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Entrevista a Liliana Herrero

Liliana Herrero

Conoció al Cuchi Leguizamón, cantó con Hermeto Pascoal, encontró hermanos musicales en el camino como Fito Páez (su padrino artístico) y Juan Falú, y hasta Mercedes Sosa la nombró su sucesora. Oriunda de Villaguay (Entre Ríos), Liliana Herrero es, sin duda, una de las grandes intérpretes populares de nuestro país. Con su voz aguardentosa, como un grito de piedra, creo un estilo muy particular, donde pensamiento y música se funden en un discurso estético original y de ruptura. Es profesora de filosofía y vivió muchos años en Rosario lo que la vinculó con otras experiencias musicales. A lo largo de veinte años de trayectoria se dedicó a revalorizar y desenterrar gemas olvidadas del folklore argentino, clásicos del repertorio de América Latina y hasta himnos del rock como “Mañana en el Abasto” de Sumo. Hace dos años realizó un disco doble dedicado a su región llamado “Litoral”, donde convocó a músicos de Argentina, Brasil y Uruguay. Nos encontramos con ella en Buenos Aires, donde hicimos un recorrido por su carrera, sus pensamientos y vivencias, en una charla exclusiva para Argentina Folclore.

- Comencemos haciendo un repaso de su carrera

-Yo comencé a cantar profesionalmente, digamos, no hace mucho tiempo. Este año van a ser veinte años que grabé mi primer disco, en realidad, mi primer disco llamado “Liliana Herrero” se editó en julio del año ochenta y siete, o sea, que ahora se hacen veinte años de eso. Tal vez yo empecé cantando un poquito antes, año ochenta y cinco, por ahí, con la normalización democrática del país. Cantar, canté siempre. Profesionalmente, diría que es el momento de iniciación pero, de todas maneras, canté mucho en mi pueblo; cuando era chica estudiaba y tocaba el piano en Villaguay (Entre Ríos) y también en los años sesenta y setenta en Rosario, que no eran años de profesionalización, sino más bien de la música entendida como un combate.

- ¿Qué momento cree que atraviesa nuestra música popular?

– La música popular siempre está en un buen momento. Hay momentos de mayor creatividad que otros, o por lo menos que se difunden ciertas cosas más que en otros momentos. Si yo pienso en duplas como Falú-Dávalos, Leguizamón-Castilla, si pienso en Oscar Matus, pienso en un nuevo cancionero, en fin, no estoy hablando exclusivamente de folklore en este caso, porque por música popular no entiendo solamente el folklore. Yo creo que basta con ir alerta y atento hacia el interior y hacia la misma ciudad de Buenos Aires y el interior de la provincia de Buenos Aires. Uno se encuentra con un conjunto de músicos de distintos géneros muy interesantes. Y después los que a mí me parecen y me seguirán pareciendo interesantes siempre: Lilian Saba sigue tocando, Juan Quinteros, Coqui Ortiz en el Chaco, para poner solamente algunos nombres, Los Copla, Raly. Son músicos por los que yo siento una profunda admiración. Digamos, mas allá de que me guste la música que cada uno hace, son músicos que insisten con una estética y con una conducta ética que yo me saco el sombrero ante ellos, yo ante eso no tengo nada que decir. Al contrario, es un espejo en el cual a mí me gusta mirarme, porque mi vida también ha sido eso.

- ¿Y que está viviendo usted como artista?

-Edité el último disco en octubre de 2005, para mí uno de los discos más importantes que hice, una obra muy conceptual, muy concreta, muy pensada. Trabajé durante dos años con ese disco doble que fue “Litoral”. Uno se llama “Paraná” y el otro “Uruguay”, pensando en ese largo abrazo de agua que nombra a esta tierra. Incorporé músicos del sur de Brasil, Uruguay, entonces no hice un MERCOSUR sino un Merco Son, como dice Hermeto Pascoal, que era lo que me interesaba a mí. Luego de esa obra yo quedé yerma, casi sin ideas. Porque fue una obra muy poderosa. Recién hace un año y medio que ese disco salió. Es un disco doble, o sea que es como si hubiese hecho dos discos. Recién ahora estoy comenzando a hacer pequeños demos, maquetas, empezando a pensar un nuevo disco. Seguramente lo grabaré a fin de año y estará saliendo a principios del año que viene. Es muy raro que yo edite un disco en verano. El verano es un patrimonio casi exclusivo de los festivales y del mercado. Quiero decir que no es un buen momento para sacar discos de la índole que yo hago, no porque necesariamente el verano sea así, pero el verano está capturado muy fuertemente por los festivales. Entonces yo quedo afuera un poco de ese circuito, absolutamente afuera.

- ¿Tiene alguna cuenta pendiente con la música?

- Yo no tengo cuentas pendientes con la música, pero no porque no las haya, sino porque como sigo buscando y buscando…. “Maldita santa felicidad”, como me dice Fito (Páez) en una canción a mí, que me dedicó y me regaló cuando cumplí cincuenta años. La búsqueda te impide pensar que hay algo que quisieras hacer y que no. Porque yo sé que mi búsqueda cesará cuando cese mi vida. No cesará jamás como deseo de hacer algo, seguramente seguiré haciendo aquellas cosas que se me ocurran, algunas cosas las logro y otras no. He tenido sueños muy divertidos y muy lindos que los he concretado: cantar con Hermeto Pascoal, que es divertidísimo y con quien he disfrutado mucho cantando; con tantos otros brasileros; con Fito, que estamos siempre juntos; y con músicos del folklore que adoro. También me gustaría cantar con otros músicos, pero estoy segura que si yo me lo propongo lo voy a hacer. De hecho, en algún momento haremos un concierto con el Raly (Barrionuevo), es un músico que hace una música totalmente coherente con su pensamiento y tal vez sería muy diferente a lo que yo hago. Sin embargo, a mí me encantaría subirme al escenario con él, porque son experiencias musicales muy distintas y ese tipo de encuentros siempre dan sus frutos y aparece una cosa nueva muy interesante para todos los que participan.

- ¿Qué siente cuando la prensa la considera una referente para los jóvenes?

- Me da un poco de impresión (risas). Me parece una responsabilidad muy grande porque yo soy una mujer llena de dudas, de angustias; no tengo la bola de cristal. La música es apasionamiento y es angustia, esos son dos sentimientos que nunca se me van a ir. Por ahí, se entiende que ser un referente para los jóvenes es alguien que está clarísimo en lo que está haciendo. Yo siempre tengo dudas, siempre me atemorizo, me angustio y al mismo tiempo me río y disfruto y me lanzo a un concierto sin ningún ensayo, por ejemplo. Y eso para mí es maravilloso. Eso es contradictorio con tener miedo, sin embargo lo hago. Yo creo que los conciertos más lindos que he hecho en mi vida son los que compartí con Juan Falú que es mi querido hermano y compañero.

-¿Qué nos podría contar sobre sus vivencias con Juan Falú?

-Tocar con Juan Falú para mí fue una experiencia maravillosa, por muchos motivos. Primero, porque aprendo un vagón con semejante guitarrista y con semejante músico y compositor. Segundo, porque es un hermano. Es como Fito, con alguien con quien yo estoy muy feliz, me siento acompañada y siento que me puedo juntar a tomar un vino y conversar largo y tendido sobre nuestras vidas. Somos de la misma generación, los dos vamos a cumplir sesenta años el año que viene. Y la experiencia de tocar con Juan es tan bonita porque nosotros armamos los discos, los grabamos y después hicimos los conciertos, pero nunca más nos juntamos para ensayar. Entonces, ese vértigo que te da ni siquiera recordar como es el tema cuando lo grabaste es muy lindo. La verdad que con Juan deberían haberse grabado cada uno de los conciertos que hicimos porque cada versión fue distinta. Y también es lindo por el hecho que, muchas veces, nosotros hacemos conciertos pero con guitarreada después. Ahí nos juntamos con amigos, tomamos vino y seguimos cantando.

-¿Como fue su experiencia de interpretar la música del Cuchi?

-La música para mí es un mundo de angustia, apasionamiento y entrega absoluta. En un concierto de una hora y media uno tiene esos diez minutos de olvido de todo y de entrega absoluta y eso es como encontrarse con el cielo. Y uno está siempre entre el cielo y el infierno; así es la vida de las personas y así es la música. Yo siempre tenía esa sensación cuando lo escuchaba al Cuchi (Leguizamón). Con el Cuchi hemos sido grandes amigos. Él iba a mi casa, en Rosario, cocinaba y tocaba el piano y yo sentía siempre que estar con él era eso. Era como tocar el cielo con las manos y al mismo tiempo él era un diablo, y esa carcajada que siempre sostenía, esa ironía sobre el mundo me hicieron aprender muchas cosas.

- ¿Que sintió cuando Mercedes Sosa la nombró como su sucesora?

- Mercedes Sosa vive declarando que yo soy su heredera, pero para mí es al revés. Yo diría que ella me estará siempre esperando en el futuro con su voz, esté presente físicamente o no, para que yo siga abrevando en ese color, ese fraseo y ese modo de cantar maravilloso. Eso me da mucha responsabilidad porque ella es “la voz argentina”. Si se pudiera hacer una historia de la voz de la música popular argentina, habría que hacer una historia desde Gardel hasta Mercedes Sosa. Me parece que ahí hay un arco maravilloso de voces: Margarita Palacios, Suma Paz, tantas que fueron y que son mujeres maravillosas. Hombres y mujeres que cantaron y nos enseñaron mucho. Particularmente, Mercedes Sosa fue un referente para mí. Yo la imité durante mucho tiempo, sin duda. Uno siempre imita a quien admira, un tiempo hasta que va amasando en el correr del tiempo un estilo propio, que a su vez siempre se renueva. La vida es eso, es un vaso de vino que se termina y se llena de nuevo y así una vez y otra, hasta que cesa la vida.

- ¿Qué mensaje transmitiría desde su experiencia a los nuevos artistas?

- A mi me cuesta dar mensajes, porque lo único que sé es que la música es una búsqueda incesante, que hay que reír y llorar con ella, fracasar y triunfar, tomando muy entre comillas los dos conceptos, porque el concepto de triunfo que yo uso no es el concepto de la televisión. A mí, el concepto de lo popular que tiene la televisión al que adhieren muchos festivales, no me interesa. No adhiero a ese concepto de lo popular, para nada. El concepto de lo popular que a mí me interesa es el de la memoria de lucha que tienen los pueblos, de los combates dormidos, de los actos creativos colectivos, la inventiva, la imaginación, ese es el concepto de popular que a mí me interesa. Siento que la música es un conjunto de experiencias con las que uno retrocede, avanza dos pasos, vuelve a retroceder, rebobina, vuelve al grado cero, intenta de nuevo, eso es la música. No hay muchas fórmulas más.

- ¿Cuál sería la fórmula?

-Me parece que hay que estudiar, que la espontaneidad tiene un techo y para estudiar hay que escuchar y leer a los grandes poetas argentinos y del mundo. Hay que escuchar las músicas del mundo, de este continente y de este país. Yo pienso como el Cuchi y una vez conversando con él pensábamos: ¿Cómo se puede hacer música sin haber escuchado alguna vez a Schuman? Se puede hacer música sin haberlo escuchado a Schumann, pero si se lo ha escuchado, mejor. Y yo pienso: ¿Cómo se puede hacer música sin haber escuchado alguna vez al Cuchi? Nosotros que estamos en la periferia del mundo, tenemos esa ventaja, conocemos a Schumann y al Cuchi Leguizamón. Los europeos, solo conocen a Schumann y no conocen al Cuchi Leguizamón. Así que, saquémosle una ventaja al hecho de ser países pobres, periféricos y tercermundistas, como se dice habitualmente, aunque esa categoría ya este un poco vieja.

- ¿ Piensa que Buenos Aires es el centro de las posibilidades?

- Creerse que Buenos Aires, esa capital tremenda, expresa lo que ocurre en el país es una mirada muy precaria y muy triste de la Argentina. Si bien, acá se desarrollan grandes acontecimientos culturales, también en algún lugar alejado se puede escuchar buena música y leer grandes libros, que hace mucha falta para poder pensar algo sobre el arte. Porque pensar la música y pensar el arte es pensar el país también. Yo lo daría como un consejo porque a mi me ha servido mucho. Uno no puede creer que hace música porque sí: para entretener, para encantar, para seducir a alguien, transmitirle algo a alguien, tal vez menos para enseñar. Pero uno hace música también porque, de algún modo, uno encarna un pensamiento sobre el país. La voz, cuando canta piensa un territorio, una cultura, una geografía. Entonces no se puede cantar como si uno no perteneciera a ningún lugar, por eso a mí, el concepto de la World Music no me interesa para nada. Porque las memorias de los pueblos son muy peculiares, son particulares, muy propias. Están en continuo diálogo con la cultura universal; pero hay un territorio, hay fronteras. Hay que poner en diálogo esas fronteras, pero no hay una idea de destrucción de las fronteras, como si la hay en la World Music, que es una música que intenta ser étnica, pero no se sabe de donde es. Yo quiero que una música me cuente las memorias que trae consigo ese pueblo y muchas veces eso no tiene la presencia que yo muchas veces necesito que la música tenga. El concepto World Music no me gusta porque es un concepto globalizador, muy de moda, sin duda y sobre todo en los noventa. No me ayuda a pensar lo que somos, quiénes somos, qué queremos decir cuando decimos Argentina. Yo no tengo la respuesta, pero hago música para poder contestar esa respuesta, para poder ir pensando cada vez que me subo a un escenario ¿Qué quiere decir Argentina?

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2 Respuestas para “Entrevista a Liliana Herrero”


  1. Gravatar Icon 1 leonardo arias iraola Dic 27th, 2008 at 12:12 pm

    Maravillosa mujer,la descubri recien ahora maravillosa por su vos, por sus palabras,sus ideas tan realista como la vida misma.
    Me apena no haberla conocido antes pero hace 10 años que falto de mi pais y apesar de tanto dolor y sufrimiento ella es para mi la latente vida que vuelve y se renueva sin importar la edad la frescura esta en el corazónn ,esta en el alma .
    Gracias liliana por estar.

  2. Gravatar Icon 2 Rodolfo Duran Jun 5th, 2010 at 1:27 pm

    Liliana Herrero, una gran cantante, muy buena persona, y muy inteligente, sos lo maximo. Rodolfo Durán.

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