
“Él es un hijo del sol y el monte lo hizo luthier”, dice Peteco Carabajal en una chacarera que le compuso. Froilán González es el luthier de bombos más conocido y difundido de Santiago del Estero, su obra ha trascendido no solo las fronteras del país, también las del mundo.
Su taller se encuentra en un lugar muy particular llamado “La Boca del Tigre”, en la capital santiagueña. Se lo podría describir como una porción de monte donde todos los domingos se reúnen numerosos artistas a cantar, lo que convoca a un marco interesante de público donde los turistas son asiduos concurrentes de estos encuentros.
Froilán construyó bombos para reconocidos artistas de nuestra música nacional. Además, es uno de los impulsores de la “Marcha de los Bombos”, tradicional manifestación popular nacida en el año 2003.
Si uno lo observa trabajando, puede ver en él la paciecia y la pasión al mismo tiempo. Como dice Peteco en otro verso “Ya sabe que hay un legüero que entre sus manos latirá”.
Llegamos a La Boca del Tigre una siesta en pleno verano, Froilán trabajaba incansablemente al aire libre con un brasero al lado. Grababa un bombo mientras un contingente de turistas belgas lo observaban con detenimiento y le hacían preguntas. En medio de este marco le realizamos una entrevista.
- ¿Cómo comenzó esta profesión de luthier?
- Es una herencia, el hermano de mi papá hacía bombos y además era músico, estudió guitarra con Don Andrés Chazarreta. Yo he aprendido esto cuando tenía once años; pescando, encontramos un tronco de ceibo en el río y lo queríamos traer para él que vivía aquí cerca en Huaico Hondo. La meta era llevárselo, pero cuando decidimos traerlo rodando al patio pensamos que podíamos hacerlo nosotros; teníamos las herramientas pero no las gubias. Nos la facilitó mi tío y lo empezamos a hacer.
Al poco tiempo, nos encontramos nosotros haciendo los bombos. Hacíamos bombos chicos más que nada, para nosotros era toda una novedad; en esa época no existía la tecnología del sonido y nosotros lo hacíamos con cuero de vizcacha, lo pelábamos al cuero, imaginate el sonido que podía tener.
Mi tío muere en el año ´69, con él aprendimos lo básico pero eso ha sido muy importante porque con el tiempo he ido experimentando, trabajé con otra gente en una fábrica de bombos que exportaba mucho para Estados Unidos, de un tronco aprovechaban y sacaban diez bombos. Un día llegaron con un bombo para cambiarle los parches de urgencia porque un músico necesitaba llevarlo a su viaje. Le cambio los parches con los de otro que yo tenía que casi coincidía y se lo doy. Con sus parches el sonido se anulaba y con los míos sonaba bien y no sabían que era lo que pasaba, ha sido uno de los mejores golpes a mi atención porque aprendí a afinar el instrumento sabiendo que las fibras que podía llegar a tener un bombo adentro no me permitían un sonido óptimo. Eso me iba capacitando, cada vez iba estudiando más y todo iba teniendo sentido a medida que los iba haciendo. Todavía no termino de aprender porque hay muchos secretos. Hay aros de tusca y de chañar, yo siempre los hago de quebracho blanco; he comprobado que no contiene fibras y no se gasta con el golpe de los palillos. En cambio, los otros son de maderas que no permiten apreciar el sonido. Un bombo legüero que tenía cinco tiradas como máximo ahora puede tener ocho, lo que me permite que el instrumento esté afinado constantemente y el parche tiene que ser de cabra u oveja adulta; son cosas que he ido aprendiendo de la vida y pienso que hoy para mí es un honor haber aprendido a hacer bombos y un honor que la gente se incline por esto que hago con mucha dedicación. Si quisiera hacer bombos comerciales haría diez al día, pero no es ese el sentido, cada trabajo tiene que tener una buena preparación y un contacto directo con el cliente para saber que utilidad le da, como toca, en qué posición toca para saber que cuero le voy a poner, los tonos. Siempre doy gracias a Dios de haber aprendido a hacer este instrumento.
- ¿Quiénes fueron o son tus clientes más famosos?
- Esto te permite tener amigos que para mucha gente son inalcanzables como León Gieco, Gustavo Santaolalla, el Chaqueño Palavecino, la Negra Sosa, Los Chalchaleros, Chango Nieto, Jaime Torres, Alberto Cortéz. Hice un bombo para Shakira, Divididos, o sea que los bombos a la vez están incursionando en otros tipos de ritmos como el rock, el caso de Gustavo Santaolalla que yo le hice en el año ´85 cuando hizo “De Ushuaia a la Quiaca” y vinieron aquí al patio con León Gieco. Marcela Morelo también quiere un bombo, hace poco le hice para Abel Pintos, para los chicos de Ojo de Brujo de España que también hacen rock. Tantas cosas…son cosas que te da la vida, yo nunca pensé que tendría contacto con tantas personalidades. Esto te da trabajar con este instrumento, pero una cosa es trabajarlo con amor y tratando de experimentar las cosas y no poner primero el dinero. Yo busco hacer cosas que se destaquen y que tengan vida. Para mí un bombo sin vida no sirve.
- ¿Qué países recorriste llevando este arte?
En el año 2000 y 2001 hice visitas por Europa. Empezamos desde Brasil, luego España, Bruselas, Luxemburgo, Holanda, Francia, Inglaterra, Suiza, Alemania, dictando talleres. En este momento tengo gente de Bruselas, que siempre vienen; ahora están observando como se hace el bombo y luego tendrán una clase de danzas para aprender a marcar el paso de la chacarera. Generalmente a estos contingentes cuando llegan a Argentina, los meten en un micro y los traen a Santiago. Al único lugar que vienen es al patio donde salen a caminar al río, conocen las plantas…
- ¿Cómo nació la idea de abrir este patio abierto para la gente?
- El patio tiene que ver con quien me enseñó a hacer los bombos, mi tío, porque él era músico y esto antes me acuerdo que los casamientos, cumpleaños, bautismos se hacían en las casas y la gente se ponía a bailar, se hacía con músicos. Puedo contar anécdotas: el que iba a comprar vino tenía traje y se iba en bicicletas con bolsas tejidas de los dos lados, no existía el Tetrabrick y rompían las botellas, se enredaban y los músicos tocaban de traje, sombrero a la mejor, tocaban mandolín, bandoneón y todos los domingos era en distintas casas. Más que chamamé se bailaban polcas, hacía furor la música del Litoral.
Y esas cosas quedaron truncadas cuando murió mi tío en el año ´69, que siempre encontraba un motivo; mi papá era Ramón Rosa, mi abuela Rosa y para Santa Rosa y San Ramón venían a darle serenata desde Huaico Hondo, casi desde cuatro kilómetros tocando la guitarra y con el viento se sentía desde lejos cuando venían tocando serenata y llegaban apara ayudar en las comidas.
Tengo un sobrino con síndrome de down y a él le festejamos aquí el cumpleaños, pero no con chicos sino con músicos. Esa época venía Raly (Barrionuevo), año 93, tocaban la guitarra, cantaban, cada año eran más. Venía Carlos Saavedra y me dice por el año ´96 “mirá como se juntan cada año, se van sumando más porque esto es lo que necesita la gente”. Y bueno, empezó con Carlos Saavedra todos los domingos y cada domingo teníamos más gente.

- Contanos acerca de la marcha de los bombos.
- La marcha es un triunfo para el pueblo de Santiago. Venir con esos problemas en donde no teníamos cultura, solo existía la política que tenía todo el apoyo. Con mucho tiempo de sometimiento, hacé de cuenta que se ha roto el corral y ha salido la gente, entonces puede disfrutar. Desde el año 2003 estamos disfrutando la cultura y por suerte podemos disfrutarla desde todos los ámbitos: la música, la literatura, la danza y el folclore y eso nos ha dado pie a nosotros. En ese año, como era el aniversario de Santiago, el gobierno pedía proyectos para celebrar durante todo el año el cumpleaños. Un día en casa, conversando con Mizo (Eduardo Mizoguchi), un amigo Freddy (García) que ya nos ha dejado y Tere (Castruonovo); estábamos por comer los cuatro y Eduardo dice que sería lindo presentar un proyecto: “¿y si hacemos una marcha de bombos?”, y le preguntamos ¿cuantos quería juntar? “450, al igual que la cantidad de años que cumple Santiago. Y esa fue la premisa. Eso fue en febrero, hicimos el proyecto, lo presentamos, lo hicimos andar de boca en boca y anotamos a la gente.
El sábado que iba a salir la marcha vino gente que quería acompañarnos. Helaba y a la mañana hicimos mate cocido para la gente que había pasado toda la noche. Tocaban los bombos y cantaban los gallos. A las 8.30 de la mañana comenzaba a llegar la gente como si viniera a adorar a un santo y así marchamos. Era gente de los barrios; en el camino encontramos gente a caballo, gente de poder adquisitivo que se acercaba a ver que era esto, a los 2 kilómetros ya nos encontramos con más bombos.
La gente se unificó y se comenzaron a juntar gente que tiene y que no. El golpe del bombo era como una descarga, un cable a tierra, uno golpeando a la par del otro. Te golpea el pecho y es una cosa increíble, que te produce una emoción que es imposible no terminar llorando, es maravilloso. Terminamos la primera marcha en la Plaza Libertad y homenajeamos a gente de los barrios. Es como tomar la plaza, apenas entramos, vimos la cantidad de gente, eso pasa todos los años. Pienso que desde la primera marcha dejó de ser nuestra para ser del pueblo.