)
Calificación: Muy bueno
La música santiagueña pasa por un gran momento creativo y de ebullición de nuevas bandas. Mucho tiene que ver en eso el fenómeno independiente generado por el dúo conformado por Rodolfo Pelu Lucca y Manuel Orellana, que durante siete años llevaron adelante el proyecto Presagio. Con un repertorio de canciones nuevas, chacareras de su autoría y un material cien por ciento propio, se pusieron a la cabeza de una nueva avanzada santiagueña. Entre los sonidos más criollos, chacareras a toda velocidad para bailar, aires de canción y gatitos de festival, el grupo fue marcando una línea estética en todos sus trabajos anteriores. En este primer disco, rebautizados como Dúo Terral, los dos cantautores siguen en esa huella de un canto regional con sentimiento, y letras que hablan de las vivencias de la juventud, noches eternas de peñas, amores desencontrados y un futuro incierto. Quizás el mayor aporte de la dupla Lucca y Orellana sea su aporte al nuevo repertorio santiagueño con piezas de su autoría que se instalaron como himnos de una nueva generación como “Milagro del tiempo”. En el álbum “Presagio”, donde cuentan con invitados como Peteco Carabajal, León Gieco y Raly Barrionuevo, logran transmitir ese festivo pulso santiagueño enriquecido por otras influencias musicales, a través de canciones que rápidamente quedan grabadas en la memoria: “Revolución del viento”, “Entre camino y destino” y “Cantor de los tiempos”. Con esos caballitos de batalla, el grupo sigue siendo una voz nueva de su región.

Azucena y Margarita (Los Años Luz Discos)
Calificación: Muy bueno
El nuevo trabajo de Mariana Baraj, tiene un marco de producción inmejorable para una artista de la música popular. El resultado no defrauda. En su tercer álbum, la cantante y percusionista explora con éxito el territorio de la canción, llevada de la mano de Lisandro Aristimuño, y parece encontrar una geografía por donde caminar libre y natural. La clave del álbum aparece en la belleza acústica de los arreglos, que llevan la expresividad interpretativa de Baraj. La luminosidad que aporta Aristimuño al disco - que la asiste como productor artístico, toca varios instrumentos, hace programaciones, samplers y arreglos de varios temas- también terminó siendo determinante para redondear esa búsqueda comenzada en sus discos Lumbre (2003) y Deslumbre (2005).
En los diez temas de “Azucena y Margarita”, Mariana Baraj refleja un interés por lograr un sonido
universal sin rótulos, donde conviva su pulso natural y percusivo, el goce por las melodías y los efectos de loops, samplers y programaciones electrónicas. Esa ambientación orgánica que logran Baraj y Aristimuño -que se permiten difrutar del diálogo entre los instrumentos acústicos, la voz y los efectos tecnológicos- ofrece una unidad entre tanta diversidad de autores como el africano Ayub Ogada, el armenio Arto Tuncboyaciyan, el porteño Gabo Ferro, temas de Violeta Parra y las coplas recopiladas por Leda Valladares.
Eso sí: otra vez, el punto alto son las relecturas sobre las coplas vallistas en “Ay porque Dios me
daría” en dúo con Liliana Herrero, uno de los mejores temas del disco.

Tierra de Agua (Los años Luz Discos)
Calificación: Excelente
Música del nordeste argentino de exportación. El debut discográfico de este ensamble instrumental que supo acompañar al Chango Spasiuk, podría medirse con cualquier figura de los festivales internacionales y dejarlos simplemente sin respiración. La sencillez y el virtuosismo de los Hermanos Nuñez van de la mano con la sensibilidad creativa del percusionista Chacho Ruiz Guiñazu, en este álbum que evoca la melancolía y el misterio subtropical de esta región de Argentina.
La naturalidad para ensamblar los sonidos del bandoneón, la guitarra y la percusión con un sonido más camarístico pero sin perder el pulso febril del chamamé, es de una belleza poco común en el género.
Sin embargo, la delicada instrumentación, los arreglos y las armonías utilizadas en “Tierra de agua” no descuidan esas variaciones vertiginosas, los acentos para bailar, las cadencias más nostálgicas y esa rítmica contrapuntística, que es una marca de origen en el chamamé.
El disco con once temas, dos bonus track y un video clip, ofrece todo el color litoraleño y toma géneros aledaños como la polca correntina y la galopa. El trío aporta temas de su autoría y se apoya en composiciones clásicas de Tránsito Cocomarola, Isaco Abitbol, Antonio Tarragó Ros, y Rudi y Nini Flores, donde el grupo navega con naturalidad por ese sorprendente río sonoro, que parece inagotable.
También se animan a desembocar en otros brazos musicales, como en el tema “Sao Jorge”, de Hermeto Pascoal, donde convocan ese diálogo que el litoral mantiene con la zona sur del Brasil. Un álbum de cabecera para entender el chamamé actual, que sigue encerrando una enorme riqueza musical por descubrir.
Cuando salga el sol (Sony-BMG)
Calificación: Bueno
A pesar de haber firmado para una multinacional el nuevo disco de la ascendente banda Arbolito, tiene la independencia de estilos y temáticas sociales de sus anteriores trabajos. La novedad aparece en un sonido mucho más solido y profesional, que aporta el productor artístico Daniel Buira, del grupo La Chilinga. Con ese aporte el grupo potencia el poder de los sikuris, que le dan un aire de rock sinfónico y afianza el eclecticismo de géneros que aborda la banda, que siempre está con un pie en el folklore y otro en el rock.
Con influencias disímiles los integrantes de Arbolito, se desenvuelven como una banda de rock pero su discurso y sus aires están decididamente volcados a los ritmos folklóricos del NOA. En catorce canciones, entre las que se destacan “Sobran”, “La costumbre” y “Saya del yuyo”, “Jipitur”, “La recuperada” y “Niña Mapuche”, la banda combina sin alterarse letras sociales y un sonido de inspiración andina, cadencias reggae, cumbias, zambas y el agite de las chacareras. Un disco que reafirma el camino musical de esta banda en ascendente popularidad.
Volumen 2 (Random Records)
Calificación: Muy Bueno
En la senda de un nuevo sonido más rockero pero con raíces en el folklore andino y setentista, el grupo Fanfarrón deja en evidencias las influencias de Los Kjarkas y Los Jaivas. Así conviven sin problemas el reggae, los huaynos, la saya, el pop y la chacarera, entrecruzandose en un diálogo tan intenso como fructífero.
Este quinteto, cuyos integrantes vienen del ambiente del rock (su líder es Fabio Rey del grupo Los Brujos, íconos del nuevo rock argentino de los noventa), logra en este nuevo trabajo una mezcla interesante que tiene su herencia en lo que fueron aquellos innovadores arreglos de la MPA de mediados de los ochenta.
Con una poderosa banda electro acústica, donde las guitarras eléctricas y psicodelicas se fusionan con el charango, el violín, el bombo y también la batería y el bajo eléctrico, el cantante Fabio Rey le aporta frescura al folklore con su interpretación y sus composiciones.
El novedoso repertorio de Fanfarrón juega con los aires andinos y un mensaje sencillo y cautivante, por momentos con un tono más social, en un puñado de temas como “Soledad”, “La furia de los vientos” y el carnavalito “Mariposa amarilla”, perfectamente compatibles con la recreación de algunos motivos populares.
Folklore urbano con una nueva actitud rocker o aventura sónica de una nueva generación sin prejuicios musicales.