Con mucha alegría recibí la noticia sobre el “mapa al revés” —elaborado por la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM) de Santiago, en conjunto con el Instituto Geográfico Militar de Chile y el senador Carlos Cantero—, quienes el jueves 10 de mayo recién pasado se lo entregaron a la Ministra de Educación, Yasna Provoste, como parte del Seminario “En globalización: Chile una nueva mirada”, realizado en el salón Ercilla de la Biblioteca Nacional. El propósito es empezar a difundirlo en los liceos y colegios del país (ver prensa del viernes 11, Santiago de Chile).
Cabe señalar que, en el contexto internacional, la idea original data de hace más de 70 años atrás, cuando al artista uruguayo Joaquín Torres García, en febrero de 1935 hizo referencia a ello en su conferencia “Escuela del Sur”. Ya en esa ocasión sostuvo: “He dicho Escuela del Sur; porque en realidad, nuestro norte es el sur”. Posteriormente, el año 1943 realizó un dibujo donde invirtió el mapa y ubicó a Sudamérica con su cono Sur hacia arriba (ver figura adjunta).
Años después, en varios países del hemisferio Sur (Nueva Zelanda y Australia, entre otros), se empezó a plantear esta misma idea (buscar en Google con palabras “mapa al revés”). Y en Chile, por cierto, hay muchas personas que desde hace un buen tiempo atrás vienen pensando en algo similar. Por ejemplo en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso, a través de su proyecto “Amereida”, incluyen imagen de América del Sur hacia arriba, como parte de su filosofía y visión de mundo (visitar: www.amereida.ucv.cl). Personalmente lo he hecho desde el año 1994, primero en la Sala América de la Biblioteca Nacional, en una ceremonia especial en homenaje a Margot Loyola, a propósito de su Premio Nacional, donde a sala llena —frente a artistas, autoridades, intelectuales, periodistas y público en general—, como parte de mi discurso invertí el globo terráqueo y puse el “Sur” hacia arriba. Y ese mismo año ofrecí una charla en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile —dirigida a estudiantes, ingenieros y académicos— donde también mostré el planeta con el cono Sur hacia arriba. Posteriormente lo he hecho en diferentes lugares, en especial en el curso “Chile, los chilenos y su cultura” que ofrezco semestralmente en la Universidad de Chile, a estudiantes chilenos y extranjeros. Por otra parte, el año 2002 por primera vez lo planteé en el extranjero, a algunas personas en la ciudad de Londres, Inglaterra y, el año 2005, en un seminario de gestión cultural realizado en Córdoba, Argentina.
Sin lugar a dudas que esto constituye una propuesta de suma trascendencia y proyección para el siglo XXI, por cuanto tiene relación con cambiar la mentalidad no sólo de Chile —que sería un chovinismo—, sino de todos los países que pertenecen al hemisferio Sur, dando lugar al inicio de una “cultura del Sur”. En tal sentido, ya no se trata de decir que nuestro norte es el sur, pues dicho juego de palabras sigue siendo “norcentrista”. No, de ahora en adelante se trata de preguntarnos, directamente, ¿cuál es tu Sur? en tu vida (en tu ciudad…, en tu país). Y por lo mismo, el concepto del “mapa al revés” también es equívoco, pues tácitamente está revindi-cando al norte como centro. No, para nosotros el mapa estuvo al revés durante 500 años y recién ahora nos estamos atreviendo a ponerlo en su posición correcta (y ¡no al revés!).
Hay que dejar muy en claro, sin embargo, que en el contexto del siglo XXI y de la globalización, el giro visual y mental de nuestro mapa ya no corresponde interpretarlo como una actitud confrontacional con el mundo del Norte —asociado a una suerte de nuevo “muro” polarizador— ni mucho menos, pues eso sería anacrónico y retrógrado, propio de la mentalidad que imperó durante la guerra fría. No, ahora se trata de superar la añeja lógica vertical de los poderes y establecer una relación más horizontal, donde todos los países podamos erguir nuestras cabezas con igual dignidad, y —sin complejos ni de inferioridad ni de superioridad— seamos capaces de establecer relaciones ya no de dependencia, sino de interdependencia, reciprocidad y respeto mutuo entre los países.
Y para el caso particular de Chile y Argentina, no hay que olvidarse que —hasta donde se sabe— los primeros europeos que tomaron contacto con este territorio fueron Hernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano, el año 1520, cuando cruzaron por aquel estrecho, hoy conocido como el “Estrecho de Magallanes”. Así, parte de la historia del Chile y Argentina actuales se empezó a tejer desde el extremo Sur: allí está una parte de nuestro origen; allí está el “rumbo Sur” que tiene que guiar nuestros pasos en el siglo XXI. Esas pueden ser nuestras nuevas motivaciones. Efectivamente se trata de “un nuevo mapa”, orientado en su justa y correcta posición, imprescindible para generar una nueva mentalidad, cultura y cosmovisión del Sur que, junto con significar un aporte para el “Norte”, nos ayudará a desarrollar una conciencia y “cultura del mar” (en el Sur hay más agua que tierra), además de fortalecer las alianzas y tratados entre los “países del Sur”, formando verdaderos anillos cuya mirada converja hacia la Antártica, siendo ella una “cúpula blanca” que ilumine nuestro futuro y motive nuestras acciones. Así, el peso del “hemisferio Norte” que cargamos durante siglos ya es una barrera del pasado, quedando ahora abierto el camino para desarrollar nuestra “cultura del Sur”. Y en tal sentido, el futuro nuevamente nos llama a aprender de nuestro pasado, toda vez que en Chile existieron los Huilliches, o “gente del sur”, de quienes ahora más que nunca tenemos mucho que aprender.
Sobre este y otros temas escribí un libro entre los años 1998 y 1999, que ahora he actualizado y espero poder publicar antes de fin de año. En él dedico varios capítulos a una “cultura y cosmovisión del Sur” donde, por cierto, se incluyen mapas con nuestro “Sur” hacia arriba, que es lo que corresponde a la gente del Sur.










0 Respuestas para “Por una Cultura del Sur para el siglo XXI.”