
José “Chato” González nació en Humahuaca. Podría haber terminado como muchos de sus amigos, que emigraron a Buenos Aires para trabajar en otro oficio, pero siguió el camino de la música de su tierra. Su habilidad natural para aprender a tocar rápidamente los instrumentos de viento lo llevó a estudiar a los 17 años. Dos años después ganó un concurso como instrumentista y eso le permitió viajar a Europa. A su vuelta, todavía impactado por la experiencia de haber convivido con músicos de Asia, conoció al maestro Ricardo Vilca. Juntos le dieron forma al grupo Ricardo Vilca y sus Amigos, que ahora es parte de la historia humahuaqueña.
Con ese cuarteto instrumental grabaron cinco discos, con himnos como “Guanuqueando”; tocaron ante miles de personas en estadios multitudinarios y generaron un fenómeno de popularidad pocas veces visto en su región gracias a la originalidad de sus composiciones, que recreaban el pulso sosegado de la puna, el canto de los teros, la soledad de las salinas y la música de los misa chicos y las danzas ancestrales, con un sonido de cámara.
Tras la muerte del guitarrista y compositor, el “Chato” González se puso a terminar su primer disco solista, cajoneado durante años, llamado “No se acabe el carnaval”. En la línea del refinado trabajo instrumental que llevó adelante con Ricardo Vilca, el aerofonista logra un auspicioso álbum debut, como arreglador, compositor e intérprete de quince temas, donde se anima a cantar y desandar ritmos tradicionales como cuecas, zambas, taquiraris y bailecitos.

-¿Por qué tardaste tanto en sacar tu primer disco?
-Es un disco que me hubiera gustado editar hace diez años pero recién me animé a sacar algo solo. Todo este tiempo me dediqué a acompañar a Ricardo Vilca y dejé postergada esta parte. Son todas canciones que tenía acumuladitas hace un par de años y me decidí hacerlo porque esa era una parte de la idea cuando salimos con el grupo de Vilca y sus Amigos. La idea al principio era darle un empuje a Ricardo y después al resto de los integrantes. Este disco significa mucho porque lo hice solo y todos los temas tienen como en Vilca un origen y un motivo.
-¿Cuál es la temática del disco?-
Este es un disco basado en el amor y que yo lo traduje al tiempo de carnaval porque yo lo comparo con el diario vivir. La gente utiliza esa fecha para desahogarse, entonces por ahí uno esta sonriente para el otro porque lleva una mascara puesta y en el fondo está herido por un amor o la realidad. Y, también, el disco es un llamado a que no se acabe el antiguo carnaval, el originario, que coincide con la fecha de la abundancia de la alegría y la cosecha. No está grabado en un estudio profesional pero esta hecho con sentimiento. Por eso, me animo a cantar. Canto feo pero sentido (risas).
-¿La mayoría son ritmos tradicionales de la región?
-Es que quería aumentar el caudal de temas alegres porque no hay muchas composiciones nuevas en ese sentido. Por ahí se están tocando muchos temas de Bolivia, pero también creo que cada pueblo tiene identidad, tiene experiencias y tiene músicas para aportar y, por eso, quería hacer un aporte con la mirada local. También quería darle nuevo material a los grupos que tocan temas alegres en carnaval y, por suerte, ya hay muchos grupos que están haciendo mis takiraris, cuecas y bailecitos.
-Todos los temas son de tu autoría. ¿Esa idea de hacer tu aporte como compositor viene de esa experiencia en el grupo con Ricardo?
-Cuando empezamos con Ricardo esa era la idea. El había grabado un disco anterior pero no tenía mucho empuje. Yo como soy temperamental le decía: “Llueva o caiga piedra tu música tiene que surgir”. Estuvimos 18 años en la lucha para que se difunda su obra y eso por suerte ya está. Ahora me toca mostrar mi aporte como músico.
-¿De tocar en las fiestas a subir a los escenarios, cuando sentís que te convertiste en artista?
-Yo te digo la verdad, no me siento artista. Me considero un humahuaqueño que aprendí a tocar el instrumento y a través de ello expresarme. Y fijate que con Vilca nunca aspiramos a ser famosos en ningún sentido o vivir de la música plenamente. La profesión estuvo siempre en un segundo lugar, porque como bohemios tocábamos en todos lados. Para ser artista hay muchas cosas que dejás de lado y nosotros siempre fuimos músicos de pueblo, que nos llegó a escuchar gente de todos los géneros, desde los clásicos hasta los roqueros. Nosotros siempre hicimos música por amor a la cultura, al arte, por amor a uno mismo.
-¿En la quebrada tocar música forma parte de la vida cotidiana?
-Acá se toca todo el tiempo. En carnaval tocás, en Navidad tocás, en la quebrada no hace falta un escenario para tocar. Muchísimos como yo lo hacen.
-Ese espíritu se transmitía en Vilca y sus amigos.-
Esa era la base que había en el grupo. Cuando armamos los dos vientos, charango y la guitarra, era ese el pensamiento. Llegar a la gente de forma directa y olvidándote de otro intereses. Con Vilca hemos estado noches y noches tocando para dos personas o para cuatro y eso ha ido sumando, entonces la gente te conoce como persona, no en el escenario. Con Vilca no hemos estado aspirando a ser famosos. Me acuerdo que un momento venían a buscarlo de Buenos Aires y parece que algún productor se decepcionaba cuando lo veía, porque era medio cabizbajo y él les pedía que le invitaran un vinito (risas).
-¿Cómo fue el encuentro con Vilca?
-Yo recién volvía de Europa después de ganar el concurso. Ese regalo de la vida me llevo a conocer música de China, India y África, además de la música clásica. Venía con todas las pilas y con la mente abierta. Cuando voy a visitar a mi hermana Mecha en La Banda conozco a Ricardo. Compartimos un par de bifes, unos tintillos y me fue mostrando sus temitas. El decía que se sentía medio solo en la música y yo estaba entusiasmado con sus temas. Compartimos experiencias, nos quedábamos charlando, tocando algo hasta las tres de la mañana, o salíamos a mirar la luna con unos catalejos que él tenía. Entre música y experiencia empezamos a compartir y eso fue armando como una amistad. Música y amistad, ahí estaba toda la clave del grupo. Yo venia con la búsqueda de algo nuevo, mucha energía y el estaba como esperando alguien que tenga esa idea. En seis meses de machaditos dijimos: ¡“Hagamos un teatro” y se llenó! Así conquistamos Jujuy, de la noche a la mañana.
-De tocar para cuatro personas a estar frente a un estadio lleno ¿Como vivieron esa popularidad?
-Todo fue pasando con el tiempo. Me acuerdo que la primera vez que tocamos en Buenos Aires en el Teatro Santa María había unas 200 personas y para nosotros era un logro gigante. Fue muy emotivo estar ahí porque ese era un sueño muy distante para nosotros, porque en nuestro propio lugar nos decían que hacíamos música para muertos. Pero nosotros sabíamos que siembre en nuestros conciertos teníamos dos o tres personas llorando cuando terminaban los temas y eso te hace sentir muy bien. El tiempo, después fue armando las cosas como un árbol, fue creciendo, creciendo y creciendo.
-También pasó que Ricardo se transformó en una suerte de gurú musical
-Cuando uno va creciendo el entorno va cambiando. El mucho alabarte te hace daño y es una manera de envenenarte, entonces caes en el alcohol o en la droga… en algo caes. Lo que pasó con Ricardo es que le decían “Vos sos un Dios”, entonces se lo llevaban a chupar y no lo cuidaban. Entonces el físico se denigra y ahí esta la historia. A Vilca eso lo llevó a enfermarse.
-¿Pensás que su música fue reconocida?
-Creo que nadie es profeta en su tierra. Humahuaca estaba de pie el día que murió. Pero creo que la vida sigue y si alguien como Vilca murió físicamente espiritualmente hay que mantenerlo, es como una religión, como un pensamiento distinto. Ahora no se escucha casi nada de su música por acá, volvió a ser como antes.
-¿A pesar de eso cuál fue su importancia en la Quebrada?
-Creo que Vilca llevó la imagen del humahuaqueño y el jujeño, a un lugar muy alto. Antes éramos los coyitas que hacen música pero cuando aparece Vilca y sus Amigos sonando en serio a muchos les ha causado una impresión grande. Sus composiciones sonaban en el Teatro Colón, fue reconocido por la UNESCO, tocó en Madagascar y todo eso le dio un estatus a la música de acá. Eso compromete y ayuda a tomar en serio la música de la quebrada.
-¿Querés seguir haciendo la música de Vilca?
-Esa es la idea sino pasaba esta tragedia. Yo paralelamente estaba haciendo lo mío. Ahora al irse Vilca, cambian muchas cosas. La idea mía es hacer su música pero con coherencia. Su sonido es muy tranquilo y pacífico, basado en sentimientos profundos y uno tiene que actuar parecido a lo que toca. Cosa que nos cuesta porque los músicos que quedamos tenemos temperamentos distintos, otras cosas internas y va a costar encontrar la gente justa para seguir con este proyecto de Vilca. Con él había que compartir algo más que la música. La música es sólo un momento de la vida. Todo es un círculo. La música, la amistad y la vida tienen que entrejugarse.
-¿Qué nos dejó su música?
-En su caso el verbo escuchar era más que eso, había que practicarlo. Era un tipo que decía una palabra como un disparador. Entonces vos en tu mente si sabías captar la idea musical o la palabra podías tomar un vuelo increíble, pero sino por ahí te podía sonar algo vacío. El por ahí te decía: “llamita, llamita, llamita”… y si vos estabas muy perceptivo se te venía a la mente un paisaje de una llama y como vivía la gente en ese paisaje, como sufre el frío y, por ahí, con esa sola palabra vos internalizabas toda una idea y salían esas melodías de la puna. Pero si sos sordo, vas y vuelves como si nada. Para mucha gente era difícil entender ese mensaje musical, porque a través de escucharlo podías actuar para bien de otra gente. Era un compromiso difícil pero él te ayudaba a ver las cosas en serio.
-¿Como era?
-Era un hombre de palabras cortas, muy callado como en su música, donde cada toquecito te decía algo. El por ahí me decía: “No tiene que ser esa nota. En vez de una octava alta en la quena tenemos que hacer una nota más baja para que de una sensación de tranquilidad o si es más de euforia tenemos que golpear los instrumentos y hacer rasguidos más fuertes”. Buscábamos recursos dentro de la música para llegar al mensaje exacto.
-¿Como surgió el arreglo de “El último tren” que se transformó en un caballito de batalla del grupo?
- Por un lado Vilca tenía esa historia que su papá había sido ferroviario. Entonces todo eso era como se le va haciendo una pelota adentro que el después sacar a relucir en una música. Para mí era fácil. Si hablas del tren hay que empezar así y ya esta. El tema estaba casi listo pero faltaba ese sonidito que puse en el momento adecuado y gusta mucho, es como una fantasía musical. Una vez entre músicos se jugaron apuestas de cómo respiraba. A mi me causaba gracia. Es algo simple. Yo me imagine el tren e imite eso, esa es toda la ciencia.
-¿Y cuál era el secreto de la música de Vilca?
-Su música tenía mucho misterio. Era como con los catadores de vino, en una sola gotita podés detectar un montón de cosas. En él con tres notas ya podías sentir lo que quería transmitir. Siempre había un acorde simple, no buscaba enredar la música o hacer algo que impresionara. En realidad lo que te llega al alma es lo más simple. Es a la inversa de lo que piensan muchos músicos que buscan algo sofisticado y se hace tan complejo que no se expresa. Vilca era al revés, hacia lo más simple y con dos notas apenitas que ni sonaban sentías que la oreja se te estiraba un montón. Ahí estaba el secreto de su música.


Mucha suerte josecito!
Es un musico increible, hace magia con esos vientos, tuve oportunidades de verlo y escucharlo muchas veces junto a Ricardo. Una energia maravillosa.
Adelante Chato!!!!!!!!!!
Saludos desde buenos aires.
“chato” gonzales, se nota en vos y en todo el cuarteto un total respeto por el legado de ricardo vilca, la noche de enero que pasamos en “el caminante” de humahuaca(cumpleaños del bajista) fué mágica, y eso solo lo logran los artistas, gracias por lo que nos dejaron y por dejarnos meternos en vuestro mundo
Un abrazo fraternal
Eduardo de La Plata.
hola quiero aprender a tocar quenas encontre esta pagina x no se como consegir material les agradezco respuesta….
Estimado tuve el agrado de conocerlo en Tucumán junto al Maestro Vilca. Nos presento un compronvinciano suyo El Querido Pancho Aban.
Los mas exitosos mumentos para su vida y para su musica es mi prufundo deseo.