El mundo cambió. Para la industria musical la aparición del mp3 fue una maldición. Para millones de usuarios y aficionados a la música es un milagro: uno de los cambios más revolucionarios, desde la aparición de la radio. Un mundo de música unido a través de un formato que permite multiplicar, compartir y difundir a los artistas, sin las reglas conocidas del mercado. Varios artistas –los peces gordos- inventan nuevas maneras de llegar a su público. Pasó con Radiohead, una de las bandas de rock más importantes del mundo, que se fue de su sello y subió su nuevo disco a la red de forma gratuita. El grupo dio la libertad a sus seguidores de bajarse las nuevas canciones de forma libre o ponerle el precio que quisieran al disco. Ese desafío molestó a la industria discográfica e incentivó a otros artistas a subir sus discos con este sistema.
Recientemente, de este lado del continente, Gilberto Gil dio su respaldo al sistema libre de descargas de discos subiendo los temas de su discografía a la red para ser escuchados por todo el planeta, y dio su apoyo explícito a licencias como Creative Commons o sitios como Youtube y MySpace. El Ministro de Cultura Brasileño ya había implementado en su país un programa de apoyo al Software Libre y La Música Libre, como alternativa para que los artistas del Brasil se pudieran dar a conocer en todo el mundo. “La cultura libre no conduce a una caída de las ventas. Contrariamente al miedo de ser devorados por las
máquinas, ahora estamos viendo que la revolución
digital ofrece posibilidades para convertir
nuestro mundo en algo más democrático”, dijo hace pocos días el artista en un forum mundial de tecnología en Barcelona.
En una entrevista reciente, otro artista brasileño de la nueva generación como Lenine decía: “No me preocupa que se bajen mis temas en mp3. Esa fue la forma que me hice conocido en toda Europa. La gente venía a mis conciertos para que les firmara las copias piratas. No estoy preocupado porque puedo ver en mis hijos que cuando les interesa un artista de verdad consiguen su disco y después se lo terminan comprando”.
En Argentina el proceso todavía es lento. Brasil es un buen ejemplo a seguir. Sin perder de vista la realidad del músico independiente, esta posibilidad de compartir música a través del mundo conectado por Internet es una forma democrática, accesible y rápida para que, sin intereses de por medio que traben la circulación de esos artistas, se difunda la valiosa música, que todavía permanece como un tesoro escondido en el interior del país.










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